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viernes, 29 de julio de 2011

"Batman: Gates of Gotham" #3

Justo cuando pensábamos que ya ningún autor nos podría sorprender luego de todo lo que Morrison viene haciendo desde hace cinco años en el Bativerso, Scott Snyder, Kyle Higgins y Trevor McCarthy nos ofrecen una de las mejores performance artísticas y narrativas de los últimos años, desplegando todo su talento en este número al que todos esperábamos como un simple puente narrativo entre el comienzo y el desenlace final de "Batman: Gates of Gotham".

Como ya es usual en la serie, comenzamos presenciando una secuencia en el pasado protagonizada por los hermanos Anders, narrando un pasaje específico de su vida en la ciudad. En este caso presenciamos los logros que van acumulando con el paso de los años y el incremento de su notoriedad debido a su destacada labor arquitectónica. Pero claro, lo bueno dura poco en una ciudad tan retorcida como Gotham y rápidamente la tragedia se abre paso en sus vidas provocando la muerte de Bradley Anders durante la edificación del Puente Kane, mandado a construir por ordenes de Alan Wayne con el objetivo de expandir el territorio de su ciudad uniéndolo con el condado Kane. A partir de aquí, las cosas comenzaron a complicarse realmente para las familias fundadoras, pues este proyecto marcó, en cierta forma, el inicio de una especie de rivalidad política y económica entre ellos. Nicholas Anders les había dado todo para construir la ciudad que estos visionarios habían soñado, y ellos terminaron quitándole lo que él más quería: a su hermano. Esto definitivamente no puede terminar con un final feliz para ninguno de ellos, ¿no creen?

Y al igual que hace un siglo atrás, la Gotham del presente se encuentra más convulsionada que nunca. Dos días atrás alguien voló por los aires tres puentes colgantes coronados con los nombres de los Wayne, Elliot y Cobblepot. Posteriormente Hush fue raptado del Arkham Asylum por un misterioso sujeto para ser utilizado como una distracción, evitando así que Batman y compañía frenaran la destrucción de la Torre Wayne y el Iceberg Lounge, propiedades a nombre de Bruce y del Penguin que fueran construidas por los hermanos Anders poco antes de poner el marcha el proyecto Kane.

Gracias a las grabaciones del momento en que Tommy Elliot fuera secuestrado, Tim Drake logró descubrir que el misterioso sujeto que irrumpiera allí portaba un traje especial diseñado por los Anders comúnmente utilizado por los obreros de la construcción durante el 1800 para protegerse durante la realización de cimientos edilicios bajo el agua. De todos los trajes fabricados, solo había un ejemplar en la actualidad y fue robado meses atrás de la casa de Dillon May, un coleccionista que trabajara para la Comisión de Planificación de la ciudad. Con esta nueva data entre manos, Tim y Damian se dirigieron a la casa de May para tratar de averiguar algo, mientras que Dick y Cassandra fueron hasta el Herald, periódico fundado por la familia de Hush, con el objetivo de descubrir el próximo blanco de The Architect, que es ni más ni menos que el puente colgante bautizado con el apellido de la madre de Bruce.

Sin muchos más sucesos destacables, el número finaliza con Robin y Red Robin cara a cara con The Architect, Batman y Black Bat dirigiéndose hacia el Puente Kane y, a fines del Siglo XIX, Bradley Anders muriendo ahogado durante la construcción de dicho puente.

Teniendo en cuenta la información provista por los flash-backs hacia los comienzos de Gotham debo decir que mis teorías sobre la posible identidad de The Architect quedan prácticamente anuladas, pues ya no le veo tanta cabida a la familia Pinkney en esta historia. Por el contrario, con la muerte de Bradley Anders y Nicholas culpando a las familias fundadoras por ello, creo que todo esto se trata de una especie de venganza centenaria. Ellos destruyeron su vida y la de su hermano, él destruirá su futuro y su legado.

Sea como sea, dejando un poco de lado mis típicos divagues y teorías, creo que lo que verdaderamente vale la pena destacar aquí es el gran trabajo conjunto de Snyder y Higgins, pues si bien el ritmo narrativo decae un poco durante estas veintipico de páginas, la historia continúa manteniendo el mismo ritmo y la misma espectacularidad con que comenzara. Gran parte de la excelente calidad de este título también se debe a la magnífica labor de Trevor McCarthy, cuyos lápices han mejorado considerablemente con el paso de los meses. Personalmente, una de las cosas que más disfruto de este artista aparte de sus trazos sumamente detallistas es su llamativa composición de página y sobre todo sus viñetas decoradas con ribetes góticos y románticos durante las secuencias en el pasado.

En definitiva no hay mucho más para decir sobre este cómic, salvo reafirmar una vez más mi gusto por el gran trabajo que esta llevando adelante este gran trío artístico. Con el terreno ya preparado para el infartante desenlace de uno de los mejores relatos Batmaníacas no-Morrisoneanos de los últimos años, lo único que queda por hacer ahora es esperar hasta la semana que viene para el penúltimo capítulo de la mini-serie, que sin dudas será genial.

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