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viernes, 23 de mayo de 2014

Reseña: "Batman: Eternal" #7

A esta altura del partido, el equipo de guionistas a cargo ya presentó a casi todos los protagonistas y las tramas de la historia, de modo tal que las cosas ya se están encaminando hacia el inicio de múltiples arcos argumentales que permitirán el desarrollo puntual de ciertos asuntos, pero en esta entrega nos toca presenciar un nuevo capítulo en la Guerra de Pandillas que, en mi opinión, fue lo mejor que nos ha dejado la saga luego de siete semanas de vida. Sin más preámbulos, pasaremos a los spoilers y el análisis del número en cuestión. Como siempre suelo decirles, si siguen leyendo el artículo, que sea bajo su propia responsabilidad.

Retomamos el final del episodio previo y vemos a Batman rescatando al conductor del camión destruído. Luego de colocar el Batmobile en piloto automático para que sea llevado a un hospital, nuestro héroe se monta en su Batpod y va en busca del Professor Pyg, cuyo escondite también había sufrido un ataque reciente.

Por su parte, Oswald Cobblepot a.k.a. Penguin se da cuenta que alguien se ha infiltrado en el Iceberg Casino y pronto descubre que se trata de Catwoman, que había llegado al lugar en busca de respuestas sobre la desaparición de varias personas ligadas al Gotham Underground, desencadenando un violento enfrentamiento.

Mientras tanto, Carmine Falcone prepara su próxima jugada en compañía de sus dos nuevos asociados: Roadrunner y Tiger Shark II, dos villanos creados por Scott Snyder que aparecieron por primera vez en "Detective Comics" v1 #876 y "Detective Comics" v1 #878 respectivamente. ¿El plan? Colocar bombas bajo el Casino del Penguin para acabar con su fortuna y su legado. En otra parte de la ciudad, Batman se enfrenta mano a mano contra un interminable ejército de Dollotrons, tratando de llegar hacia Pyg, que se encontraba sumamente furioso por la destrucción de su trabajo.

Volvemos a la pelea entre Selina y Penguin, quien confiesa no tener relación alguna con dichas desapariciones y dice haberse aliado con el Dr. Phosphorus, en un intento por combatir un misterioso y terrorífico mal que andaba dando vueltas bajo las calles de Gotham. Penguin dice además que la edad de oro de la mafia había terminado gracias a él y que con ello se evitaron muchas muertes inocentes. Es más, asegura que fue el salvador de la ciudad y que eso, junto con su Casino, es su legado. Catwoman entonces lo libera justo a tiempo ser impactados por los explosivos plantados allí previamente.

El Iceberg Casino comienza a hundirse con villanos y concurrentes en su interior, que intentan salvarse desesperadamente. Alfred le informa sobre la situación a Batman, que trata de razonar con Pyg diciéndole que había sido usado como una mera distracción por Falcone, ante lo cual Pyg se quiebra y baja la guardia. Batman lo deja fuera de juego rápidamente y listo para que la policía lo capture, pero el Comisionado Forbes luego lo deja escapar ya que, le recuerda a sus hombres, no trabajan más con los Encapotados y, en cambio, ahora el plan es acabar con todos y cada uno de ellos.

Catwoman trata de salvar a la mayor cantidad de gente posible, incluído el Penguin, mientras que el Casino y todo lo que había en él queda bajo las profundidades del río de Gotham. Cuando Batman se hace presente, la situación ya ha sido controlada y múltiples ambulancias atienden a las víctimas, muchas de ellas aún con vida gracias a Selina, cosa que Bruce la agradece. A pocos metros, Cobblepot contempla devastado los restos flotantes de su negocio.

Al otro día, Roadrunner trata de concretar una venta en su concesionario de autos cuando, de pronto, el lugar vuela por los cielos por obra de Pyg, que no solo se venga de su colega por traicionarlo con Falcone, sino que además se prepara para causar estragos en toda la ciudad, dando pie al cierre de este número.

Como dije, esta fue la entrega que más me gustó hasta ahora. Hubo algún que otro diálogo un tanto insulto y el tema de las explosiones llegó a ser confuso y tedioso, pero en general hubo varias cosas que me agradaron del guión de Tim Seeley. Antes que nada, debo remarcar y celebrar el regreso a lo grande del Professor Pyg y sus Dollotrons, a quienes no veíamos como verdaderos protagonistas de una historia desde que Grant Morrison concluyera su run en el primer volumen de "Batman and Robin". Y esto no es todo, ya que además Seeley logra una caracterización más que acertada para el personaje, cosa que ningún otro guionista había conseguido durante sus distintas apariciones desde el comienzo de los New 52.

Otra cosa que también vale la pena destacar es la sensación de empatía que al menos yo sentí hacia Pyg y especialmente Penguin, que en cierto modo realmente contribuyó a la caída de Falcone años atrás y, por ende, a una cierta mejora en la calidad de vida de los gothamitas. Ver su imperio destruído y verlo como una víctima más realmente me hizo ponerme de su lado, cosa que no pasa a menudo y es, nuevamente, un gran logro por parte del mentado escritor.

El breve acercamiento entre Batman y Catwoman también estuvo interesante. No fue nada del otro mundo ni podemos sacar nada sobresaliente del mismo, pero sabiendo como terminarán estos dos en el futuro próximo, siempre es llamativo volver a verlos como aliados y, sobre todo, tratar de descubrir cual fue el verdadero motivo que causó tanto rencor y odio entre ellos. Claro que antes de pasar al próximo párrafo no puedo dejar de mencionar el guiño a "The Dark Knight" con el Batmobile/Batpod, un gran detalle tanto de parte de los guionistas como el dibujante implicado.

Hablando de dibujante, esta vez el apartado gráfico fue realizado por un amigo de la casa. Me refiero a Emanuel Simeoni, a quien ya vimos previamente en "Talon". Más allá de algunas expresiones o posiciones algo extrañas en ciertos personajes, el trabajo del arista italiano fue excepcional y le aportó una buena cuota de frescura a esta serie semanal, deleitándonos con un estilo sumamente distintivo a comparación de lo que ya estamos acostumbrados a ver por parte de otros artistas como Fabok, Nguyen, Clarke o McCarthy.

Por mi parte está todo dicho, así que procedo a despedirme. Ahora me gustaría conocer sus opiniones sobre este número y sus expectativas para el futuro de "Batman: Eternal" que, lento pero seguro, mantiene un camino definido y por demás de atrapante.

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