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viernes, 4 de julio de 2014

Reseña: "Batman: Eternal" #11

Las relaciones padre e hijo nunca son simples, todos lo sabemos. Ser hijo es complicado, ser padre lo es aún más y en cierta forma este es el motor principal detrás de esta nueva entrega de la serie, cortesía del guionista Tim Seeley. En esta ocasión, las grandes protagonistas son Batgirl, Julia Pennyworth, Stephanie Brown y Catwoman, todas ellas con particulares problemas paternales. Pero como diría Jack el Destripador, vayamos por partes. ¿Se acuerdan cuando, en la vieja continuidad del DCU, se especulaba que el Dr. Hurt pudo haber sido el famoso asesino inglés? Ah, que buenos tiempos. Cómo se extraña al Batman de Morrison... En fin, sea como sea, a continuación habrá spoilers así que tengan cuidado.

El número comienza en el Cementerio de Gotham, donde una misteriosa figura femenina abre una carta frente a una tumba no identificada. De allí retomamos los hechos de "Batman: Eternal" #4 y vemos a Batichica en Brasil, combatiendo a Scorpiana e intentando atrapar a Gonzolo Dominguez, un actor de telenovelas aparentemente involucrado con el narcotrágico y también con el complot que puso al ahora ex-Comisionado Gordon en Blackgate.

Volvemos a Gótica, más precisamente a la Mansión Wayne, y nos encontramos con Julia tratando de irse de la propiedad para regresar al campo de batalla, cosa a la que Alfred se niega rotundamente ya que su hija claramente no está en condiciones de tal cosa. Es así que trata de detenerla, pero ésta no solo se niega sino que, nuevamente, muestra un gran desprecio hacia él. Aún así, la partida de la joven se ve frustrada cuando su herida comienza a sangrar una vez más.

Ahora pasamos a la Librería del Condado, actual escondite de Steph Brown, donde la encontramos investigando sobre el pasado de su padre como presentador de televisión y villano de poca monta. Seguimos en la Mansión Wayne, donde Alfred cose de nuevo la herida de Julia, demostrando una notoria indiferencia tras los serios reproches infundados de parte de esta última. Acto seguido, Penny-One le informa que Bruce, en su papel de ciudadano responsable y buen samaritano, está dispuesto a colaborar en todo lo que sea necesario con la investigación del SRR sobre Carmine Falcone.

De vuelta en Brasil, Babs interroga al sospechoso en relación al caso de su padre pero éste se desvincula rápidamente asegurando que no estuvo presente en el subte la noche del incidente sino que se trataba de alguien más usando su cara por medio de una suerte de macabra cirugía pues resulta que Dominguez le debía dinero al Club of Villains y, como retribución, estaban usando literalmente su imagen para delinquir. Incrédula, Batgirl se dispone a continuar el interrogatorio pero es detenida por Scorpiana, que aparece otra vez en escena con claras intenciones de asesinar al actor. Nuestra pelirroja favorita intenta huir junto al galán de TV por una ventana pero éste se zafa y, cuando parecía estar cayendo al vacío, termina sobre la nave de Starfire. Y claro, si Kori está cerca, sabemos que Red Hood a.k.a. Jason Todd también lo está. Es así que, mientras El Guacho aparece de sorpresa para capturar a Scorpiana y llevarla hasta Argentina, Capucha Roja trata de hacer entrar en razón a Barbara, diciéndole que efectivamente Dominguez no estuvo en Gotham al momento del siniestro y, por ende, le recomienda actuar en frío o de lo contrario no logrará nada.

La entrega concluye donde empezó: en el Cementerio de Gotham. Allí se nos revela que la mujer misteriosa era ni más ni menos que Selina Kyle a.k.a. Catwoman, que se encuentra leyendo una supuesta carta de su padre frente a la tumba de Lola Macintire, una suerte de mentora y mejor amiga de la Felina que falleció a principios de su propia serie. De la nada, el Caballero Oscuro se hace presente en el lugar y Selina le pide fuego para quemar la carta. Bruce trata de hablarle sobre la situación con Falcone pero Catwoman se niega, diciéndole que deje de preocuparse por ella ya que nunca tuvo un padre que lo hiciera y no necesita tener uno ahora.

Como se habrán dado cuenta, estamos básicamente ante otro número de transición entre arco y arco que aborda algunas tramas menores para no dejarlas descuidadas y a la vez las desarrolla levemente para tener una idea de qué será del futuro de estos personajes en particular. En sí, lo más interesante ocurrió en Gotham, principalmente con el tema de Selina y su padre, lo cual nos lleva de vuelta a lo que planteé en la reseña anterior y aumenta las sospechas sobre un potencial vínculo sanguíneo con Falcone.

El viaje de Barbara a Brasil, si bien estuvo interesante, me pareció innecesario así como también el continuo uso de elementos del Batman de Morrison sin mucha más finalidad que atraer a sus viejos fanáticos. Es decir, hay que reconocer que Seeley manejó adecuadamente a Scorpiana y al Gaucho y se agradece la mención del Club de los Villanos pues nos da la pauta de que extrañamente aún siguen en continuidad, mas todo esto bien podría haberse obviado y pasar directamente a su team-up con Jason y Batwoman. Pero bueno, con algo tenían que rellenar y hacer tiempo, ¿no?

Detalles de guión aparte, en esta oportunidad lo más destacado y también controvertido fue indudablemente el arte de Ian Bertram, cuyo estilo particularmente detallado es sin dudas un deleite para los ojos del lector pero a su vez un tanto inadecuado para la estética del Bativerso. Ya dije en otra ocasión que el laburo de Bertram me fascina, esa mezcla entre Frank Quitely, Andy Clarke, Nick Pitarra y Moebius que imprime en sus trabajos es simple y sencillamente maravillosa pero, al igual que en el caso de artistas como Emanuel Simeoni o Riccardo Burchielli, su método dista mucho de lo que estamos acostumbrados a ver normalmente y por eso causó cierto rechazo por parte de la gran mayoría del público. Aún así no me cansaré de repetir que hizo una magnífica labor, especialmente con el llamativo y grotesco diseño de Scorpiana que, si bien está lejos de simular la forma de un escorpión, me pareció espectacular. Ni hablar de los colores de Dave Stewart, completamente acertados para la tan peculiar estética que reinó a lo largo de estas páginas. Desde lo personal considero que el apartado gráfico fue lo mejor del número pero, como dice el famoso dicho, sobre gustos no hay nada escrito.

Palabras más, palabras menos, esta fue una entretenida entrega de transición de para al próximo arco argumental, con buen guió y, al menos para mi, buen arte. A partir de ahora tenemos que prepararnos porque lo que viene seguramente nos dejará sin aliento. El Teniente Jason Bard encara un ambicioso plan en compañía de Batman y varios aliados más para derrocar a Falcone, ¿pero podrá lograrlo? ¡Habrá que leer las próximas reseñas para averiguarlo!

2 Batcomentario/s:

Mariano Romero dijo...

Concuerdo con la reseña, fue un número de relleno pero con algunos aportes interesantes, como la investigación de Steph y la carta para Selina. El arte me gustó mucho también, y por momentos me recordaba a Burnham. Gran laburo, Lichu. ¡Saludos!

Giovanni .Ortiz dijo...

El arte de ese señor de detallado no tiene nada... Sin ofender me parecio super inadecuado para una entrega de Batman. Casi me dio torticulis con esos trazos circulares que permean en todo el comic. Ojala este Señor no vuelva a dibujar nada mas de Batman jamas.