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viernes, 3 de octubre de 2014

Reseña: "Batman" #34


De regreso a las raíces.

Título: Meek
Texto: Gerry Duggan (con la colaboraxión de Scott Snyder)
Arte: Mateo Scalera

Todo seguidor de Batman sabe que sus inicios fueron dentro de la revista llamada Detective Comics, que mes a mes entregaba distintas historias de corte policial. Batman fue, por ello y antes que cualquier cosa, un detective. El más grande detective del mundo se le ha llamado. Su “suegro” lo llama así.
Pero el recorrido de Batman desde aquel lejano 1939 lo ha llevado a recorrer todos los caminos posibles para un superhéroe de sus características, alejándolo muchas veces de su primigenio rol de detective. Hasta el mismo título Detective Comics ha dejado de lado sus dotes de investigación y deducción para dar paso a un Batman más de acción espectacular.
Por ello saludamos la aparición de este número dentro de la colección del Caballero Oscuro. En los números precedentes, Snyder/Capullo nos habían recordado la esencia de Batman enfrentándolo a su enemigo más intelectual, The Riddler.
Ahora, los autores entregan la posta a Gerry Duggan en los textos y a Matteo Scalera en el arte, quienes nos brindan una historia policial y sórdida. Una historia que requiere las dotes del mejor detective del mundo para resolverlo.
El estilo es brusco. De sopetón nos encontramos con un asesinato. El texto avanza rápido, sugiriéndonos que esta no es una historia común dentro de las historias a las que nos hemos acostumbrado encontrar en los títulos de Batman. Algo se mueve. Algo inquietante. Y el ritmo del capítulo lo remarca.
El dibujo también tiene esta impronta. Casi un boceto entintado. Simple, directo. El tipo de dibujo que hace la diferencia entre los que dibujan muy bien ilustraciones y aquellos que, con simpleza, son los mejores dibujando un cómic.


La historia se llama Meek, que podríamos traducir como dócil, manso. Este es el nombre que el mismo asesino usa para llamarse a sí mismo. Y lo define a la perfección: él sólo quiere asesinar a gente anónima, satisfacer su apetito… y luego desaparecer, anónimo. ¡Otro cambio respecto a lo que leemos de ordinario! Él no quiere ser otro de los colorinches enemigos de Batman  —ni siquiera le interesa atraer la atención del detective—. Meek sólo quiere permanecer como una oveja más del rebaño que, de vez en cuando, va y mata a otra oveja, para luego desaparecer entre el montón.
¿Cómo capturas a alguien así? ¿Cómo, en realidad, te enteras de que está ocurriendo algo así?
Batman se plantea estas preguntas y reconoce, casi leyéndonos la mente, que ha estado demasiado distraído con esas otras grandes y vistosas historias junto a la variopinta gama de súper enemigos que tiene.
Pero, una vez reconocido el problema —un gran problema—, Batman se lanza en busca del sicópata asesino. ¿Y cómo capturas a alguien que no deja pistas, que no se jacta de sus actos, que prácticamente no existe? ¿Cómo capturas a alguien cuyas víctimas son todos desconocidos, gente sola a quien nadie echa de menos si desaparece, gente que no acapara las primeras planas de los periódicos?


Ahí es cuando se necesita la mente de un gran detective, del parangón de Sherlock Holmes en el mundo de los comics comerciales.
Batman no pierde el tiempo buscando identificar al sujeto. No existe asidero alguno para ello. Entonces se focaliza en el objeto de interés del asesino. Porque nuestros gustos dicen siempre mucho más de nosotros de lo que quisiéramos. Pero cuando es un nn asesinando nn’s, ¿qué haces?
Buscar un patrón común. Y Batman lo encuentra y, gracias a ello, puede tender la trampa que atrapará al sicópata, a quien dispensa el peor castigo que se puede dar a alguien que ama su anonimato: lo vuelve público. No tanto por el asesino mismo, sino porque, de ese modo, sus víctimas salen a la luz y pueden, aunque sea en la muerte, tener la atención de una sociedad indiferente.
A pesar de su status de historia cruda, Meek aporta aire fresco entre tanta megahistoria —que no todos los días puede Gotham estar a punto de caer—.
Curioso, porque los crímenes y su resolución no sólo despiertan a Batman de su rutina superheroica pidiéndole atención para casos, en apariencia, menores; sino que también nos recuerdan a nosotros, como lectores, que algunas de las mejores historias del Caballero Oscuro son las más simples y que debemos agradecer que existan.


En resumen: texto y dibujo a la altura de la historia. Directos, simples, inmediatos. Me pregunto cómo habría quedado simplemente en blanco y negro. Algunas viñetas de Scalera, con perfiles recortados en sombra, se prestan para ello. De hecho, el espíritu de la historia misma se presta para ello.
La historia, como hemos mencionado, es concisa y necesaria. Nos trae al Batman detective y eso es impagable. Ojalá sigamos viendo, dentro de los distintos títulos del murciélago, más historias de este tipo.

Batman nació detective. No dejemos que nos lo hagan olvidar.

1 Batcomentario/s:

Anónimo dijo...

Muy muy buena historia, simple pero como mencionan nos traen a ese batman clasico...
Me acorde de la historia cuando el riddler quiere despertar a barbathos y por medio de sus acertijos hace a batman cumplir varias ofrendas: desollar a un bebe, recibir un bano de sangre, y bailar frente al diablo...
El final es muy bueno y se me ocurrio que haber si aqui en el blog la pudieran rescatar y la resenen...
Es una historia que utiliza lo sobrenatural, los personajes clasicos y el clasico batman detective; ademas es el primer arco argumental de batman que lei