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lunes, 20 de abril de 2015

¡No me simpatizas!

Título: The Dark Side of the Street
Texto: Larry Hama
Lápices: Philip Tan
Tintas: Jason Paz & Rob Hunter
Colores: Elmer Santos

Uno de los capítulos emblemáticos de El Chavo del Ocho es aquel en que la Chilindrina, para curarse de su resfrío —resfriado, catarro… o como quiera que se diga al sur del país de los superhéroes—, debe tomarse un tónico que sabe muy mal y que Don Ramón debe probar primero para que ella lo haga luego. Solo que su papá no lo hace, sino que cada vez que va a probarlo hace un gesto de saludo con la mano que obliga a la Chilindrina a voltear y no ver que, lejos de beberse el desagradable tónico, su papá lo escupe para engañarla.
¿Y qué chanfles tiene que ver todo esto con la reseña de un cómic de DC Comics? La verdad es que, de tan largo que me resultó el primer párrafo, yo mismo casi lo olvido. Pero la analogía es clara —o la parábola, por si hay quién se siente bíblico hoy—:
Estamos ante un nuevo evento —¡otro más!— de la casa de Batman y asociados, al que han titulado significativamente como “Convergence”, o sea Convergencia” —que también se pueden decir en español las cosas—. Una serie de cómics que durante dos meses transformarán el Universo DC —¡una vez más!—, para crear el, ahora sí, definitivo Universo DC —sí, tú, ádale—.


Y no puedo evitar preguntarme si la editora de Sups —ya saben, el False God—, nos está jugando la de Don Ramón, engañándonos para que nos tomemos esta medicina que, no sé ustedes, pero a mí me late que no sabe tan bien como quieren hacernos pensar —fíjate, fíjate, fíjate…—.
Tomemos por ejemplo este número que debería estar reseñando hace tres párrafos atrás: Batman: Shadow of the Bat. Titulado siniestramente como El Lado Oscuro de la Calle, ni siquiera la cita Star Warstástica le salva —aunque apareciese Han Solo y Chewie en la última página diciendo “estamos en casa”, se habría salvado—.
La historia resulta tan manida que nos suena ha leída más de un millón de veces en otro tanto milliardo de cómics: una sórdida investigación sobre los negocios sucios de un tal Tobias Whale —antiguo villano de muy discreta aparición en los cómics y protagonista de algún capítulo de la serie de TV “Beware the Batman” —, con pinta de ayudante del Doctor Who pero con migraña, que reúne al Bruce Wayne recién salido del tratamiento kinesiológico que le brindó Bane en la saga —perdón, ¿cómo decimos ahora?... ah, arco…— Knightfall y cuyo único mérito es traer de vuelta a Jean-Paul Valley, más conocido por estos pagos como Azrael, el que tomó el manto del murciélago tras la ciática forzada.


Pero, aparte de eso, ¿qué?
Aparte de eso, creo, la verdad es que no hay mucho. Sí, Shadow of the Bat tuvo su momento durante el Knightquest. Azrael se creó su público —hasta que los “creativos” decidieron que no existía en la realidad de los New 52—.
Pero la historia en sí que nos trae este periplo por las calles más oscuras, no aporta nada nuevo. Sólo distraernos mientras DC intenta ordenar su casa y determinar qué hacer con los ya no tan Nuevos 52 —¡míralo eh!, ¡míralo eh!—.
¿Pudiera rescatarse el arte del cómic? La verdad es que el trabajo de Tan y asociados no sobresale de la media, aunque sí nos recuerda el estilo que se acostumbraba por los noventa, cuando existía un cierto abuso de las propiedades del Corel o el Photoshop al colorear las imágenes —¡Miren, puedo agregarle brillos! Pues, hazlo. ¿Dónde? ¡Por todas las viñetas!—.


De la historia, ni hablar… Bueno, ya hemos hablado mucho al respecto.
¿Qué nos queda por delante? Supongo que la historia en sí, porque este capítulo es una mera introducción a lo que nos espera en la parte dos: el enfrentamiento entre la dupla Batman/Azrael y los Wetworks —el grupillo Image creado por Choi/Portacio para el Universo Wildstorm, que DC se empeña obstinadamente en absorber para sus filas—, cada grupo luchando para que su versión de la Tierra sobreviva… y para que nosotros veamos para otro lado mientras ellos ejecutan su truco desesperado para no perder lectores con sus didiotísticas decisiones.


Lo que no saben ellos, es que la Chilindrina capta la trampa y Don Ramón debe tomarse el amargo tónico. Ojalá nosotros seamos capaces de pillarle el truco a DC.

¡No contarán con nuestra astucia! Oops, esa frase es de otra serie. Fue sin querer queriendo.

1 Batcomentario/s:

Anónimo dijo...

Si antes no entendía nada, ahora menos que antes.. Cuando hacen un evento para poner 'todo en su lugar', que pasa con el anterior evento que ponía 'todo en su lugar'? Como es que el reinicio (excusa) de empezar de nuevo las numeraciones desde el #1 que proponía DC con el tan mentado Flashpoint y que se suponía dejaba todo todito ordenado, ya necesite un nuevo evento para ordenar todo todito de nuevo? Cuantos eventos necesitaran para ordenar las cosas? Las ordenaran realmente alguna vez? Ya sé que ni ellos saben que joraca hacer y se lo inventan todo sobre la marcha, pero que tomadura de pelo no? Decir que Azrael no existió pero resulta que ahora si, como con tantos otros.. Está claro que habrá eventos y eventos y despues algunos eventos mas, y claro está, que no hay ni habrá evento que pueda arreglar nada.