¡TODO LO QUE TENÉS QUE SABER DEL BATIVERSO ESTÁ AQUÍ!

lunes, 27 de abril de 2015

Reseña: "Gotham" 1x20 - "Under the Knife"


"Under the Knife"
Dirección: T.J. Scott.
Guion: John Stephens.

Descubrimos el origen y la verdadera identidad del asesino serial conocido como El Ogro, el cual sigue suelto y Gordon hará lo que sea por llevarlo ante la justicia, aún si eso implica poner en el punto de mira a “Lee” Thompkins. Mientras tanto, Bruce sigue avanzando en su investigación para develar los trapos sucios de Wayne Enterprises y asiste junto a Selina a un baile de caridad organizado por la empresa en donde harán acto de presencia los más altos ejecutivos. Por otro lado, tanto Oswald como Edward (en especial este último), encuentran un nuevo punto de inflexión en sus vidas y nada volverá a ser como era; nace un nuevo asesino, aunque eso ocurre a diario en las calles de Gotham. Como siempre advierto: hay spoilers.

Tras el típico “preview” que hay al inicio de cada capítulo, lo primero que nos muestran es a Bruce caminando en medio de la noche por debajo de uno de los tantos puentes de Gotham, un lugar sucio, desolado y definitivamente peligroso. Un joven se aproxima por detrás de Bruce y, con un tono sarcástico, le hace notar que se encuentra muy lejos de casa. Selina llega (de la nada) justo a tiempo para decirle que se aleje del joven Wayne, y basta con que la gatita le enseñe una navaja para que este supuesto malhechor se acobarde y siga su rumbo. Esto me hace pensar, algunos capítulos atrás, cuando Selina trató de persuadir a Bruce para que abandonará su “cruzada” argumentando las calles de Gotham eran demasiadas peligrosas para él. Bueno, quizás exageró un poco. Hablando en serio, ¿cómo pretenden que nos hagamos la idea de una Gotham peligrosa con escenas como esas? Con ladrones que se intimidan con una chica de no más de catorce años portando una navaja. Creo que ahí hubiera sido menester una escena de acción, aunque sea mínima. Que el tipo, confiado, encare a Selina y ésta le dé una tremenda paliza. En vez de eso, huyó despavorido. ¿En serio? No sé si fue falta de visión por parte del director y/o guionista, o simplemente pereza. En fin, inicio mediocre del episodio, por suerte, las cosas mejoran.

Jim entra desesperado al cuarto forense del GCPD y le pregunta a Edward, que estaba haciendo un bizarro experimento apuñalando sandías, dónde se encontraba la Dra. Thompkins. Edward le responde que la doctora se había marchado a la casa y Jim se dirige hacia allá. Mientras tanto, Lee paranoiquea como una campeona en el medio de un baño (¿dónde sino?) y rápidamente se pone una toalla y sale para comprobar que nadie esté en su apartamento. No tarda en encontrar al sospechoso de siempre: un gato. Y entonces yo, y gran parte de la audiencia calculo, nos sorprendemos al ver en acción la increíble “habilidad ninja” de Jim para entrar al apartamento sin hacer el menor ruido y sorprender a Lee por la espalda (¡otra que Batman!). Y mientras Gordon está muy ocupado explicándole a Lee que corre un gran peligro al estar él investigando al Ogro, en otro lado de la ciudad, el mismísimo Ogro está tomando unas copas con Bárbara, quién no se lo piensa dos veces a la hora de invitarlo a su apartamento.


Una vez allí, el Don Juan y la ex-prometida del detective tratan de intimar, pero el Ogro incomoda a Bárbara al preguntarle sobre su supuesto novio y ella, al negar la existencia de tal novio, lo incomoda a él a su vez. Hay una súper frase dicha por Bárbara que creo que merece la pena recalcar: “si un autobús me atropellara mañana, no le importaría a nadie”. Todo esto, por supuesto, mientras El Ogro se preparaba para apuñalarla por la espalda, pensando que así que lastimaría a Jim. No me alcanzan las palabras para decir lo tremendamente conveniente que fue esa frase. Sutileza en su máxima expresión. Pese a esta línea sumamente… innecesaria, debo decir que el dialogo entre Bárbara y El Ogro me gustó, más que nada por la actuación de Milo Ventimiglia, que se las arregla para darle mucha personalidad a su personaje. Durante este diálogo, Bárbara le afirma que sin importar qué, esta sería una relación de una sola noche ya que nadie soportaría ver su “verdadero yo” (¿bisexual con un claro fetichismo hacia el brazo de la ley?). Sea lo que sea que se refería ella, esto llama la atención del psicópata asesino, que se siente un tanto identificado con ella y admite su sorpresa. La expresión en la cara de Milo tras la pequeña charla, no tiene desperdicio y refleja muy bien las sensaciones que se lleva El Ogro tras ese breve encuentro. Sin lugar a dudas, sabe interpretar su papel.

Durante la investigación por parte de Gordon y Bullock sobre la identidad del Ogro (omití los detalles para que esto no se haga eterno), Jim ve aparcado cerca de la calle un coche que anteriormente recuerda haberlo visto estacionado cerca del edificio del CGPD. Sin ánimos de perder esta oportunidad, Jim y Harvey se acercan a paso ligero al coche, pero este arranca y casi termina atropellando a los detectives. Más tarde, en la comisaría, la capitana Essen, Gordon y Bullock, discuten el incidente y Jim se muestra convencido de que se trataba del propio asesino. En ese momento, le llega una llamada telefónica de carácter urgente al oficial Gordon y, al contestar el llamado, Jim escucha la voz del Ogro al otro lado del tubo. Éste le advierte que no trata de rastrear la llamada, porque no hará tiempo, y le confirma sus sospechas sobre el atacante al volante. El bueno de Jimbo no se amedrenta y le lanza un ultimátum: o te entregas o iré a por ti. Por su parte, El Ogro le advierte que deje de perseguirlo o matará a alguien que ama. Tras esto, Jim decide devolver el golpe, pero más fuerte, como ya nos tiene acostumbrados, y llama a la prensa local para dar el gran anuncio: hay un asesino en serie suelto.

Finalmente, Gordon y Bullock consiguen un nombre: Constance Van Groot, de quien se presume es la supuesta madre del asesino que buscan. Resulta que la familia Van Groot es una de las más antiguas de Gotham, por lo que los detectives no se sorprenden al encontrarse con una gran mansión. Al entrar (aparentemente la puerta estaba abierta), se encuentran con el mayordomo que estaba intentando ahorcarse con una soga, por fortuna, logran salvarlo e interrogarlo. Aquí se desvela todo el origen del Ogro: es el hijo del mayordomo de los Van Groot, pero la anciana Van Groot se obsesionó con él y lo trató como hijo propio. Sin embargo, cuando el muchacho le pidió que lo reconociera oficialmente y lo incluyera en su testamento, ella admitió que todo era un juego y que jamás lo reconocería como su hijo. Tras esto, el ahora Ogro cometió su primer asesinato al matar a la señora Van Groot y su padre, el mayordomo, guardo silencio todo este tiempo. El cadáver de la anciana se había quedado descomponiéndose en la alcoba, y jamás se había reportado su muerte. Pero el mayordomo insistía en que ese había sido el único “error” de su hijo: asesinar a la señora Van Groot. Cuando escuchó de la boca de los detectives que él había estado seduciendo y matando a una docena de mujeres en los últimos años, se echó a reír, y les enseñó a los oficiales unas fotos. En ellas, se mostraba al Ogro, con casi tres cuartas partes de su cara desfiguradas. Así había nacido, y ese era el motivo por el cual su verdadera madre los había dejado a ambos.


A este punto ya no queda nada por decir del Ogro, cosa coherente teniendo en cuenta que en el próximo capítulo esta trama se cierra definitivamente, así que agradezco que hayan zanjado su origen acá y no en los últimos diez minutos del arco. Porque de esta manera, le da más libertad al tercer acto de cerrar las cosas bien, sin apuros, espero que lo aprovechen. En cuanto al origen en sí, ¿qué decir? Es una de esas bizarreadas de las cuales ya nos tiene acostumbrada la serie. No es que yo esperara mucho al respecto, de hecho, me sorprendió que le encontrarán un “motivo” a su comportamiento. Le otorgaron cierta profundidad psíquica, en el sentido de que pensaron en un trauma para él y para justificar lo que hace. Y aunque se agradece, en el fondo es bastante básico. Es decir, sí, le dieron más profundidad, pero tampoco no es nada del otro mundo. Por otro lado, el tema de su reconstrucción facial, roza casi lo absurdo, más teniendo en cuenta que Gotham es una serie de época, en donde la tecnología médica aun no es lo que es hoy en día. Lo sé, en cierto modo, no es discutible, porque es lo que es. Es decir, este es un quirófano capaz de lograr milagros estéticos punto, no le busques más vueltas. Pero pensándolo detenidamente, ¿saben que me hubiera gustado? Que hubiera sido el Dollmaker el que le hubiera reconstruido el rostro, en el pasado, al Ogro. De eso modo, todo el asunto sería menos cuestionable. Ya no estamos hablando de un salón quirúrgico cualquiera, estamos hablando del Dollmaker, una persona excepcional en lo que hace, como Batman. Pero no pasó, y ya sabemos el destino que sufrió aquél personaje. Una lástima.

Ahora sólo me queda hablar de dos escenas, ambas muy intensas y que fueron de mi agrado. La primera involucra al Pingüino y a Maroni, y todos sabemos a este punto eso garantiza un buen grado de intensidad, pero si a eso le sumamos la presencia de la señora Kapelput (la santa madre de Oswald) como la terca en discordia, entonces sabemos que será una situación de lo más interesante, y lo fue. En el medio de la guerra entre bandas, a Salvatore no se le ocurrió mejor idea que atacar al corazón de su rival: su madre. Vaya uno a saber si fue algo premeditado, o si simplemente tuvo algo de suerte y supo aprovechar la oportunidad. La cuestión es que logro estar sentando en una mesa del local de Oswald, junto a él y su madre. Los detalles sobran, recomiendo que vena la escena por ustedes mismos. Sólo decir que los tres actores se lucieron en esa escena, sobre todo Carol Kane (señora Kapelput) y David Zayas (Maroni). Más tarde Oswald tendría una charla con su madre, aparentando que nada sucedió (haciéndose el boludo, en criollo), pero ya era tarde, su madre bien en el fondo ya sospechaba de la tiranía de su hijo, y la escena pasada sirvió para que despertara de una vez y confirmara sus sospechas. Sin embargo, le dio la oportunidad a su hijo de que fuera honesta con ella o, de lo contrario, le partiría el corazón. Pero Oswald insistió en ocultarle la verdad, y en autoproclamarse el dueño de un exitoso club nocturno. Y aunque su madre no le creyó, tampoco lo encaró y decidió quedarse con su mentira. Pero la verdad era evidente y flotaba en el aire, por lo que dejó a Oswald y se retiró a la cama argumentando cansancio. Maroni le había dado un buen golpe al Pingüino.

Y hablando de otro villano, por fin ocurre lo que muchos esperaban. El “despertar” de Edward, o más o menos. La verdad es que se veía venir a leguas y si bien no fue ninguna sorpresa, sí que estuvo bien desarrollada. Edward asesinó al oficial de policía con el cual salía la señorita Kringle, al enterarse que este le pegaba. Sí, cliché a full, pero sirvió, no me quejo. La escena fue bastante reconfortante y le hizo justicia a nuestras más horridas predicciones. Cory Michael Smith (Edward) le dio al personaje una suerte de culpa y satisfacción por igual, además de un toque psicótico y delirante que quedó muy bien. El personaje sigue en pañales, pero no hay dudas de que acaba de dar un gran paso.


En conclusión fue un buen capítulo, en contraste con el anterior fue una gran mejoría. ¿El hecho de que no haya aparecido ni un segundo Fish Mooney habrá tenido algo que ver? Como había bastante para contar, no profundice la línea argumental de Bruce y Selina, sólo sepan que no es la gran cosa. Van al baile de beneficencia juntos para poder encarar a un directivo, y consiguen hacer una copia de la llave que habré una caja fuerte. Hay una escena súper cliché en donde Bruce se queda “pasmado” al ver a Selina en un vestido y en mi opinión Mazouz (Bruce) exageró un poco ahí, pero nada más. A pesar de que hablé sarcásticamente en casi toda la reseña, este episodio tiene mi pulgar arriba. Ya que el señor JokerAnónimo ha estado puntuando los últimos episodios que ha reseñado, yo haré lo mismo. ¡Nos vemos!

Nota: 7/10.

0 Batcomentario/s: