¡TODO LO QUE TENÉS QUE SABER DEL BATIVERSO ESTÁ AQUÍ!

martes, 2 de junio de 2015

IT’S OVER… IT’S NOT OVER…

Título: Vengeance is mine (Capítulo 3), The Price (Capítulo 4)
Escritor: Brian Buccellato
Artista: Mike S. Miller
Colores: J. Nanjan

En las primeras páginas de “Injustice” de este nuevo año ya se nos presentaron a dos divinidades olímpicas: Ares, dios de la guerra, en insidiosa conversación con Heracles —más conocido popularmente como Hércules, nombre que le dieron los latinos cuando se apropiaron del panteón griego—. Ambos son importantes en la mitología por muy distintas razones: Ares tiene más reconocimiento por haber sido el amante de Afrodita y por los hijos que le dio; Deimos y Fobos, el Terror y el Miedo —que, por esas curiosidades astronómicas, tienen el mismo nombre que las dos lunas en torno al planeta Marte, nombre con el que los saqueadores latinos rebautizaron al dios, demostrando no sólo lo poco imaginativos que eran para crearse dioses sino, además, lo sueltos de cuerpo que eran para cambiarles el nombre además… Como si el copyright no importara—. Su fama de dios de la guerra es sólo eso.
Como aconsejamos en la reseña anterior, se supone que todos ustedes ya están leyendo La Ilíada” de Homero —si es que ya no la están leyendo por segunda vez, que si tienen tiempo para leer revistas de dibujitos, tiempo tienen también de leer las fuentes originales del superheroicismo…—. Se habrán encontrado, por tanto, con la famosa escena en que los parciales y malcriados dioses se meten en medio de una de las escaramuzas de Troya y comienzan a atizarse entre sí. Como, por cierto, leyeron, Ares y su amiguita Afrodita jugaban por los troyanos, en tanto que Atenea, diosa de la sabiduría, lo hacía por los aqueos. Y, por supuesto, tuvieron su gran encontrón y Atenea les dio paliza a ambos, tras lo cual Ares huye gritando como bebé porque lo han herido… Sí. Su fama de dios de la guerra fue siempre sólo eso… fama.


Ya que les ha entrado el hambre por la mitología clásica, les recomiendo que pasen ahora a La Odisea, atribuida también al rapsoda Homero, y se diviertan con lo que ocurrió con la parejita de amantes olímpicos, cuando el esposo de Afrodita, Hefestos, los descubrió y les tendió una trampa para delatarlos ante toda la comunidad divina. Espero leer en sus comentarios qué les pareció aquel episodio.
Una pregunta al margen: ¿no se habrá detenido a pensar DC que si Ares sedujo a la mismísima diosa del amor, su pinta no debió ser tan horripilante como la pintan en “Injustice”?


¡Pero no olvidemos a Heracles! En rigor, el primer superhéroe de todos los tiempos. Su fama fue hecha a pulso: perseguido desde niño por causa de su concepción —hijo de un desliz tramposo de Zeus, dios de dioses, con Alcmena, noble reina humana que no se dio cuenta del engaño—, la diosa Hera, hermana y esposa de Zeus, no cejó en ponerle tropiezos al hombretón. Partió con dos serpientes enviadas a su cuna… ¿Qué? ¿Qué fue Hades? Niños, niños… Al próximo que me cite de una película tan hereje y falsa como Hércules” de Disney, lo expulso de la sala…
A tanto llegó la inquina de la diosa del matrimonio, que hizo que Heracles enloqueciera y matara a sus propios hijos; lo que, a su vez, derivó en su episodio más famoso, los Doce Trabajos de Heracles.
Ciertamente una vida muy azarosa que no finalizó hasta que, víctima de la última treta de Hera, murió calcinado.

Claro que, por única vez en su vida, papito Zeus se acordó que tenía un crío por ahí y se hizo cargo: lo tomó y le dignificó dándole un lugar en el Olimpo —junto con asignarle a su hija Hebe como esposa, que vendría siendo algo así como la media hermana de Heracles; pero los dioses griegos, como averiguaremos durante este cuarto año injusticiero, se saltaban todos los tabúes con espantosa alegría—. A eso se le llama epifanía, término que también les fue robado a los griegos, sólo que esta vez fueron los cristianos paganizados que cambiaron todo el panteón olímpico reemplazándolo con su manada de santos sacados de bajo la manga. Por eso están Ares y Heracles conversando en el Olimpo, a propósito.
Lo que, además, nos deja en la mesa otros dos naipes de esta baraja: Zeus y Hera, cuyas historias… Bueno, ya tendremos tiempo de ahondar en sus desavenencias maritales que siempre terminaron pagando los humanos, o sea nosotros. Porque estos dos números de “Injustice” se nos vuelven muy interesantes a nivel terrenal, haciendo gala de esas aceleraciones de velocidad que siempre apreciamos tanto en este cómic y que ya se las hubiera querido Paul cuáleselfreno Walker.

Montoya, la misma que en la serie de TV Gotham patinaba para atrás y que aquí tampoco lo hace nada de mal “cortando el hielo con sus cuchillas” —y que es otro de las creaciones que nos legó Bruce Timm en los noventa—, se nos ha aparecido superpotenciada por las súper pastillas de chiquitolina, ha capturado al malcriado Damian y ha retado al fascista Superman a pagar por la muerte de Huntress, esa otra esquina de algún tipo de menáge a trois al parecer. De armas tomar la muchacha esa. Una Atenea cualquiera que si no entendías por la razón, te aplicaba la fuerza para doblegarte —diosa de antecedentes también dudosos como esta versión injusticiera de la mujer policía con residencia temporal en la isla de Lesbos—.
Y el enfrentamiento no se hará esperar. Sups, cabreado, le da con todo a Montoya, pero la She-Hulk empastillada sabe cómo devolver la mano hasta que ¡ups! ella muere en manos del dictador azulrojizo


La sorpresa —porque que alguno de los personajes en “Injustice” se muera nunca ha sido sorpresa, es la regla y nos gusta— se la llevan todos, incluidos los lectores, cuando Bruce Wayne aparece para reclamar el cadáver de Montoya y Sups le deja ir, haciéndole prometer que ahí acaba todo.
It’s over, replica Wayne.

¿Soplan vientos de cambios en “Injustice”? Ya vimos a Sups en un tenso pero aun así familiar encuentro con los papis Kent. Vimos a Harley, montada en una Harley, seduciendo a Billy Batson, seguramente con Shazamísticas intenciones —que si los dioses griegos son los tutores de esta historia, las normas morales se nos van a ir al Averno… ¡No! No el que pinta Disney…—. Vimos un paseo por el parque entre Cyborg y Robin… Vimos… En realidad, esta vez no podemos hacer oídos sordos a Casandra —la hija vidente del rey Príamo de Troya que advirtió inútilmente de la caída de la ciudad—: “Injustice” es sinónimo de destrucción masiva, genocidios, dobles jugadas y cualquier otra cosa por el estilo. Y si ahora tenemos de guest stars a los olímpicos, que adoraban ese tipo de acciones, la suma ya está hecha. ¡Esto recién empieza!


¿Qué acordaron Batmany Ares? ¿Qué pretende Hera con Hipólita? ¿Por qué el título del capítulo 3 es una cita bíblica si estamos hablando de mitología? ¿Qué ocurre entre Oracle y Luthor? ¿Con quién se acostará Zeus esta vez?
Todo queda resumido en la frase que cierra estos dos nuevos episodios y que Batman pronuncia como una sentencia, como una admonición y como un presentimiento: It’s not over.
Los hilos del destino que tejen Cloto, Laquesis y Átropos, más conocidas como las Moiras o Parcas —se lamentó alguna vez el crónida Zeus—, nos atrapan a todos y ni los mismos dioses pueden escapar de ellos.


¡Qué agradecidos estamos por eso!

0 Batcomentario/s: