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lunes, 27 de julio de 2015

THE WILLPOWER OF BORING

Título: Willpower (#9); Mayhem (#10)
Escritor: Brian Buccellato
Lápices: Bruno Redondo (#9); Xermanico (#10)
Tintas: Juan Albarran
Colores: Rex Lokus

Y llegó la pelea más esperada del mundo de los cómics… y no fue un Bats enchufado a una toma de corriente contra un Sups perrito faldero de Reagan… ni menos un Bats affleckiano contra un Man of Steel que cree que Esperanza empieza con S… —puro músculo y nada de neuronas—.
No, niños fans de “Injustice: la gran pelea de todos los tiempos es Sups viudo contra Wonder  Woman hiketeiana.
La violencia, a la que deberíamos estar acostumbrados en “Injustice, nos golpeó de pronto y dos de los superhéroes más nobles del Universo DC —o de esa cosa errática, torcida y aviesa que es el Universo DC— se han enfrascado en una refriega digna de perros callejeros. Y a vista y paciencia del elenco en pleno —o el que va quedando— de gente en mallas y máscaras —sí, sí, y Cyborg además…—. Y rodeados por una avanzadilla de dioses griegos que, a ratos, pintan más fuera de cuadro y forzados que la niña del abrigo violeta en La Lista de Schindler —¿o era rosado? Whatever… mientras haya acabado en el horno, todo en paz—.


Buccellato sigue avanzando con este cuarto año de “Injustice: Gods Among Us” a punta de peleas y más peleas, y de pronto comenzamos a sentirnos agotados, con una sensación de que la cuota de veinticuatro números por año injusticiero le está pasando cuenta, y la pequeña anécdota intenta transformarla en una épica que ni la misma mitología aguanta, con tal de completar el período.
Tratamos de reseñar aquí dos números —el #9 y el #10—, pero bien podríamos haber extendido la reseña un par de números porque los acontecimientos… los acontecimientos son más bien pobres, apenas salvados por el siempre preciso dibujo de Redondo y Xermanico, que hay que ver que saben dibujar acción, dándole dinámica a una guión que se ha vuelto bastante pobre.


El número #9 es, en el fondo, una dilatada perorata sobre la voluntad y el miedo, mientras las imágenes dan cuenta de lo ruda que puede ser una amazona. Simple introducción de veinte páginas para mostrar el regreso de Sinestro y marcar el cliffhanger hasta el siguiente capítulo, justo cuando Wonder Woman iba a darle el broche final a la carrera de dictador del kryptoniano. No mucho, para lo que fue el ritmo regular de Taylor cuando estaba a cargo de “Injustice”.
¿Estaremos ante el agotamiento de uno de los mejores títulos de la era New 52? ¿O es el natural desgaste de una historia que se ha esforzado en sorprendernos número tras número, sin escatimar en muertos y vueltas de tuerca?


Por el cariño que le tenemos a “Injustice”, esperemos que no sea así. Aunque el siguiente número aquí reseñado —el #10, por favor, no pierdan la cuenta…— no parece mejorar el panorama: es el preludio de una nueva batalla, dioses incluidos esta vez —por fin— y que Sups interrumpe, sólo para darle el pase a los grandes invitados de este año: ¡los dioses olímpicos! Y dejar el cliffhanger instalado para el enganche con el siguiente capítulo…
Pareciera que se desaprovecha el buen material que tienen entre manos: los dioses griegos son terreno pródigo para todo tipo de hazañas. Si ya teníamos a Ártemis, Hermes, Hera y Zeus el amontonador de nubes —¿alguien lleva la cuenta de cuántos títulos se le aplican al dios de dioses en La Ilíada, el libro que están leyendo a la par de “Injustice”?—, más alguna aparición misteriosa y confabuladora de Ares, ahora se nos presenta a la familia casi en pleno.
Apolo, Heracles, Atenas, Eros… y Atlas.
La presencia de Atlas se nos hace algo antojadiza: recuerden que, como uno de los Titanes, fue castigado de por vida cuando, junto a sus hermanos —entre ellos Cronos, padre de Zeus y Hera—, rechazaron el nuevo gobierno en un episodio llamada la Titanomaquia.


Atlas fue castigado a sostener la bóveda de los cielos desde ese mismo momento y tras un episodio bastante singular con Heracles, quedó transformado en montaña de por vida —si buscan en una mapa, cerca de Marruecos, encontrarán el monte Atlas, que aún sigue en su posición. Ése es el titán sosteniendo los cielos per saeculum saeculorum—.
Permítanme, además, un alcance sobre los Titanes. Aunque no dudo que todos ustedes están leyendo la lectura complementaria que les recomendé y ya se han bajado algún manual de Mitología Griega, no puedo dejar de referirme al título de estos primigenios dioses: hoy por hoy, hablar de Titanes es hablar de campeones, de personas destacadas en lo que hacen —hasta DC tiene un grupillo teen llamado así—, pero la verdad es que los Titanes aparecieron en la historia de los mitos, pelearon y fueron derrotados. Nada más. Unos simples e inútiles dioses de pacotilla que duraron menos que una paleta de helado en verano. Casos y cosas de la mitología.
Errores “históricos” aparte, la presencia de la pandilla divina parece prometer mucho, pero algo nos dice que nuevamente es un intento de Buccellato por mantenernos colgados de la historia.


Quizá estemos sólo ante un banco de niebla en el camino y pronto se disipe para continuar regocijándonos con el paisaje injusticiero.
Si no, que los dioses nos perdonen, pero no podremos seguir siendo amables con los superhéroes más deschavetados de DC, ni menos con esta versión de los dioses griegos que, para más remate, andan vestidos hasta el cuello —¿es que Redondo y Xermanico no investigaron? ¡En cueros andaban los dioses!… y en especial las diosas…—.
Aguardemos y crucemos los dedos para que Buccellato repunte y podamos seguir disfrutando con las matanzas de “Injustice” como es debido, con una buena historia —y que las diosas salgan en cueros, que a los dioses se les debe respeto—. Que para eso vivimos y reseñamos.

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