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domingo, 9 de agosto de 2015

PAPITO CORAZÓN

Título: Strenght of Hercules (#13); The old and the new (#14)
Escritor: Brian Buccellato
Lápices: Bruno Redondo (#13); Xermanico y Tom Denerick (#14)
Tintas: Juan Albarran (#13)
Colores: Rex Lokus
Portada: Jae Lee con June Chung

No es sólo que la magnífica portada de Jae Lee —que es bueno tener un Lee al que admirar aún— se enfoque en Batman y Damian durante los dos capítulos que vamos a reseñar.
Es que el argumento mismo de este par de episodios de “Injustice” parece girar en torno al tema de los padres y los hijos… Más bien, de la paternidad ausente y de los hijos rebeldes —que Batman está listo para que le abran causa judicial en cualquier tribunal de familia del mundo—.
Sí, es cierto que vemos muchas peleas, impresionantes peleas —no todos los días los dioses griegos se agarran de las mechas con nuestros superhéroes favoritos—. Pero “Injustice” es, en lo formal, eso. Baaaastante de eso. Puños, patadas… y muertes —sobretodo las muertes—.


No obstante, “Injustice” también tiene un fondo, una suerte de co-historia que siempre acompaña a los piff, bam y demases onomatopeyas. Y el tema de la familia —nos demos cuenta o no— es una suerte de leif motiv instalado en esta serie digital. Si no, ¿cómo explican que Superman se cargue al Joker tras la muerte de su esposa e hijo nonato? ¿Cómo —para no irnos tan atrás en la historia— se explican que el Tercer Año completo haya tratado de Constantine salvando a su hija? Por no mencionar el regreso de Batgirl
Sí. Pese a todo lo innovador que nos ha resultado “Injustice” todos estos años, no deja de ser una apariencia. “Injustice” —aunque se espanten los Batfans más radicales— es un cómic mamón disfrazado de cool. Sí, eso es…
Como campaña disfrazada de la extrema derecha —de esa que va a golpearse el pecho todos los domingos en misa—, que quiere inculcarnos sus valores algo rancios sobre la familia —sí, esos mismos que durante las dictaduras de los ’70 y ’80 no les daba ni asco apoyar la tortura y el asesinato a mansalva—.
Tanto en el número #13 como en el #14, encontramos como telón de fondo la relación entre un padre y un hijo.


El primer número abre los fuegos con Billy Batson, el huérfano por excelencia que ha crecido en medio de una familia adoptiva, pero que en los atributos tomados de diversas deidades ha encontrado una suerte de “paternidad” que lo guía y le ayuda a pararse en el mundo —obviaremos aquí el hecho de que se incluya a Aquiles como un dios: aunque su madre sea una divinidad, Tetis, murió como un mortal. Un gran mortal, pero mortal al fin y al cabo. Si quieren saber qué fue de él, tras terminar “La Ilíada, continúen con La Eneida” La Odisea”—. Pero, tras esa figura plena de fortaleza y seguridad, siempre se va a esconder el niño débil y temeroso. El que no tuvo padre.
Aunque, siendo justos, si hacemos repaso por la vida de la mayoría de los superhéroes, la ausencia paterna es una constante.
Tras Captain Marvel, la cámara se mueve hacia Heracles, el formidable matador del León de Nemea —¿ven esa cara de león en su cinturón? ¡Eso nos recuerda la hazaña, uno de sus memorables trabajos!—. Heracles, o Hércules como se le conoce comúnmente, tuvo mala suerte con los papás. Como es vox populi —que no estoy siendo entrometido—, fue engendrado por Zeus, quien se disfrazó del esposo de Alcmena para poseerla. Y, como fue la costumbre del Dios de Dioses, lo dejó a su suerte por el resto de su vida, permitiendo que su esposa oficial, Hera, se deshiciera en tretas para acabar con el crío desde su misma cuna hasta el momento de su epifanía… Y debemos detenernos en este detalle: es en el momento de la muerte de Heracles —a causa de Hera, para variar— que Zeus se acuerda que tiene un hijo y decide, como recompensa a sus sufrimientos, levantarlo hacia el Olimpo y nombrarlo dios. Una suerte de ultimísima compensación por la ausencia.


Eso en la historia sagrada —amén—, porque “Injustice” agrega otra capa a esta teleserie que tenían armada los griegos con sus dioses: Captain Marvel aparece para detener a Heracles y darle la oportunidad a Sups —¿necesario hablar de su papi kryptoniano que se deshizo del crío aduciendo la pronta explosión del planeta..?. Vamos, que con tanto kryptoniano dando vuelta por ahí ya se sospecha de que Krypton sigue dando vuelta en su órbita…—.
Decíamos… Darle la oportunidad a Sups de matar a Heracles.
Así de sencillito es “Injustice”.
Que los demás dioses reaccionen con tal indignación… Bue… Eso es cosa de los cómics, que para los olímpicos, un dios menos era más comida para el banquete… y más mujeres disponibles para follar.
Pero este deicidio —lo que me recuerda a Deicide. Buen grupo de Death Metal para escuchar mientras se lee esta reseña— es sólo la antesala para el que se podría considerar el mayor conflicto no resuelto de “Injustice”: Batman y Robin.


Siiiip… Estamos en el Blog de Batman y todo lo que ocurra con el Encapotado y su familia es prioridad para nosotros. Porque en medio de la batahola a las puertas del Hall of Justice —debo confesar que cuando era niño y veía los Súper Amigos frente al Salón de la Justicia, nunca se me cruzó por mi inocente mentecita que correría tanta sangre por esas escalinatas—, Damian va a exigirle cuentas a su padre por no ser justamente eso, su padre. Momento en el que aflora ese conflicto tan poco ahondado por los guionistas de DC: la relación de Batman con los anteriores Robin y éste, que es además su hijo.
Lo que, no nos hagamos los ciegos, habla pésimo de Batman como persona… por no decir como padre.
Da la impresión que el único Robin que alguna vez contará para Batsy es Grayson, y los demás son solo una suerte de doppelgangers para llenar el vacío que le dejó su partida —no ahondaremos en los aspectos homoeróticos ahora, que con lo otro nos basta—. Incluso la relación con su verdadero hijo sólo puede fructificar en tanto el niño sea un buen Robin.
¿Cómo se puede solucionar esto? Como todo lo demás en “Injustice”… ¡a los golpes!
Aquí en Chile se les suele denominar Papito Corazón a aquellos infelices que no están presentes en la vida de su hijo. Tanto afectiva como monetariamente. Aquí se van a la cárcel.
Batman, queridos lectores, califica para el peor Papito Corazón de todos. Lo que no es tan terrible, puesto que es un personaje de ficción —si a alguno le bajó la presión arterial con este último comentario, vaya a ver a un médico… no, no un cardiólogo… ¡a un psiquiatra!—.
Lo terrible es que, aún conscientes de sus pésimas cualidades como padre —real o sustituto—, nosotros seguimos admirándolo y defendiéndolo.
Sí. “Injustice” es mucho más que golpes y muertes. También son relaciones complejas y personajes ambiguos moralmente —y peleas entre mujeres, que cuando se llaman Batwoman y Wonder Woman, da para otra reseña completa…—.
Quizá esta serie, subtitulada como Dioses entre nosotros, sea el mejor acercamiento a la cochina humanidad de nuestros superhéroes favoritos.

Oh, “Injustice”. Te amo.

1 Batcomentario/s:

Nicole Gonzalez dijo...

Buena reseña, creó que lo que tiene injustice es precisamente el retrato de doble estándar de la sociedad moderna hoy en día, las fallas humanas a través de distintos aspectos de la vida (en especial la familia), creó que en cuanto a grayson como su único hijo (en cuanto a la forma de relacionarse) es cierto, si analizamos a los demás robins no es muy difícil ver que los demás son sustitutos de dick y damian su propio hijo biológico no es muy querido por su padre. Se ve el claro reflejo de que en realidad no todos los padres quieres por igual a sus hijos, ademas muchas veces se reflejan a través de estos (como con dick y que no sucede con jason, tim, steph y damian).
Felicitarlos también por el blog, es excelente y esperó que sigan así