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sábado, 14 de noviembre de 2015

Reseña: "The Dark Knight Returns"

"Aún no estoy acabado. Y tú no has acabado conmigo".

 Hablar de The Dark Knight Returns en pleno 2015 debe resultar minimamente redundante, pero su influencia es tan amplia que su sombra aún se proyecta, y sin dudas lo seguirá haciendo, porque sin pelos en la lengua cualquiera puede afirmar (con toda razón y conocimiento de causa) que sin la existencia de esta novela gráfica, que salió originalmente en el lejano año de 1986, hoy no podríamos estar hablando de la trilogía de Christopher Nolan, de Batman TAS, de los oscuros tebeos que tanto amamos (The Long Halloween, Arkham Asylum, The Killing Joke, solo para nombrar algunos), los videojuegos de Rocksteady, la próxima Batman v Superman: Dawn of Justice, y un largo etcétera que representa prácticamente todo el Batverso del año en que salió a hoy en día. Por eso mismo, el mérito de la obra de Frank Miller es tan grande, que para hablar de él hay que tener en cuenta diversos factores, entre los más importantes: La situación política y social de la década y de la industria del Noveno Arte, remontándonos mucho más atrás, a la Golden Age -la raíz de ese gran totem que es el mundo de los superhéroes- para ser más específicos.

 Los superhéroes no pueden ni deben desentenderse del contexto en el cual se están publicando, y sin dudas los finales de los años 30' y los 40', en los cuales fueron concebidos estos salvadores americanos, eran años duros: Decadencia social, guerras mundiales, conflictos civiles y problemas en la administración de los países más involucrados en estas situaciones. Y en el mundo del cómic eran esos símbolos surgidos los que tenían que meter las manos en la mugre, no solo en los problemas de los barrios bajos, sino que podíamos leer historias en las que Captain America, Superman o Batman pateaban traseros japoneses y/o nazis. El problema es que los enmascarados cada vez se hacían más populares, y eran moneda cada vez más corriente en un público juvenil, por lo que solo era cuestión de tiempo de que alguien saliera a quejarse y juzgar un nuevo tipo de literatura a la cual no estaban tan acostumbrados, de ver como una amenaza a una expresión que tratan de reflejar la realidad de una manera no comprendida.

Ese grito en el cielo se expresó en su peor forma, un psiquiatra pop que, al poner a los comics en su repudiable libro como los principales responsables de la violencia juvenil, le dio una respuesta cómoda a los grupos de madres activistas que braman por censuras a los productos que, según ellas, corrompen la mente de sus hijos que no han sabido criar y cultivar correctamente. Lamentablemente, la tesis del psiquiatra se hizo un eco lo suficientemente extenso como para que las editoriales tengan la soga el cuello, por lo que tan solo les quedaba una alternativa: adaptarse a la situación y ceder a los reclamos de la mayoría o morir en el intento de prevalecer con sus ideales artísticos. Las historietas son ante todo un comercio, y la última opción no era rentable.


Eventualmente se fundó la asociación Comics Code Authority en la cual estaban las editoriales más importantes afiliadas en su intento por sobrevivir a las miradas punzantes de los padres y medios que les estaban encima, y se auto-impusieron algunas limitaciones a sus propios productos, sencillas pero bien consistentes: Sin violencia, sin crítica social y sin posición política. Esto cerró la llamada Golden Age y le abrió paso su sucesora: la imponente, surrealista y extravagante Silver Age. Abandonamos las calles, abandonamos los barrios pobres, y los héroes se enfrentaban a peligros dignos de películas de ciencia ficción clase-B, o bien historias simples y camp como las que veíamos en la mítica serie de Adam West. Algunas de esas historias hoy las podemos ver con cariño, cierta nostalgia y hasta admiración, ya que de esa época precisa han salido algunos de los momentos más emblemáticos en el mundillo de los superhéroes, pero lo cierto es que los argumentos se habían vuelto predecibles,  los personajes planos e irrisorios, y eso mismo, ese debacle significativo de calidad, la misma barra de seguridad que les aseguraba prevalecer económicamente, estaba llevando al cómic americano a la ruina.

Algo tenía que cambiar, pero las costumbres tardan en desaparecer y el "terreno seguro" tarda en transformarse. En los 70' la revolución que conocemos la Modern Age se estaba insinuando, cómics que se publicaban de manera independientes se desprendían del CCA y volvían a mostrar de manera brillante lo que el medio del tebeo tiene para dar, pero aún era toda una utopía que los escritores y dibujantes que trabajaban con los personajes de DComics o Marvel se pudieran mover con la misma libertad. Muy de a poco las obras independientes se fueron esparciendo y llegando nuevamente al público con cosas útiles que decir, verdades que contar. Entonces pasó una década, llegaron los '80 y eran tiempos duros nuevamente, tiempos de una guerra que estaba al borde de estallar de manera constante e imprevista, del ascenso de la contra-cultura, el gobierno de Reagan y las pandillas criminales. Era el escenario perfecto para que el mainstream resurja cual Ave Fénix desde sus cenizas y de el golpe definitivo para volver a generar el interés del público adulto que ya había perdido. Y por sobre todo, recuperar el prestigio del cual se había despojado. Aparecieron entonces grandes revelaciones inglesas en las compañías americanas, como Alan Moore, Grant Morrison y Neil Gaiman que, haciendo un poco de trampa, agarraron personajes poco conocidos u olvidados (Swamp Thing, Animal Man, Sandman) y respectivamente los llevaron a un contexto nuevo, ecologista más que nada para los primeros dos, pero primordialmente con un fuerte discurso implícito cargado de política, filosofía, psicología, tratamientos de tópicos tabú para aquella sociedad y tramas profundas que años antes eran inconcebibles.

Perfecto, Inglaterra mandó a sus mejores hombres para que con sus ideas transgresoras despierten esa irreverencia que la literatura estadounidense estaba necesitando, ¿pero, con perdón de la expresión, quién tendría las pelotas para dar el paso definitivo y llevar esa revolución a alguno de los héroes con mallas? Sí, Watchmen se estaba comenzando a lanzar pero no aparecía ningún icono reconocido allí, así que, ¿quién llevaría acabo esa gigante y arriesgada proeza?  Un neoyorkino, que también era una gran promesa dentro del ambiente, llamado Frank Miller se lanzó a un precipicio asumiendo el riesgo más fundamental de su carrera, ya que se dispondría a reelaborar el mito de Batman de la manera más vanguardista de la que se tenía registro, y sin saberlo, cambiarlo para siempre.

The Dark Knight Returns


 The Dark Knight Returns es una mini-serie (compuesta por cuatro tomos individuales) en la que se repasan los hitos más importantes de Batman hasta esa época, y se los desconstruye con el objetivo de darles una nueva perspectivas en un mundo más adulto y tridimensional. ¿Por qué tridimensional? Comúnmente los superhéroes suelen ser personajes bidimensionales: en base a una causa determinada, actúan siguiendo la consecuencia lógica y óptima dentro de la realidad en la que existen, pero Miller presenta aquí personajes que van más allá, seres que no se comportan siempre de acuerdo a su personalidad, no son siempre consecuentes a sus dichos, no siempre llevan a cabo los planes como piensan y no actúan de la manera más heróica y predilecta en algún momento decisivo. Los humanos no somos perfectos, estamos lejos de serlo, y los personajes que habitan esta Gotham City también lo están.

Este clásico nos genera sentimientos encontrados desde la primera instancia, genera desconcierto y a la vez nostalgia. Es como si realmente nos infiltráramos en una secuela nunca hecha, y viéramos el "Batman después de Batman", y nos desconcertamos al ver qué tan distinto es este ambiente en donde nuestros héroes se sitúan ahora, entonces añoramos ese tan nombrado pasado, la Edad de Oro, la que ahora parece tan lejana y brillante. Bruce Wayne es un hombre cincuentón que ha dejado de aparentar ser, como tela de humo, un multimillonario soso e insípido para pasar a serlo en realidad. Ha dejado que su ciudad se hunda y pase a estar dominada por una legión de criminales teen impunes e imparables, engordó y dejó que sus aptitudes físicas entren en declive, se junta con su viejo amigo Jim Gordon ha tomar unas copas de vez en cuando y compensa esa adrenalina que ya no se da el lujo de sentir en tontas actividades de deportes extremos. Los factores que lo llevaron a ese estado parecen ser los mismos Robins, que eran dos en este Elseworld, su mala y destruída relación con Dick Grayson, y la defunción de Jason Todd que lo hizo retirarse y prometer "nunca más". ¿Pero qué pasa si ese anciano adinerado decide volver a portar la capa y la capucha? A partir de este último planteo, comienza la odisea.

Bruce Wayne cumple 10 años de estar muerto, tratando de compensar la adrenalina que ya no genera saliendo  patrullar por las calles, haciendo estúpidos deportes extremos que le hagan sentir algo nuevamente. Cumple 10 años de estar muerto, y la ciudad junto a sus programas televisivos recuerdan su misteriosa cruzada con nostalgia, siendo que su leyenda pasó a ser, entre los suburbios, no es más que un mito anticuado. En sus habituales caminatas por la ciudad, el ex-Playboy de Gotham se encuentra en Crime Alley cuando se ve rodeado por un par Mutantes justo en el mismo lugar donde asesinaron a sus padres, Los Mutantes son una banda criminal, conformada mayormente por jóvenes que, en este futuro distópico operan impunemente en la ciudad. Sus actos son tan salvajes y desmedidos, que la ley no se anima a tomar represalias contra ellos, y mantienen a la ciudad en un estado de caos y decadencia sin precedentes.

Los Mutantes como colectivo es la representación conceptual de la violencia juvenil, como si de una moda se tratara. Por eso es imposible detenerlos, detrás de uno siempre va a haber otra, y como toda moda, es una onda expansiva que cada vez toma a más jóvenes y, eventualmente, acrecenta esta banda. Es esa misma violencia que se le adjudicaba a los cómics en los 50', y es a partir de este momento cuando se nos abre el panorama sobre la protesta que Miller efectúa aquí, atentos.

Regresando a la escena, vemos al viejo retirado haciendo frente a los asaltantes que, al no generar pánico en su víctima consideran que asesinarlo no será satisfactorio, así que lo dejan malherido bajo el mismo faro que alumbró los cuerpos de Thomas y Martha Wayne respectivamente. Una comprimida vocecita en su interior empieza a resonar, lo primero que le deja en claro a su portador es que estos chicos son muy distintos al ladrón que lo dejó sin sus progenitores, él lo hacía por necesidad y a lo que se enfrentó recién es a criminales que lo hacen por deporte, y él con su suerte de jubilación ha dejado que ellos se formarán y dominaran la ciudad. Sus siguientes acciones están lejos de ser corrientes, quien parecía un empresario aburrido y acomodado comienza una lucha interna contra un demonio que ha despertado de su letargo y reclama su cuerpo, aquél murciélago que lo observó cuando de chico se cayó por una madriguera en los jardines de su mansión y se adueñó de él.


El insomnio invade al quincuagenario, visita la abandonada batcave sin razón aparente y no deja dormir a su mayordomo Alfred tampoco. La voz interior, la voz de ese demonio empieza a tomar fuerza. Pero el paso definitivo tiene lugar cuando Bruce enciende la televisión y escucha la realidad que negó durante toda una década: Crimen impune, miedo, corrupción, violaciones, atentados. Queriendo escapar de la verdad, se topa con una película, más precisamente la del Zorro, que lo remonta al momento más traumatico de su infancia, la pérdida de sus padres al salir del cine. "Es solo una película", trata de convencerse, pero cayó en su propia trampa, el demonio ganó. Un murciélago irrumpe en la habitación abatiendo la ventana. El Caballero Oscuro vuelve a las andanzas.

Si bien hay autores que muy oportunamente buscan establecer siempre un punto de conexión entre Bruce Wayne y Batman, es interesante como Frank Miller los plantea como dos seres esencialmente distintos y opuestos. El Encapotado no es más que una clase de segunda personalidad de su portador que alguna vez había predominado en su mente, que desapareció durante 10 años y ahora lo volvió a "poseer". Es cierto, es imposible que dos posturas tan distintas puedan coexistir en una mente siendo ambas reales, ¿o sí?  No si se trata de una individuo cuerdo, pero desde este punto tan prematuro podemos notar que el vigilante de Gotham no es un equilibrado mental propiamente dicho. Y el avance de la lectura nos dará la razón.

La primera noche de caza del retornado Batman es, cuanto mínimo, frenética. Él, si se lo propone, puede estar en todos lados y lo demuestra desarmando a varios Mutantes que estaban en plena acción, algunos otros violadores y un proxeneta junto a un taxista amoral en distintas partes de la ciudad y probablemente en menos de 10 minutos. Mas la escena cumbre de este acto llega cuando el gigantesco Hombre Murciélago interviene en la persecución de una patrulla a un cuarteto de ladrones que entra a una casa abandonada y en deterioro. Frank Miller hace alarde de su talento para narrar y componer escenas en una secuencia que debe estar entre las más prolíficas de su carrera, combina sus aptitudes poéticas y artísticas contar dos cosas al mismo tiempo. Primero nos muestra como el paso del tiempo le cobra peaje a un héroe que, por su estado físico, ya no le es fácil tomar justicia por mano propia ni mucho menos emboscar a 4 hombres más jóvenes y ágiles que él. Pero en contraposición, nos muestra al mismo tiempo la escena en otra perspectiva, desde afuera, nos muestra como el viejo zorro se logra salir con la suya pese a las vicisitudes, generando pánico entre sus víctimas (antes victimarios) se los va cargando agresivamente uno por uno a la voz de "Bienvenido al infierno".


La noticia del inesperado regreso de Batman no se hizo esperar para llegar a los medios de comunicación, cuyas aguas no tardan en dividirse  a favor y en contra del mismo. A lo largo de toda la obra, los medios de comunicación (y más que nada, la televisión en sí misma) hará de hilo conductor y de un claro reflejo en cómo la sociedad va tomando las distintas acciones llevadas a cabo por Batman a lo largo de The Dark Knight Returns. Frank Miller aprovecha este aspecto del cómic para realizar una sátira social, y de paso dejar en ridículo a los medios de comunicación que alguna vez desprestigiaron el mundo del cómic de la misma manera de la que, en esta historia, lo hacen con el Cruzado de la Capa.

No cabe ninguna duda sobre el descargo de Miller cuando vemos que los noticieros poco diferencian una noticia supuestamente de relevancia con otras pasatistas, dándole el mismo trato obtuso en cada caso. Y también si banalizan todo su contenido, rebajándolo a debates que nada aportan, ¿allá afuera hay un héroe o una amenaza social? Realmente no interesa, si tenemos que incentivar el odio hacia esa imagen para hacer prevalecer el minuto a minuto y seguir transmitiendo estas discusiones desde nuestro estudio. Eso es lo que esta novela plantea, como los medios pueden afectar a la sociedad con excitismo y desinformación. Lastimosamente, esto se asemeja más a nuestra sociedad actual que a la de aquellos tiempos, donde ésto solo era una caricatura de la realidad.

Como es inevitable, hay una figura popular que se hace un particular eco sobre las masas, influenciando gran porcentaje de éstas, en este caso es el doctor Wolper, encargado principal de difamar las acciones de Batman, alegando que se trata de una figura sociopata que influencia la desestabilización social, la anarquía, la violencia juvenil y la creación de sus propios villanos. ¿Esto no les recuerda, también, a cierto psiquiatra conocido por destruir la industria del Noveno Arte en los años 50? Hay tantas referencias a esos sucesos, que ya no parecen ser coincidencia.


El doctor Wolper es el encargado de rehabilitar a Harvey Dent, quien luego de estar encerrado en Arkham durante años recibe una cirugía para reconstruir su rostro y se le devuelve la libertad. No pasa mucho tiempo hasta que un criminal empieza a mostrar como patrón relacionar sus crímenes con el número dos, cosa que lleva a Batman y al comisionado Gordon (quien está a punto de jubilarse y cederle su puesto a un nuevo ocupante) a una sola conclusión, pero prefieren llegar al fondo del caso antes de romper una ilusión como la recuperación de su viejo amigo y colega.

Este "nuevo" supercriminal, que lleva su cara vendada amenaza a la Gotham con volar sus dos Torres Gemelas (decisión argumental que hoy nos puede hacer mucho eco, tratándose de Miller además) si no se cumple con su demencial demanda de 5 millones de dólares. El Hombre Murciélago ya había anticipado antes el ataque, gracias a su investigación, y en lo que significa otra escena memorable de un suspense y ritmo indiscutible, ayudado por su rifle inutiliza los dos helicópteros que portaban sus respectivas bombas para volar las arquitecturas. El criminal vendado trata de saltar desde uno de ellos, pero nuestro héroe decide salvarlo, tiene que saber si efectivamente es Dent, y sí es, ¿por qué?

Al estar cara a cara con la verdad, el villano se despoja de sus vendajes y deja ver su rostro. Se trata del original Two-Face, sí, pero no se hizo ni un rasguño, de hecho, él sigue creído que jamás reconstruyeron su cara, que no son capaces de hacerlo y le exige a Batman verlo, ver lo que es en realidad. El primer capítulo llega a su climax con un abrazo entre los dos y un cierre sumamente pesimista en cuanto a su concepto general. El acto inicial habla de los demonios internos y de lo que significan nuestras batallas con ellos, batallas que se pelean en vano, dado que una vez que se meten dentro de nosotros es imposible erradicarlos, es imposible escapar de ellos. Así como Harvey jamás pudo dejar de lado su segunda cara, Bruce jamás pudo escapar de Batman, y probablemente nunca lo haga.


The Dark Knight Triumphant

El segundo capítulo comienza sin rodeos con Gordon asesinando a un chico, un Mutante, como defensa personal, lo que acrecenta el debate sobre la mano dura a los criminales... Esto obviamente deriva a Batman y los incidentes violentos que los civiles están cometiendo inspirados en su cruzada. En el medio, Miller sigue dejando chascarrillos, centrados mayormente en la ineficiencia periodística que hacen de esta una lectura mucho menos lineal, es decir, ecléctica y audaz. Dentro de los primeros compases de este acto, también nos encontramos con Carrie Kelley, una estudiante adolescente e hija de padres seudo-hippies y activistas, quien influida por el regreso del Caballero Oscuro se calza un traje de Robin creado por ella y sale a combatir el crimen, aunque sus primeras acciones, como tratar simplemente de salir de su casa desde la ventana, no sean muy exitosos.

El circo televisivo sigue creciendo, cada vez hay más voces representando ambos bandos de opinión, al doctor Wolper se le da un espacio mucho más grande, incluso al Lider Mutante se le brindan minutos de transmisión en donde puede públicamente amenazar de muerte a James Gordon y Batman. Mientras las autoridades de Gotham, como el mismísimo alcalde, por el momento se ven incapaces de mostrar una posición pública sobre el tema.


En lo que es otro de los desenvolvimientos artístico-narrativos de Miller, procedemos a ver el rescate, realizado por Bats, de un bebé secuestrado por un puñado de Mutantes, en donde el héroe se ve obligado al final de usar armas de fuegos para completar debidamente su misión. De nuevo se juego con la tridimensionalidad mencionada al comienzo de la reseña, en donde el protagonista no siempre resuelve las cosas de las maneras más heroicas o como él quisiera, sino como la situación se lo permite. Los humanos en los momentos desesperados, tomamos medidas desesperadas, y no debemos olvidar que la figura principal de Gotham es humana.

El ritmo de la historia se detiene por un momento, mas no su importancia, para mostrarnos algunos hechos delictivos que Los Mutantes realizan impunemente por toda Gotham. También seguimos de cerca a la nueva Robin, cuyo "entrenamiento" es detener crímenes sin mucha importancia como a timadores. El Murciélago Cincuentón no se anda con rodeos, y con la confianza del daño que pueden causar sus puños y amenazas descubre que el General del Ejercito de USA le anduvo vendiendo armas a la gran pandilla dominante, así que ante esta inminente guerra que están a punto de desatar con semejante armamento, el Hombre Murciélago se entera de su paradero para dársela. Carrie hace lo mismo espiando a miembros de la pandilla misma.

Esa misma noche, en el vertedero, se encuentran Los Mutantes reunidos en derredor de su natural Lider (un ser que exagera monstruosamente las características de todos sus súbditos, y denota otro de los tropos del autor: los diseños de estilo masoquista) que con su discurso logra incentivarlos para desatar el caos y el genocidio sobre la ciudad. Batman dentro de su Batmobile, se acerca para interrumpirlo y acabar con ellos abriendo fuego, cañonazos y balas de goma.

Comúnmente, el Batmobile sólo no serviría para finiquitar a lo que es prácticamente un ejército entero, pero tengamos en cuenta que el coche debe igualar en bestialidad a su dueño, por lo que en este caso no es solo un coche... Este mastodonico artefacto es un tanque de guerra en toda regla, toda una revolución ya que en ese entonces nunca se había visto nada similar (de hecho, el concepto no fue reutilizado sino hasta el 2005 en el film Batman Begins). Es cierto, jamás se explica qué sucedió para que fuera modificado de esta manera y con esos equipajes, y si lo tratamos de implementar en otras misiones comunes del detective que no sean de destrucción total resulta impractico, pero aporta mucho a la mitología y personalidad de este universo, además de que visualmente es impactante e inolvidable.


Arrasando con toda la legión de jóvenes criminales, Batman llega hasta el Lider Mutante y, pese a todos los pronósticos, decide salir de su pequeña-gran fortaleza rodante y hacerle frente a frente. Grave error. En este primer encontronazo entre ambos es en donde más se nota el peso de la edad en el avejentado héroe, donde perece por tratar erróneamente en igualar la ferocidad de un rival mucho más joven y fuerte. Robin, quien hasta entonces se encontraba solo contemplando la escena, entra en acción para socorrer a Batman que, con su ayuda, logra desarmar a su contrincante. Perdiendo hectolitros y estando al borde de la  muerte, Carrie Kelley lleva al moribundo hombre al interior del Batmobile desde donde son trasladados a la Mansion Wayne

Una vez allí, el agradecido  protector de Gotham le revela su identidad a la joven e inexperta justiciera quien se proclama sin pelos en la lengua como la nueva Robin, gracias a su actitud es reclutada a la regla y dispuesta para entrenar, pese a la negativa del viejo Alfred. No había hablado del Mayordomo hasta el momento, lo cierto es que pese a no aportar absolutamente nada a la trama principal sirve como desahogo cómico, con su inconfundible humor cínico, en tanto embrollo de oscuridad y drama.

Remontandonos a la primera pelea en sí, recordemos que este es un regreso de Batman después de estar mucho tiempo inactivo, es decir, es un nuevo comienzo... Pese a tener cierta formación, es un principiante otra vez y con algunas vicisitudes, como su edad. Por lo que no es de extrañar que sus primeras acciones no salgan como lo esperaba, y como consecuencia nos queda un héroe demacrado en todo sentido, física y estéticamente. Ver sus ropas desgarradas, sus labios hinchados y cortes en varios lados de su cuerpo es un deleite visual. Puede que Frank Miller no sea un ilustrador detallista como para degustar estos detalles pero su estilo crudo, que estetiza la violencia, y con tomas que juegan siempre con la iluminación, recuso que se asemeja a las características del cine negro se denotan siempre en esta clase de escenas.


La trama se toma un descanso nuevamente por unas pocas páginas en las que repasamos la situación en Gotham. El Lider Mutante sigue haciendo estragos desde la comisaría, donde se encuentra apresado, ya que asesina al alcalde cuando intenta hacer pases con él. El movimiento Mutante crece y a su vez también aparecen más civiles reprendiendo a los criminales. El Caballero Oscuro comprende que a los Mutantes no los puede arrestar, como toda moda, siempre habrá uno detrás del otro, y como a toda moda, solo tiene que demostrar que tan ridícula es... Los tiene que humillar. A modo de primera misión, Carrie Kelley se encarga de infiltrarse como una Mutante y reunirlos a todos en un lodazal en donde Gordon, como último favor a su viejo amigo antes de retirarse definitivamente, enviará al Lider.

Nos dirigimos fuera de la ciudad, y vemos que el gobierno de los Estados Unidos se está comenzando a movilizarse por la presencia de Batman que esta excitando a los civiles y, en una magnifica secuencia que transforma la Bandera Americana en el símbolo de Superman, vemos cómo envían a este último a calmar las aguas, por cualquier costo y arreglar la situación. Éste es un claro ejemplo de cómo hacer mucho con poco, en unas escasas viñetas se deja bien asentado cual es la idea, el Último Hijo de Krypton representa la figura típica del superhéroe camp que se acostumbraba ver entre la década del 50 hasta los 70', un personaje políticamente correcto que no se permitía usar sus respectivos poderes para rebelarse sino para seguir alimentando a un sistema que lleva a la ruina su país. En otras palabras, Superman es la mascota de USA y tendrá que detener a su antiguo colega.


 Batman y el Lider Mutante caen al barro para dar rienda suelta a su batalla definitiva, todos los súbditos de este último atestiguan el suceso. La lucha es cuanto mínimo brutal, sucia en todo sentido, no solo porque se puede sentir el peso del barro y la sangre entre los contrincantes sino que sus movimientos son torpes, sólo como pueden serlo en el escenario donde se están moviendo. La sagaz escena va mostrando también como los Mutantes van discutiendo y cambiando su opinión dependiendo de cómo vaya evolucionando la confrontación, que llega a su clímax cuando el Hombre Murciélago le quiebra las piernas a su implacable enemigo. Los jóvenes criminales al presenciar esta humillación se disuelven, algunos Mutantes mantienen su línea, pero otros se inician y se reparten en otras bandas, y otro gran porcentaje se comienzan a identificar como Los Hijos de Batman. Estos últimos, con una falsa lealtad a su "inspirador", castigan con mano dura los crímenes con métodos severos, que no conocen de límite alguno, ni hacen diferencia por el grado de gravedad del delito cometido. En otras palabras, para ellos es lo mismo matar a un violador que a un infractor.



Teniendo en cuenta esto último, ¿qué tan equivocados están entonces los que se alzan en contra del Murciélago en la televisión? Si él realmente está influenciando grupos de jóvenes, y varios sectores de la ciudad para que sigan su camino y desestabilizar el supuesto "orden social". Esto nos crea una incógnita que sirve tanto para ésta como cualquier otra versión de Batman, ¿qué tan buena es una figura como él en un sistema democrático? Estamos hablando de un hombre disfrazado, cuya autoridad la ejerce simplemente por tener una economía mayor a la común, que traumado por presenciar el asesinato de sus padres a los 8 años, le grita a la sociedad que está ahí para ajusticiar a los criminales por mano propia, sin respetar ninguno de sus derechos y operar según solo lo que ÉL considere correcto. Se sitúa por arriba de las leyes que los rigen a todos, y le pone su símbolo a todos los artefactos que utiliza. Sin hablar de los niños que arrastró a su mundo de locura durante su trayectoria como "héroe". Un criminal  en toda regla, ¿eh?

 En ese sentido, la mirada que tiene Frank Miller de Batman es completamente lógica, un hombre así no puede ser representado de otra manera que no sea un loco, paranoico, egocéntrico y autoritario (no olvidemos la escena en la que expresa su desprecio para con los derechos humanos). Si bien esta personalidad está mucho más marcada en Dark Knight Strikes Again y All Star Batman and Robin,  la obra que hoy nos trae aquí ya tenía destellos bastante fuertes sobre ella. 

Pues bien, eso nos regresa una vez más a las consecuencias que tuvo el Comic Code Authority, y de cómo la gente veía a los superhéroes: Figuras que mal influenciaban a los jóvenes y fomentaban la violencia. The Dark Knight Returns es entonces una revolución premeditada, oscura, profunda y violenta como su propio protagonista, se mete en una industria donde predominaban las historias insulsas, "simpáticas" y coloridas, se ríe de ella presentando un Batman que, en una suerte de metaficción, hace una alegoría al estado de la industria post-Comics Code Autorithy y desestabiliza todo este orden Apto Para Todo Público, y también de sus lectores. Una propuesta así, de tener éxito, no podía aspirar menos que a cambiar todo para siempre. En cuanto a si lo que hace el Cruzado de la Capa está bien o mal, si la sociedad es su víctima o simplemente malinterpreta su actos, queda como una interrogante ambigua cuya respuesta la dará cada uno según su perspectiva.


Hunt the Dark Knight

En consecuencia al desarme de los Mutantes, dos de ellos van a parar con Bruno, una criminal de rasgos dudosos, pseudo-nazi (otro fetiche del autor) y secuaz del Joker. Al parecer el Príncipe Payaso del Crimen, otra figura de Gotham cuyos años ya se notan, ha estado durante los 10 años en los que Batman se tomó receso en estado vegetativo, mas cuando escuchó de su regreso no sólo volvió en sí mismo, sino a volver a realizar sus antiguas actividades desde Arkham. Es interesante lo que  Miller le dio al emblemático villano en esta obra, es la primera vez que se exploraba la relación simbiótica entre los eternos enemigos de esta manera, sin ningún rodeo se expone este amor homoerótico que yace entre los dos y esa clase de tensión sexual que se siente en cada pelea suya. Un concepto que hasta el día de la fecha sigue siendo explorado y desarrollado hasta el día de la fecha, causando estragos entre los lectores más ortodoxos y clásicos.

Lo que no ha prosperado tanto es su diseño, cuyas propuestas no fueron recicladas, aunque sí se convirtió en una versión sumamente memorable. Se presenta un Joker viejo y gordo, que se sitúa lejos del humanoide delgado y exagerado con el que se lo representaba en los 70' (¿cómo olvidar ese mentón de proporciones bíblicas? Sí aún su huella está marcada). RARA vez hace una mueca de sonrisa, se preocupa por su apariencia física (sus tendencias metrosexuales y refinadas coinciden completamente con su personalidad afeminada) y no utiliza ese bufonesco traje violeta, sino que lo cambia por un elegante smocking blanco. Hoy en día es un personaje más que versátil, pero esta era la primera ocasión que un Joker se salía del molde de una manera tan abrupta y clara.

En fin, el tercer tomo tiene como apertura la persecución de Batman y Robin a Bruno, quien fue sorprendida por ellos asaltando una tienda. El Protector de Gotham está interesado en saber sobre su jefe y el renacer de sus actividades, pero cuando después de una victoria toca el momento de interrogarla se ven interrumpidos por El Hombre del Mañana, cuyo arribo se hizo resentir por toda la ciudad. Posponen la charla pendiente que tienen, pero a nuestro protagonista ya se le nota el disgusto por esta visita. Simultáneamente, en los medios ya se está haciendo eco el desequilibrio social y, puntualmente, el surgimiento de los Hijos de Batman que traen como consecuencia la reaparición de Wolper, el psiquiatra pop, que esta vez tiene un nuevo paciente en recuperación: El Joker.


Ellen Yindel finalmente asume su rol como comisionada, tomando como primera medida la intolerancia a Batman y hacer efectiva una inminente orden de arresto para con él. La oficial Yindel es un personaje bastante ambiguo a decir verdad, puede resultar apática dada su rectitud y su posición negativa en cuanto a lo que nuestro héroe favorito representa, pero si tenemos en cuenta que simplemente hace su trabajo de manera correcta, resulta injusto acumular tanto rencor hacia ella. Ciertamente, representa exactamente el mismo ideal que el viejo Gordon en sus primeros años y le otorga a la obra exactamente el mismo contraste que él solía dar. 

La conversación entre Clark Kent y Bruce Wayne finalmente tiene lugar en lo que parece alguna quinta de este último. El devenido del gobierno trata inútilmente de apaciguar al endemoniado ex-Playboy de Gótica, concluyendo que en el momento en que alguien de arriba le de la orden de detenerlo, solo queda por esperar que el mejor prevalezca. Lo interesante de esa escena es lo que propone gráficamente, y la contradicción de este aparado con lo que se está contando. Se expone a un Clark majestuoso, una deidad que parece ser el motor vital de todo lo que le rodea, y a su vez, el Dios que habla es un individuo que se rebaja al nivel de humano, un subordinado de gobernantes con un poder claramente inferior a él. Con unos pocos juegos de colores, y composiciones acertadas, sentimos lo que Supes podría llegar a ser, lo que la humanidad el inhibe, ¿o lo que la Comics Code Authority le inhibió? A pesar de que a esta altura el autor aún conservaba el estilo comic-book y aún no había destellos tan claros de su estilo caricaturesco, el expresionismo desde ese entonces ya lo utilizaba como recurso.

El espíritu satírico-político del legendario autor neoyorquino se fortalece a partir de este punto. En una época donde en el Noveno Arte era impensado hablar de actualidad y meterse en la política, The Dark Knight Returns introduce al presidente Ronald Reagan, y no precisamente como un buen ciudadano, sino que se critica de manera dura el proceder del funcionario y se lo ridiculiza en varias ocasiones. Junto a Reagan, se introduce a la Guerra Fría como un elemento importantísimo para el argumento. Superman es enviado a una isla ficticia cercana a los Estados Unidos, Corto Maltés, ocupada por la URSS y todo su arsenal nuclear.

El Último Hijo de Krypton es el encargado de derribar todas las tropas soviéticas de la mencionada isla, sin lugar a dudas es impactante verlo asesinar soldados enemigos, derribar sus aviones y arrojar sus tanques como si nada. Más impotencia da aún saber que lo utilizan cual marioneta para esconder debajo de la alfombra las inconsistencias que el sistema de Reagan presenta, avivando más y más las llamas del conflicto. Mientras todo esto sucede, el arma más poderosa de USA narra cómo fue que los superhéroes fueron desapareciendo la Tierra, debido a que la sociedad cada vez se veía más opacada por la presencia de estos colosos, y asociaciones como las de padres empezaron a destruir su reputación... Hecho que obligó a desaparecer a algunos, y a otros a trabajar solo bajo la aprobación de las autoridades... De nuevo, como la Comics Code Authority. Mientras tanto, el presidente electo insiste en que ellos no serán los primeros en atacar al enemigo, aunque sea exactamente lo que están haciendo, ¡qué manera de reírse del patriotismo americano! (si tan solo el Miller actual lo hiciera un poco también...)


El Duque Blanco de la Muerte convence a Wolper de que le consiga alguna aparición televisiva para mostrarse como el "hombre nuevo" y "curado" que es, por consiguiente es introducido en un show banal conducido por David Endochrine (referencia clara a David Letterman). El Caballero Oscuro busca irrumpir en el lugar pero es emboscado por un grupo de policías comandados por Yindel, situación de la que no hubiera salido airoso de no ser rescatado por Carrie quien piloteaba su helicóptero de transporte.

Mientras tanto, en el estudio, y como no cabría esperar de otra manera en esta clase de shows, encontramos al psiquiatra culpando a Batman de la psicosis de su paciente, tildándolo de reprimido sexual, y utilizando el historial de asesinatos del maníaco de pelo verde como parte del circo televisivo. La escena llega a su climax cuando el Joker escapa luego de que sus niños-robos esparzan el gas de la risa por toda la sala, asesinando a todos los allí presentes, incluyendo al odioso psiquiatra que, puede tener un punto moral o no, pero era el final que seguramente todos queríamos para él.


Bruce visita a Selina Kyle, quien fue manipulada por el ahora fugitivo Payaso para enviar a una de sus chicas con un congresista, y ésta a su vez lo manipule para que él ordene un ataque nuclear sobre el Corto Maltés. Ella, disfrazada de Wonder Woman y presuntamente abusada, intenta advertir a su antiguo (pero nunca olvidado) de cuánto han cambiado las reglas del juego y qué tan peligroso es el terreno donde se está metiendo, aunque obviamente es en vano. En lo que parece ser un claro homenaje a la serie de Adam West, el Dúo Dinámico deduce que el próximo ataque del villano será en la feria que abrió en la ciudad, y se dirigen allí.

 Al salir del lugar, nuevamente se ven acorralados por la policía que llegó rápidamente al lugar, y nuevamente Robin es de gran ayuda para zafar del problema, y escapar en la bati-ala. Es muy interesante el planteamiento que tiene Miller aquí sobre la relación entre Batman y la Chica Maravilla, a pesar de no ser tan cruda y salvaje como la que hay con Dick Grayson en All Star Batman and Robin, la verdad es que a veces las actitudes del Caballero Oscuro son un tanto militares y estrictas para tratarse de una simple nena de 13 años que se sumó voluntariamente a su guerra, pero a su vez también esporádicamente aparece la matiz de padre e hija donde se denota un cariño natural que se tienen entre los dos. Por otro lado, apoya a la teoría de que Batman siempre va a necesitar un Robin, puesto a que este último es quien lo salva siempre de las situaciones extremas, el último recurso, en esta obra pasa frecuentemente y dudo mucho que sea casualidad.


Los justicieros enmascarados llegan a la feria, y confrontan al Joker y sus secuaces. Como es natural, la sidekick se ocupa se ocupa de los matones y de salvar a los rehenes, mientras que un enojado Caballero Oscuro persigue a su eterno adversario, con la intención de acabar de una buena vez con él y retribuir a todas las víctimas que se cargó por dejarlo vivir tanto tiempo. La secuencia es larga, pero dinámica y frenética, y nos pasea por varios lugares de la feria donde se crean situaciones narrativas muy ricas e interesantes, como en La Casa de los Espejos.

Vale la pena destacar la connotación super violenta con la que cuenta esta pelea. Los clásicos rivales pierden totalmente los estribos y le dan rienda suelta a su naturaleza sanguinaria, a esos sentimientos encontrados entre amor, odio y admiración que se tienen entre sí. Mediante puñaladas, hectolitros de sangre, batarangs clavados en distintas locaciones del cuerpo (¡hasta en un ojo!), estas dos emblemáticas figuras pop se reafirman a sí mismas en lo que es su asumido último encuentro. 

Una vez dentro del Túnel del Amor, se sienten los movimientos ya cansinos de Batman y el Joker, que se siguen despedazando como pueden. El Hombre Murciélago consigue romperle el cuello a su adversario, hasta el punto de dejarlo paralítico, pero al final se ve incapaz de asesinarlo, así que el Príncipe Payaso se aprovecha de esta debilidad suya para obtener el triunfo definitivo. Se termina de romper el cuello con la poca fuerza que le restaba, quitándose la vida y privando a su enemigo de poder acabar con él. Nuestro senil y agotado héroe, ahora además acusado de homicidio (puesto a que nadie atestiguó que no fue capaz de llevarlo a cabo) se recuesta al lado del cadáver de su "viejo amigo", y todo culmina de un modo sencillamente romántico.


The Dark Knight Falls

 El Cruzado de la Capa despierta, un equipo policial está listo para entrar a ejecutar, nuestro héroe coloca distintos explosivos en el Túnel, incluyendo uno en el cuerpo de su más primordial enemigo del que se despide con un escupitajo. Entre explosiones y salvajes golpizas, el dolorido cincuentón logra escapar del parque de diversiones con, para variar, la ayuda de su Chica Maravilla. Escena siguiente, damos el último ojo sobre Gotham, los medios reciben de manera negativa las hazañas de su Protector quien, para el dominio público, ha matado el Joker, y dejado hospitalizados a varios policías y malarias comunes. Los Hijos de Batman siguen actuando de su habitual manera extremista e ilimitada, disparando a quemarropa a una banda de ladrones que portaban caretas de Richard Nixon.

 La Unión Soviética toma represalias en consecuencia a los actos que cometió América en el número previo, lanza un misil nuclear que Superman se dispone a detener. Pese a no lograrlo, si lo desvía a una zona desértica que si bien es cercana, resulta segura para los habitantes del país. Sucesivamente, la marioneta de Reagan cae moribunda a una selva sudamericana, cuyas plantas le brindan la Energía Solar, que obtuvieron a través del proceso de la fotosíntesis, necesaria para volver a fortalecer al demacrado superhombre.

 Una escena maravillosa que encasilla definitivamente la mirada de Frank Miller sobre el personaje insignia de DComics. Pese a que lo utiliza para desglosar su mirada crítica al gobierno de Reagan, contemporáneo en esa época, y personificar toda la alegoría desarrollada del Comics Code Authority, el guionista de Born Again no olvida que sigue escribiendo a un hombre de bien, un hombre que bajó la cabeza pero para seguir haciendo lo correcto. Será un iluso, no habrá podido afrontar la situación y la carga que tenía sobre la espalda, pero sus intenciones siguen siendo nobles, él vino a la Tierra para protegerla como que sea, y a su vez la Tierra misma lo acoge a él, le brinda los recursos que precisa y ambos conviven en perfecta armonía. ¿Se dejó manipular por un gobierno que se está destruyéndolo todo? Seguro, pero lo hace porque es la única manera para él de seguir siéndole fiel al planeta que lo adoptó y lo tomó como propio.


 Debido a la explosión nuclear y su respectivo electromagnetismo, Estados Unidos se queda sin servicio eléctrico. Más puntualmente, en Gotham City se estrella un avión lo que aviva unas llamas que amenazan con dejar a la ciudad en cenizas y enloquece a los habitantes, quienes empiezan a saquear, robar y, en fin, traer el caos. Los Mutantes que quedaban activos salen de la comisaría, donde estaban encerrados y esto llama la atención de Los Hijos de Batman quienes se disponen a impartir la justicia en su singular modo. Batman y Robin llegan a la ciudad montando sus cabellos y reclutan a Los Hijos de Batman, a quienes les impiden utilizar armas de fuego y los limitan a sobrellevar las adversidades con el uso adecuado de su cerebro y sus puños, lo mismo hacen luego con Los Mutantes. Así, con la ayuda también del retirado James Gordon, obligan a los civiles a cooperar a devolverle a las calles la tranquilidad que tenían, a apagar el incendio y a solidarizarse. La policía, Ellen Yindel, los anti-Batman y los medios comprenden que el Caballero Oscuro fue el único capaz de traer paz a la ciudad, la única que ahora está exenta de criminalidad en el país.

 En contraposición a lo que refleja la escena anterior de la figura de Metropolis, Batman no baja la cabeza para aplacar el caos y hacer prosperar la paz, Batman se impone ante la ley, y por medios completamente autoritarios y anti-democráticos  comprende que la única manera de apaciguar a una sociedad enloquecida es obligarla a calmarse, tratarlos como la basura que demostraron ser. En una escena tan emocionante como asfixiante, Miller expone la hipocresía que afloraba en este entorno y demuestra que sí, Bruce Wayne es un criminal, un dictador despiadado, pero necesita serlo para salvar el día. También, por otro lado, establece las diferencias entre el Hombre Murciélago y el Hombre de Mañana, que sirven como antesala a lo que está por venir. Elijan su bando.


Se establece Crime Alley como el lugar para el encontronazo. Superman es recibido por cañonazos del Batmovil/tanque que, después de derribarlo, se entera que no era su contrincante el que lo conducía sino Carrie Kelley, quien se mantiene al margen luego. Oliver Queen, en su corta pero importante aparición, lo vuelve a ablandar con una flechazo lleno de kryptonita. Batman hace entonces su aparición con una armadura especial para la ocasión, que roba la energía de la ciudad entera para que lo acompañe en cada golpe. Se da entonces, lo que es un verdadero choque de colosos, y la que es, quizás, la pelea más importante en la historia de los cómics.

 Todo lo que se vino hilando en The Dark Knight Returns llega a su climax aquí, el auge de toda la historia. Dos individuos cuyos padres les enseñaron algo muy distinto. Dos individuos que tienen el mismo fin, pero sus medios y sus ideologías los llevan a ser enemigos naturales, combatientes inevitables. Donde sus padres murieron, donde él nació y acompañado por la fuerza de toda su ciudad, Batman se dispone a ser el único hombre que logró derrotar al semidiós que yace en su planeta. Sabe que matarlo carece de sentido, que no haría más que empeorar las cosas, prefiere dejar bien claro quien es la ley y que recuerde este momento para su proceder venidero. La revolución gana, las normas anticuadas de los cómics pierden, el Comics Code Authority queda obsoleto y olvidado.

 El vencedor es atacado por un paro cardíaco que lo deja fulminado debajo del mismo faro donde yacieron alguna vez los cuerpos de sus progenitores. Su identidad secreta es revelada al público, todos saben quien fue Batman. La Mansión Wayne es destruida por Alfred, quien también muere al instante. La fortuna de la emblemática familia de Gotham la hereda una prima lejana que asiste al funeral de Bruce, Kent la ve y comprende al instante lo que está sucediendo y le otorga su típica guiñada, señal de que los dejará tranquilos a cambio de ser discretos. En la Batcave, Bruce Wayne comienza a armar su ejército sucedido por su séquito, tiene a Green Arrow, Carrie Kelley, Los Hijos de Batman y a Los Mutantes con él. Una nueva guerra se aproxima, declarada a los verdaderos insensatos del mundo, nos los maleantes, sino los tiranos que traen la decadencia a sus pueblos. Cierre de telón y ovación de pie.


 ¿Qué más se puede agregar? Es difícil tener que puntuar una obra tan clave como esta, por más que se le pueda dar el máximo puntaje que la habitual escala del 1 al 10 ofrece, aún así no es suficiente para demostrar lo que significa The Dark Knight Returns. Es una obra que todo lo que hizo, lo hizo perfectamente y llevó a cabo una hazaña realmente difícil, por no decir imposible, que es transformar un medio y una industria desconstruyendola. Si hubo mejores creaciones después de ésta, es totalmente subjetivo y posible, pero aquí es donde se inició todo. Por eso mismo, Frank Miller y su imponente creación se convierten en el máximo referente del Noveno Arte y se guardan un lugarcito en la historia.

Puntaje: 10 de 10.

 Amigos, amigas, gracias por acompañarme en esta reseña. Realmente fue muy larga y costosa su realización, no obstante, me resultó vigorizante hablar de un cómic semejante, que tiene tanta tela para cortar y, sin dudas, es merecedora de un análisis tan complejo como este. Espero que lo hayan disfrutado y les sirva como antesala de cara al lanzamiento de The Dark Knight III: The Master Race. Pero ante de que eso suceda, hablaremos de la siempre controversial The Dark Knight Strikes Again, así que atentos. ¡Jokersaludos!

4 Batcomentario/s:

Mariano Romero dijo...

Reseñaza!!!. La verdad que hace mucho que esperaba una reseña del blog sobre este épica historia. Seguramente la han publicado ahora, debido a la inminente salida del DKIII, pero ojalá que puedan hacerlo con otros hitos de la historia de Batman. Lo único que deberías cuidar es la ortografía, pero eso es un problema menor y entendible teniendo en cuenta lo complicado que es realizar un texto de este tamaño.
Solo me queda agradecer, y felicitarte por semejante laburo. Saludos!.

Alexander Strauffon dijo...

Es de mis cómics favoritos.

Anónimo dijo...

Soy fan de superman, me dolerá admitirlo pero este comic ES UN OBRA MAESTRA, A PESAR DE HABER RIDICULIZADO A MI HÉROE FAVORITO.

Anónimo dijo...

Gracias.