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martes, 29 de diciembre de 2015

L’Enfant Terrible
(mais adorable)

“If you read this line, remember not the hand that wrote it
Remember only the verse, songmaker’s cry, the one without tears
For I’ve given this strength and it has become my only strength…”

Yo no quería que Damian Wayne resucitase tras morir en los eventos finales de Batman Incorporated.
Recuerdo haber escrito un panegírico al respecto titulado justamente “Por qué Damian no debe volver a vivir”.
No que el personaje no fuese de mi agrado, sino, más bien, porque Damian se había ganado mi corazón —un panegírico es justamente eso—.
No siempre fue así. Cuando Morrison —en su grandioso run de finales de la década del 2000— introdujo a este niño petulante, engreído y maleducado, yo estuve en el grupo de los que alzó la ceja escéptico ante este hijo de Batman sacado de debajo de la manga. ¿Qué diablos tenía que hacer un personaje así en medio del BatUniverse? ¿Quién lo necesitaba?
Tras despedir a Grayson en su papel de Robin, soportar la efímera estadía de Todd —sí, todos lo odiábamos en aquella época—, y recibir con entusiasmo a Drake; la verdad es que se nos hacía inconcebible el concepto de un nuevo Robin. Porque era obvio que este niñato pagado de sí mismo había llegado para tomar —¡robar!— el manto del sidekick por antonomasia.
Pero, ¿de dónde había sacado Morrison la idea tan arriesgada de introducir a un hijo de Bruce Wayne?
Aunque la tendencia natural sea remitirnos al Son of the Demon, de Mike W. Barr y Jerry Bingham —de 1987—, un elseworld donde se nos relata el matrimonio entre Bruce y Talia al Ghul, y el posterior nacimiento de un niño que es abandonado; Morrison ha declarado que, al momento de concebir al personaje, no había leído el cómic en cuestión, y su inspiración venía más bien del DC Special Series #15 de 1978 titulado I Now Pronounce You Batman And Wife!, escrito por Dennis O’Neil.


El Robin Rises: Red Dawn Omega, sin embargo, establece a Son of Demon como parte del canon. Pero aquello sería años más tarde —2014 para ser más preciso—. En aquel momento, nuestra inquietud era otra:
Su debut en escena —en el ahora memorable Batman #656 de octubre de 2006— de inmediato nos puso sobre aviso de las intenciones de este hijo aparecido de la nada y los siguientes números asentaron aún más la idea de que su presencia sería larga, con carácter de permanente: ya al final del siguiente número nos encontramos a Damian pateando el trasero de Tim, colocándose el uniforme que alguna vez perteneciera a Jason, para mayor inri, y presentándose con completo descaro ante Batman, reclamando lo que él pensaba que era su ius sanguinis.



Pero esta toma de posesión en el BatUniverse no iba sólo dirigida como afrenta a Batman mismo, sino que nos parecía deliberadamente dirigida a nosotros, el público.
¿Cómo habría de resultar?
A medida que los eventos conducentes a Batman R.I.P. tomaban brío y veíamos, fascinados, cómo Morrison tomaba lo más burdo y sicódelico sobre el Murciélago de Gotham que se había producido en los cincuenta y sesenta y lo reconvertía en una nueva mitología que fortalecía y revitalizaba a BatmanDamian empezaba a crecer como personaje. Poco a poco se convertía en una pieza vital para definir a su mismo padre, para descubrirnos a un Bruce Wayne que apenas podíamos avistar en su relación con los anteriores Robin.
El maldito bastardo se ganaba, página a página, viñeta tras viñeta, nuestros corazones. Descubrimos cómo bajo la figura de este pequeño asesino, heredero del imperio al Ghul, existía un niño que nunca se había sentido realmente querido sin tener que exponer vez tras vez sus habilidades de verdadero ḥaššāšīn. Un hijo en busca de una figura paternal que Bruce Wayne no era del todo capaz de cumplimentar. A decir verdad, un hijo aprendiendo a ser hijo y un padre aprendiendo a ser padre.


Aquella dialéctica nos fue atrapando en su dinámica y más pronto que tarde, Damian Wayne se nos volvió indispensable.
Pero su verdadera revelación como personaje, como Robin, vendría tras la muerte de su padre en el citado Batman R.I.P. y el paralelo Final Crisis: desaparecido Batman, alguien debía tomar su manto y Dick Grayson, el Robin original, se vistió la capucha y la capa —como leímos en el arco Battle for the Cowl de inicios de 2009—. Y, tras él, Damian reclamó su puesto como el sidekick oficial.
Los nuevos Batman y Robin —escritos por el mismo Morrison y dibujados exquisitamente por Frank Quitely— hicieron su debut en agosto de 2009. Una de las series y versiones más memorables que ha tenido el Dúo Dinámico desde su debut, setenta y cinco años atrás. Título que no sólo revitalizó el concepto de Batman y Robin en sí, sino que posicionó definitivamente a Damian en el BatUniverse.


Tras el regreso del Batman original, la saga Batman Incorporated siguió añadiendo matices a la construcción del personaje de Damian Wayne, título que permitió, además, que al momento del reboot de DC en 2011 —los a ratos penosos The New 52—, el joven hijo de Batman fuese de los pocos personajes que conservase su personalidad íntegra: acertadamente —como pocas cosas en The New 52—, la línea argumental de Batman Incorporated se mantuvo incólume en la transición y pudimos seguir a padre e hijo en su batalla contra los nefastos planes de Heretic y su maestro —que se nos revelaría como Talia al Ghul misma—. Planes que, finalmente, nos llevarían a uno de los momentos más dolorosos del BatUniverse: la muerte de Damian a manos de Heretic, su casi medio hermano.
Y nos quedamos todos en suspense, transidos por una pérdida que no imaginábamos que fuera posible.
Antes, durante el run original de Morrison, ya habíamos tenido un vistazo de Damian adulto portando el manto de su padre; y la miniserie de cuatro números titulada Damian: Son of Batman —2013—, escrita y dibujada por Andy Kubert el creador artístico del personaje, nos había reafirmado esa versión. ¿Cómo era posible que Morrison se lo cargase de buenas a primeras?


Acostumbrados a los giros de guión forzados por las editoriales, creo que todos apostamos porque la muerte sería temporal.
No nos equivocamos. Aunque la intención de Morrison era dejarlo muerto, DC no estaba dispuesto a perder un personaje con tanto paño por recortar aún.
En ese escenario escribí aquel “Por qué Damian no debe volver a vivir”.
El personaje me había enamorado. Como a tantos otros, el rechazo inicial se había transformado en incondicional admiración. Una suerte de hijo propio que deseábamos ver crecer en las páginas del BatUniverse. Pero ya que había fallecido —y de un modo tan glorioso, completamente reivindicado como un Wayne noble y altruista—, el mejor honor que se le podía hacer era dejarlo muerto. Para que su terrible partida no quedara en un mero gesto comercial. Sabíamos que lo veríamos en versiones alternas —como de hecho ha ocurrido en Injustice: Gods Among Us y Batman: the Brave and the Bold—, pero queríamos que el original quedara en nuestras retinas grabado en aquel momento sublime en que brilló como una nova, justamente un instante antes apagarse entre los estertores de la muerte a filo de espada.
La historia, bien saben ustedes, no fue así.
El título Batman and Robin acogió un largo arco en busca del cadáver de Damian que culminó en Apokolips mismo y tuvo su epílogo en la Batcave, con la Familia reconciliada de algún modo —tras Death of the Family— y con la hermosa imagen de Bruce estrechando a su hijo resucitado.


Todo justo antes del reciente Convergence que tuvo, de resultas, un nuevo título —desaparecido Batman and Robin— llamado Robin: Son of Batman, en el cual Damian, acompañado de una bestia llamada Goliath y de una nueva versión de Nobody, intenta resarcir todo el daño que hizo alrededor del mundo mientras aún estaba bajo la tutela de su madre y el cobijo de su siniestro abuelo Ra’s al Ghul. Una suerte de iniciación llamada Year of Blood, escrita y dibujada magníficamente por Patrick Gleason que sabe darle a Damian un look de niño malas pulgas, pero vulnerable a la vez.
Serie que lo empuja a nuevas alturas, que le permite seguir evolucionando y que lo tiene transformado en uno de los caracteres mejor construidos del universo actual de DC, un personaje que ahora agradecemos que haya vuelto a la vida y que esperamos acompañar por mucho tiempo —en lo más inmediato, dentro de la recién lanzada RobinWar—.

“…Comforting home, mother’s lap, chance for immortality
Where being wanted became a thrill I never knew
The sweet piano writing down my life”

(“Dead boy’s Poem”, Nightwish)

2 Batcomentario/s:

Ezequiel Castro dijo...

Excelente mena... L’Enfant Terrible JEJEJE un artículo muy SOLIDO ;)

Lichu dijo...

El Robin que no sabíamos que necesitábamos hasta que lo tuvimos frente a nuestros ojos. Un pequeño y adorable bastardo que siempre llevaré en mi corazón nerd.

Lichu.