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jueves, 31 de diciembre de 2015

REFLEXIÓN A TRES COLORES

El rojo, el amarillo y el verde son los colores que, a través de las décadas, han distinguido al sidekick por excelencia del mundo de los superhéroes. La triada de colores identifica sin el más mínimo margen de error al compañero más reconocido de héroe alguno: Robin, the Boy Wonder.
Pero el concepto del sidekick no comenzó, ni mucho menos se inventó, hace setenta y cinco años, cuando Robin hizo su debut en el número #38 de Detective Comics —en abril de 1940—. El compañero del héroe es un concepto que la tradición —oral primero, escrita después— ha impuesto desde que se contaban hazañas a la luz del fuego en el inicio de los tiempos. Como Yolao, el auriga de Heracles —o Hércules—.
O como el profeta bíblico Elías y su sucesor Eliseo.
O como ocurriría en la Edad Media con los caballeros y sus escuderos.
Como ocurrió con Sherlock Holmes y Watson.
El sidekick siempre ha estado presente para apoyar, para complementar e incluso para amonestar al héroe que secunda.

Portada de Detective Comics #38 de abril de 1940, primera aparición de Robin (Dick Grayson).

La historia de los Robin y su relación con Batman no ha estado ajena a esta fórmula que, con más de siete décadas de desarrollo ha alcanzado infinidad de variedades de expresión, comenzando con el pupilo bajo el tutelaje de un mentor, hasta el hijo aceptando a regañadientes la disciplina del padre.
La historia eterna de un niño que entra al mundo teñido de rojo de los adultos.

ROJO
Hablar de Robin es hablar ineludiblemente de Batman.
Robin nace con un motivo muy claro: ser el compañero de Batman —el sidekick, al decir de los estadounidenses—. Y la causa es muy clara, a la vez que dual. Traer un personaje liviano a un cómic que pasaba por muy oscuro y violento.
Claro, estamos hablando en el contexto de fines de los años treinta y comienzos de los cuarenta, cuando el concepto de lo que era la violencia resultaba más afinado de lo que es ahora.
Sí. Hablar de Robin es hablar de Batman. Para cambiar ese status noir —o seudonoir—, es que se crea a Robin.
Pero también —atendiendo a nuestra definición de causa dual— nace por una razón puramente monetaria. Tener a un niño en las aventuras, garantizaba el acceso a un nuevo público, el infantil, que podría sentirse identificado por el Boy Wonder.
Sin embargo, la historia ha demostrado que ser Robin es también entrar en el mundo oscuro de Batman: así como en los sesenta —gracias a la persecución del doctor Fredric WerthamBatman se Robin-iza; al mediar los setenta, asistimos a la Batman-ización de Robin.
Aquel que debía ser su opuesto, termina siendo casi un clon de su tutor, salvado apenas por lo coloriche de su uniforme.
Si ha vestido siempre con el rojo presente, es porque Robin es siempre un niño que irrumpe en un mundo adulto lleno de crímenes, dolor y, muchas veces, sangre.

Jason Todd, segundo Robin, muerto y resucitado como Red Hood.

¿Es necesaria la presencia de un niño disfrazado en tal escenario?
Obviamente, mirado desde una perspectiva realista, la sola idea de incluir a un menor en aventuras que lindan con lo letal es una grave falta de responsabilidad que habla muy mal de Batman; pero estamos ante un personaje de comics, donde siempre hay una razón ulterior para lo que se hace.
Robin es necesario porque entre la oscuridad de cualquier sórdido caso que el Detective esté investigando, el sidekick es el cable a tierra, aquel que limita las acciones del héroe encapotado y le recuerda por qué alguna vez decidió ponerse el manto y combatir el crimen en Gotham.
En medio de la violencia roja, Robin es, en cierto modo, la amarilla luz que necesita Batman para no perder el rumbo.

AMARILLO
Ciertamente, los colores vívidos que cada Robin ha portado contrastan con el siempre grisáceo Batman —cuando no derechamente negro—.
El amarillo flameante de su capa entre los tejados de Gotham, saltando de azotea en azotea junto a su mentor, es una antorcha que pretende traer esperanza… y también alegría.
Una característica que distinguió siempre al Robin original fue su humor, sus ingeniosas frases y el alivio que proporcionaba en medio de las situaciones más duras.
Los posteriores Robin, nacidos en tiempos más peligrosos, reemplazaron el humor ingenuo por una ironía a veces amarga, pero siempre con el fin de distender la trama. Aun cuando se trate de Damian, un niño que nunca fue niño hasta que se acercó a su padre, Batman.
Resulta, asimismo, un efectivo contrapunto con el héroe, lo que fortalece todavía más el carácter serio e intransigente de Batman.
Sí, hablar de Robin, es hablar de Batman.
Porque si, por contraste, Batman nos es explicado a causa de Robin; Robin también es definido por la sombra de su tutor: el muchacho que siempre lucha por estar a la altura, por cumplir lo que se pide de él.

Tim Drake, el tercer Robin y real émulo de Batman. Asumiría luego como Red Robin.

Robin nunca sería lo que es, si no tuviera una vara tan alta con la cual medirse. Meta que, si es lograda, le permite despojarse de su traje colorido y asumir su real personalidad —como en su momento hizo Grayson, transformándose en Nightwing—, y que si no es alcanzada a satisfacción de igual modo lleva al muchacho a transformarse —como Todd y Red Hood, aunque la negación sea la motivación principal—. Héroes por derecho propio —con una innegable filiación al hombre que los formó—.
¿Será esta premisa aún válida en los caminos que los cómics en general han tomado? —nos referimos, obviamente, a los del género superheroico.—
Hoy el sidekick ha tomado otras formas y el primero de ellos no ha escapado a esta redefinición del término. Cuando la mayoría de los compañeros de superhéroes han desaparecido y son versiones más juveniles de sus anteriores mentores con historias enteramente independientes, pareciera que el concepto tradicional sigue aferrándose al mundo de Batman, pero bajo el tamiz de los nuevos tiempos. Una manera de mantener siempre verde los terrenos de la BatFamily.

VERDE
¿Resulta anacrónico Robin hoy en día? ¿Puede reinventarse el concepto una vez más?
Mientras en los demás títulos de DC —e incluso de otras editoriales—, el sidekick ha desaparecido casi por completo; dentro de Batman el tema vuelve vez tras vez.
¿Por qué esa insistencia? ¿Por qué, aparte del Robin oficial de turno, siempre rondan en las páginas de Batman posibles candidatos para acompañar al héroe? Baste recordar cómo en la etapa The New 52, tras la muerte de Damian Wayne, se nos insinuó la posibilidad de que una Harper Row tomara el manto rojoamarilloverde; e incluso vimos a una Carry Kelley apareciendo un par de veces. Y hoy mismo, Duke Thomas coquetea con la posibilidad.
¿Qué hace tan vital que Batman tenga a un Robin a su lado?

El último Robin oficial, Damian Wayne, hijo de Bruce.

Volvemos al mismo punto: Batman necesita ser definido por un Robin.
La gracia ha estado en que, cada vez que nos enfrentamos a un nuevo sidekick, el concepto es renovado, asume alguna variante. Pero siempre con la misión de traer frescura a una historia que, de por sí, siempre es muy pesada y oscura.
Batman, repetimos, necesita a Robin.
E, incluso, nosotros necesitamos a Robin. Nos hemos acostumbrado a su presencia. Se nos hace difícil concebir a Batman sin él.
Es el respiro preciso que necesitamos cuando el ambiente en Gotham se hace demasiado denso. Es la frescura que mantiene vigente a Batman.
Es lo que lo distingue aun más de los otros tipos de superhéroes porque, gracias a Robin, tenemos a un Batman que, en su humanidad, no sólo intenta salvar la ciudad del villano de turno, sino que también —y quizá en mayor medida— ayudar a ese muchacho a su lado a hacerse un hombre. Y eso, sólo lo hacen los grandes héroes de la vida real, los padres.
Lo más probable es que cuando Bill Finger, Jerry Robinson y Bob Kane crearon a Robin, no hayan tenido en mente todos estos puntos de vista; pero el tiempo —y con él, los distintos autores— han tomado al personaje y le han dotado de una complejidad a la par del personaje principal. Lo han vuelto tan indispensable como a Batman mismo. Han incorporado matices, detalles. Lo han interrelacionado con el encapotado de tal manera que no es posible entender al uno, sin conocer al otro.

Estudios preliminares de Robin hechos por Robinson, de quien se dice habría tomado el nombre.

El último gran giro fue introducido por Grant Morrison, al incorporar a un hijo de Batman como sidekick. Aquella fue una aproximación nueva a un tema con años. Hoy sabemos de una agrupación de Robin —en el título We Are Robin— que nuevamente están trastocando y agregando verdor al concepto.

Si hoy Robin cumple setenta y cinco años acompañando al superhéroe más importante de DC, su vigencia y necesidad no parecen verse afectadas por el tiempo transcurrido. Uno puede querer u odiar a Robin. Pero está ahí, casi desde el mismo inicio. No podemos darnos el lujo de prescindir de él.

¡Larga vida a Robin! Sea quien sea el que porte el uniforme rojo, amarillo y verde del sidekick por excelencia.

4 Batcomentario/s:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por la semana de Robin!
Os dejo este enlace por si alguien quiere leer el origen clásico de Robin online y en español

http://www.comiczine.es/leer-online-primera-aparicion-robin/


Adolfo.

Lichu dijo...

Mena: Muchísimas gracias por tu trabajo a lo largo de este especial. #LaSemanaDeRobin no hubiera sido lo mismo sin tus invaluables aportes :)

Lichu.

Anónimo dijo...

Que buenos articulos se mandan !! Mis felicitaciones y Robin al igual que Batman es un simbolo/legado fundamental. Batgirl, Batwoman, Nightwing, Red Robin son simbolos derivados de Batman y Robin :)

pipejrm dijo...

Hecho de menos leer el artículo diario sobre Dick y sus herederos. Genial trabajo realizaron, muchas gracias por todas y cada una de las entradas del blog!