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jueves, 18 de febrero de 2016


"A Bitter Pill to Swallow"
Guion: Megan Mostyn-Brown.
Dirección: Louis Shaw Milito.

Con Barbara Kean fuera de juego y Galavan tras las rejas, vientos de paz se arremolinan en la vida del detective James Gordon. No obstante, se trata de la calma antes de la tormenta. Tabitha Galavan se relame las heridas, pero el reposo no detendrá sus ávidas ansias de venganza contra el hombre que lastimó a su amante. Por otro lado, Bruce se esfuerza en sonsacarle algo sobre el asesinato de sus padres a Silver, pero Alfred no se muestra muy cómodo con la idea, y no se molesta en disimularlo. Mientras tanto, Nigma insiste en forjar una relación con Oswald para que pueda guiarlo en esta nueva etapa de su vida pero, tras su riña con Galavan y la muerte de su madre, el Pingüino está quebrado y nadie parece capaz de juntar todas sus piezas, ¿podrá Edward? Ya saben lo que dicen: DC los cría y Gotham los amontona. Advertencia: hay spoilers.

"A Bitter Pill to Swallow" es un episodio que tranquilamente puede ser catalogado como capítulo de transición, pero eso no significa que nos prive de la acción, tensión y dinamismo al que ya nos tiene acostumbrado esta segunda temporada. A excepción del final, la trama central avanza a cuenta gotas, pero no es ninguna sorpresa si tenemos en cuenta lo vertiginoso que fue el episodio anterior. Así, nos encontramos con un argumento que busca compensar el pobre desarrollo de la historia principal y que, en cierta forma, lo consigue. El capítulo fue promocionado como el gran debut de Flamingo a la pantalla chica, siendo en realidad su segunda aparición oficial fuera de las páginas del cómic ya que anteriormente tuvo una pequeña participación en la serie animada “Batman: The Brave and the Bold”. Para aquellos que se declaran ignorantes, Eduardo Flamingo es un villano, asesino profesional, creado por el afamado escritor Grant Morrison para las páginas de “Batmand and Robin” v1 y, a pesar de su breve participación, el personaje captó la atención de una gran cantidad de lectores, como casi todo lo que crea e imagina el escocés.


Si la adaptación que “Gotham” hizo de Flamingo le hace o no justicia al personaje, es algo que discutiremos más adelante, ahora centrémonos en la propuesta del episodio que, más allá de ser
relleno, no deja de ser llamativo. Con Galavan tras las rejas, Tabitha decide tomar las riendas del asunto, teniendo como principal objetivo acabar con Jim Gordon. No obstante, hay un inconveniente, los más avispados recordarán que el detective consiguió herirle el brazo en el episodio anterior, por lo que se encuentra incapacitada para llevar a cabo el asesinato por mano propia. Aquí viene lo interesante: es así como Tabi resuelve contratar a sicarios profesionales para que se encarguen del trabajo y, aunque toda la cuestión pudo haber sido bastante insípida, lo cierto es que se esforzaron bastante en darle personalidad a esta especie de organización criminal de asesinos. Empezando por su administradora, una enigmática mujer entrada en años cuya identidad desconocemos, pero que desde un principio se define a sí misma como “alguien que cree en la belleza de las medidas extremas”. Además de esta particular mujer, el lugar entero en donde operan estos criminales es llamativo de por sí, porque en vez de tratarse de un cuartel o bar de mala muerte, es en realidad una especie de club-casino personal repleto de lujos y comodidades. Realmente da la sensación de estar tratando con las altas esferas de Gotham, y que el bueno de Jimbo va a estar en serios problemas. A decir verdad, es una de las organizaciones más interesantes vistas hasta ahora en toda la serie, siendo lo más cercano a una Sociedad Secreta de Súper-Villanos que se pueda a imaginar en el universo de "Gotham". Lamentablemente, no creo que su participación traspase la de este episodio.

Es así como todo conduce a lo que, hasta el momento, es la mejor pelea de puño limpio de lo que va la serie. En el pequeño espacio reducido de un ascensor, camino al apartamento de Galavan en busca de más evidencias incriminatorias, el detective tiene un encontronazo con el primer asesino contratado, el cual al principio simulaba ser un hombre bonachón pero, en cuanto tuvo la oportunidad, intentó estrangular a Jim con cuerda de piano. ¿Cliché? Posiblemente. ¿Menos efectivo o entretenido por ello? Lo dudo. La escena es estupenda, y lo más importante en las peleas de este tipo: no se siente coreografiada. Por supuesto, Gordon sale vencedor y consigue llegar al piso de Galavan, donde Barnes, un forense y otra oficial lo estaban esperando. Gordon comienza a interrogar a su atacante, pero lo único que consigue son burlas y risas, porque al parecer más asesinos vendrán por él y le augura una muerte segura.

Entonces se produce un pequeño tiroteo en donde se pone en duda la verdadera profesionalidad de estos asesinos, ya que los tres son abatidos con relativa facilidad, aunque no sin antes llevarse al forense degollándolo. Tras el tiroteo, Barnes decide que no se quedarán a esperar la llegada de más asesinos pero Gordon, tras descubrir una túnica de monje oculta bajo el concreto de una pared, insiste en quedarse argumentando que es el único lugar en donde podrán encontrar pruebas contra Galavan y que, al abandonarlo, posiblemente dichas pruebas desaparezcan. En el medio de la discusión, uno de los asesinos abatidos recupera la conciencia y realiza un furtivo ataque de cuchillo que termina penetrando en el muslo de Barnes provocando una severa hemorragia, mientras que el capitán responde con disparos que acaban con su agresor.

Ahora sí, lo que muchos esperaban: la introducción de Flamingo a la trama. Eduardo Flamingo se nos presenta como un maniático asesino hispano con tendencias caníbales, cuya credencial al “Club de Asesinos” se le fue revocada precisamente por este último comportamiento. Pero tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, y es entonces cuando la jefa llama a Flamingo para que se encargue de una vez por todas del detective James Gordon. Es entonces cuando posiblemente lo más decepcionante del episodio tiene lugar. Luego de asesinar a cuatro policías armados por su cuenta, la pelea “mano a mano” entre Jim y Eduardo se resuelve de la manera menos imaginativa posible. Flamingo cuenta con una cadena, luego de un par de porrazos con ella a las piernas del detective, éste logra devolverle un par de buenos golpes, revirtiendo así el curso de la pelea y dejando fuera al, en teoría, imparable Flamingo. Todo ocurre tan rápido y la pelea es tan insustancial que ni siquiera vale la pena dar detalles al respecto, créanme, mi descripción anterior es más que suficiente. Y es que además del nombre, poco tiene de parecido este Flamingo al excéntrico personaje creado por Morrison.


Todo lector de Morrison sabe que, de hecho, una de las principales características de Flamingo es su inexplicable nula convicción para comunicarse, apenas si masculla de vez en cuando; pero este Flamingo sí habla, y hasta insta al oficial Gordon para que lo mate. Pero bien, esto es una serie de televisión no un cómic, está claro que un personaje mudo no es lo más atrayente para este tipo de público, es comprensible, sin embargo, muchas otras de las características que hacen de Flamingo, Flamingo, no están presentes. Su estrafalaria vestimenta, su bestial motocicleta o su excepcional resistencia al daño, nada de eso está aquí, y esto último es quizá lo más importante porque ya comenté como Jim lo derribó de un par de golpes, cuando en el cómic pudo resistir un balazo en el hombre sin ningún problema. No es un insulto al personaje tampoco, porque Flamingo no tiene tanta trayectoria como para que una re-interpretación le afecte, sin embargo, pasó sin pena ni gloria, y a los ojos de aquellos que no leen los cómics, fue solo un simple asesino más.

La acción de la trama principal termina ahí, pero el concepto filosófico el cual abordaba no, porque con todo esto buscaban demostrar que Gordon aún no se había convertido en un monstruo y no estaba dispuesto a cruzar la lineal final: el asesinato. Un concepto ya abordado hasta el cansancio, no solo en “Gotham”, sino en todo el bativerso. El matar o no matar es uno de los grandes conflictos con el que ha tenido que convivir Batman a lo largo de toda su carrera. Y acompañando a toda esta temática tenemos a Leslie, que teme que su novio cruce esa línea y aflore su lado oscuro, de hecho, teme que Barbara Kean lo haga aflorar. Personalmente lo de Leslie me parece mucho drama injustificado, puesto que Gordon ha demostrado estar en control muchas veces y su nulo interés por Barbara está más que claro, pero bueno, hacer que un personaje dude de la convicción de otro supongo que le da más “tensión” al ambiente, aunque a mí no me convence. Por otro lado, en el departamento de Galavan, a la espera de refuerzos y una ambulancia, Barnes le da a Gordon un discursito sobre la moral y sobre esa supuesta línea que nunca debe cruzar. La conclusión: no hay línea, solo existe la ley. Ese discurso fue un poco más convincente pero, como habrán notado, también muy conveniente para el contexto y poco disimulado. Por último, y como lección final, se podría decir que Gordon aprende que todo acto tiene su consecuencia, incluso uno moral y correcto. Tras haberle perdonado la vida a Flamingo, éste asesina sanguinariamente a la oficial Parks, que acompañó a Barnes y a Jim durante el tiroteo con los asesinos, así el detective siente todavía más culpa. En fin, aunque no se puede negar que es una buena síntesis de todo el asunto: todo tiene sus consecuencias, todo

Por supuesto, además de la trama principal que acabo de comentar, también están las sub-tramas, que al menos en este caso son únicamente dos, una más presente que la otra. En primer lugar tenemos a Bruce, tratando de conseguir un acercamiento con Silver luego de lo ocurrido a su tío aunque, en realidad, sus verdaderas intenciones son las de incitar a la joven St. Cloud a que le diga el nombre del asesino de sus padres, que supuestamente estaba en manos de Galavan. Lamentablemente para Bruce, a Alfred no le agrada ni un poco la idea, aún conociendo el verdadero objetivo del joven Wayne, puesto que cree que no tiene las habilidades necesarias para engañar a esa jovencita. En fin, una sub-trama bastante insustancial, debido a que no colabora mucho al trasfondo de la historia, sin embargo, al final aparece Selina, dispuesta a demostrar a Bruce el fraude que Silver realmente es, por supuesto, aquello ocurrirá recién en la próxima entrega, porque como dije, este es un episodio de transición.


No obstante, sí hay una línea argumental que dio pasos sólidos en este capítulo, y es la de Nigma y Oswald, de hecho, una generosa parte del capítulo se le es dedicada a estos dos, y en cierta forma lo valen. La actitud de Edward de mirar al Pingüino como su mentor que lo guiará en este nuevo camino de la criminalidad, me resulta un tanto infantil, incluso para un personaje como Nigma pero en fin, una vez que te tragas ese brillo de admiración en los ojos de Ed al ver a un señor del crimen tan renombrado como Cobblepot, las demás líneas y diálogos resultas no solo coherentes, sino que satisfactorias. Ver a estos dos juntos genera un cierto placer difícil de explicar, uno que tal vez provenga del hecho de saber que dos grandes enemigos de un futuro Batman están uniendo fuerzas, dos pesos pesados, y eso, quieras o no, es emocionante por sí solo. Ver como Nigma trata de recomponer a Oswald tras la muerte de su querida madre es interesante y, en cierto modo, le otorga al personaje un nuevo sentido de mando y liderazgo que anteriormente no habíamos podido apreciar. Sí, todo un avance, y sobre todo, disfrutable.

En conclusión es un buen capítulo. A pesar de tratarse de un episodio de transición, que no buscaba avanzar mucho en la trama, logra entretener gracias a estupendas escenas de acción, una emocionante organización criminal como enemiga, y decentes tiroteos. La gran decepción sin dudas fue Flamingo, pero aún así, cumplió su función en esta entrega y tampoco es suficiente como para presentar queja, solo se queda en eso, en una decepción. ¡Hasta la próxima reseña!

Nota: 7.0/10. (Recomendable)

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