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martes, 29 de marzo de 2016

Reseña: "Black Canary" #9


¿Es “Black Canary” #9 la historieta de relleno perfecta?

Vacilo en darle ese título, pues algunas de las razones por las que me entretuvo van de la mano con mis gustos personales, como la bella portada de Guillem March y que el nombre de la historia sea el título de una canción de los Smiths. ¿Pero la otra mitad? La otra mitad es objetivamente buena.  

El equipo creativo regular ha desaparecido, y en su lugar el guionista Matthew Rosenberg y un Moritat sorpresivamente genial (recientemente me topé con un lado poco halagador de su arte en "Batgirl") toman las riendas del libro. El resultado es una historia que, a pesar de ser inconsecuente, es inmensamente entretenida y cautivadora.

La primera página es una promesa, no, ¡una declaración! de Rosenberg y Moritat sobre el espíritu de esta historieta: El rostro de Dinah rodeado por una cabellera fuera de control tal fuera una pintura de Roy Linchestein con problemas de ira, reta a los lectores a una faena con ella. Nuestra heroína esta lista para la violencia. Siendo exactamente lo que encuentra en las siguientes veinte y tanto de hojas.


Antes de los extraterrestres, los espías, los ninjas y las criaturas compuestas de sonido viviente. Black Canary realizó un concierto secreto para el cumpleaños de su mayor admiradora, Julia Madden, hija de Alegra Madden, nieta de Carmine Falcone

Para desgracia de Dinah, a este evento privado asistieron luminarias de Gotham como The Whale, Profesor Pyg, Black Mask y Hugo Strange. Además de unos cinco, tal vez seis, asesinos tras la cabeza de la adorable chiquilla.

Rosenberg se divierte con la moral comprometida de Dinah, quien ahoga en alcohol la frustración de estar en un cuarto rodeada de súper criminales a los que no puede patearles el trasero porque necesita el dinero del toque, lo cual demuestra lo fácil que se puede torcer la integrad de un héroe con problemas económicos.

Por suerte para nuestra heroína, en lo que está por anunciarle a la banda la cancelación del concierto en pro de mantener su rectitud intacta, se topa con un ex colega que le da la oportunidad perfecta para ventilar sus frustraciones. Pues a como mencioné antes, hay un montón de matones en la fiesta con la intención de que este sea el último cumpleaños de la niña mimada.


Y así Dinah y Moritat dan rienda suelta a su talento. Los lápices libres del segundo hacen bailar con destreza y fluidez a las piernas letales de la primera, en una página doble donde Dinah se deshace de los mercenarios sin arruinarle su día especial a Julia. La chica y el artista transitan sin esfuerzo del combate furtivo al escenario explosivo, con la banda tocando y protegiendo a la niña del último asesino al mismo tiempo.

Al servicio de Rosenberg, Moritat delinea paneles inventivos que complementan su estilo “cuty-cartoony” y sirven con destreza a la acción. Durante el concierto, la imagen inicial de Dinah gritando reaparece dentro de un pequeño panel, re-contextualizando su invitación al combate. La faena es igual de intensa en un cuarto lleno de enemigos a como en una tarima frente a una masa de fanáticos frenéticos… que en esta ocasión consiste de dichos enemigos.


Dejemos las dudas a un lado, “Black Canary” #9 es la historieta de relleno perfecta. Con el futuro de la serie en el limbo tras su ausencia en la presentación de “Rebirth” (seamos realistas, se acerca el fin), me gustaría imaginar un mundo de posibilidades donde Rosenberg y Moritat toman las riendas después de Brenden Fletcher y Annie Wu. Si, un mundo de posibilidades violentas.

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