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viernes, 22 de abril de 2016

BIRD CAGE

Título: Street Fight (#7); Rage (#8)
Escritor: Brian Buccellato
Artista: Mike S. Miller (#7); Iban Coello (#8)
Colores: J. Nanjan

Nunca antes los títulos de “Injustice: Gods Among Us” habían estado mejor colocados que en estos dos que vamos a reseñar… Sí, sí… ya sé que el #7 y el #8 salieron hace bastante tiempo… Sí, sí… estoy poniéndome al día.
Pelea callejera e Ira. Batsy, Sups, Wowo, Harley, Batwoman, Batgirl… etc. Todos peleándose con todos.
Wowo contra la ex del Joker y la ex de Montoya. ¡Genial! Sólo faltó el barro para que fuera de esas peleas por las que uno paga en ciertos locales “subterráneos”. Mujer contra mujer, aunque no en plano Mecano, sino… Eee… Bueno, en vista de que Batwoman tira los Batarangs para atrás, quién sabe… Mmm, y Wowo. En una isla sólo de mujeres… Habría que ser muy ciego para no darse cuenta de que las chicas estas de Themischyra también le van al sácale brillo… Eso, sin olvidar que Harley ha sido vista en actitudes muy sospechosas con Poison Ivy —algo tipo Sailor Neptune y Sailor Saturn—. PEEEEROOO… no estamos aquí para hablar de las intimidades de nuestras heroínas, sino para deleitarnos en cómo se muelen a patadas entre ellas. Para todo lo demás, existe BatCard.


Como ustedes recordaran, tras ser capturada Hello Kitty por Bane y la Emma Frost de DC, Batman elabora un plan porque él es Batman. Plan que se va al carajo de inmediato cuando llegan los refuerzos del régimen: nada menos que Sups y la mentada Wowo y sus conflictos sexuales. De hecho, el número anterior nos dejó al borde de nuestro sillón cuando vimos aparecer al mismísimo Batman en su corcel negro —¡el Batmobile pues, niños! Déjenme ser poético alguna vez—.
Sin embargo, un momento… ¿Realmente se ha arruinado todo el plan? ¿O todo es parte de un plan mayor que no alcanzamos a ver? Acostumbrados como lo estamos los consumidores empedernidos de cómics de superhéroes, a las vueltas de tuerca y a las intenciones debajo de las intenciones; ya sospechamos que Batsy ha fríamente calculado todo:
Distracción… Seee. El recurso tan manoseado por los escribidores de guiones.


Porque a la misma hora, pero en otra parte de quién sabe dónde, Batgirl se las ve con el peor caso de acné de los cómics: Killer Croc. Sólo que la muy listolina se las sabe por libro —no por nada, hasta unos capítulos atrás, aún las oficiaba de Oracle, en silla de ruedas y todo—, y viene equipada con las famosas pastillitas verdes que, generosa ella —o, más bien, urgida porque Killer Croc es realmente killer—, comparte con Catwoman para así poder, entre las dos, agarrar a taconazos al bestia ese.
Pastilla que, por supuesto, también se ha tomado Batsy para que su pelea contra Sups tenga un poco de emoción y dure un poco más de un par de páginas. Y sí, aunque ya es chiste manoseado a estas alturas, Superman sangra. De hecho, los dos lo hacen.
Pero como es sólo una distracción, apenas le llega al orejas puntiagudas el aviso de tengo a la gata, lanza sus humitos y desaparece con las Ángeles de Batsy.
Sip. Una vulgar y sucia pelea callejera. Faltó Byson para completar el cuadro.


¿Y la Ira?, se preguntarán ustedes. Ésa viene por cortesía de Hawkman que, tras cinco años, recuerda que tiene esposa —con el imaginativo nombre de Hawkgirl, aunque también responda al poco agraciado nombre de Shayera Thal— y que no tiene ni la más remota idea de dónde está. Seguramente, chismorreando con las vecinas, debe de pensar, mientras se arrellana en su nido en la copa de un árbol thanagariano.
Hasta que le llega el soplo: tu señora está en la Tierra, apoyando a un dictador asesino. Asunto que le pone las plumas de punta al hombre y vuela raudo hacia ese rincón medio maloliente del universo llamado planeta Tierra.
Su llegada no puede ser más espectacular. Con el arte de un luminoso Iban Coello, su descenso se deja sentir y su ira rezuma entre sus dientes aperados.
El arte en “Injustice” siempre ha sido de primera y el elenco estable de dibujantes, entintadores y coloristas, rara vez nos ha decepcionado. Sin embargo, es agradable tener cambios como este, sobre todo cuando su dibujo es tan nítido y las expresiones tan potentes.


Coello se luce mostrándonos cómo se derrama la ira de Hawkman —sí, uno ya puede imaginarse al marcianito aquel, plantándole cara al odioso Pato Lucas—. Dota de una corporeidad a Carter Hall o Katar Hol —depende de vuestra versión favorita, comensales—que nos hace creer en su fuerza y carácter. Aparte de su generosidad en viñetas extra grandes donde cada personaje tiene su “momento”.
Ah, porque no se trata sólo del pajarraco thanagariano. Lo divertido para nosotros —y terriblemente humillante y doloroso para él—, es que Hawkman llega a tocar la puerta del Justice Hall reclamando a su esposa, y se topa con Cyborgergo, se van a las trompadas.
Luego aparece la damisela en cuestión, que de señorita no tiene nada, sino más bien le planta con el mazo en plena boca al amante despechado.
Y como si esto fuera poco, se une Wowo, que siempre le va a las causas feministas, y remata a Hawkman.
Son unas cuantas páginas, pero bastan y sobran para enviar de vuelta a su palomar al pájaro en cuestión, con las alas entre las piernas, y mascullando más de alguna idea de venganza. Lo que no deja de ser una emocionante puerta entreabierta por el que la ira vuelva a colarse entre las páginas de “Injustice”. Ya saben, hay maridos que ni con orden de restricción…


Raya para la suma: dos muy buenos números. Algo de fórmula ya vista, pero que no se puede evitar encontrar cuando uno lee demasiados cómics. Y un artista revitalizador que, esperemos, vuelva a aparecer por el callejón donde todos los súper —y los no tanto— se pelean y se hacen sangrar.
A destacar: Coello. No cabe duda.
A esperar: Que Buccellato mantenga el ritmo.
A desear: Que terminando esta reseña, siga con los siguientes dos números.

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