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viernes, 1 de julio de 2016

"Miedo. La más fuerte, pura y primitiva motivación que hay. Miedo. Mi teniente. Mi niñera. Mi amigo invisible."

Lo dudo. Lo dudo porque tengo bien claro que el equipo creativo de esta serie trabaja de manera completamente independiente, o al menos lo debe hacer en gran parte, a todos los planes editoriales que haya ideado para con los títulos canónicos, e incluso para el emergente Universo Cinematográfico... Pero de verdad pareciera que las grandes propuestas de DComics se hubiesen puesto de acuerdo, porque hay un fuerte ideal que las conecta íntimamente. No creo que sea coincidencia, tiene que haber sido así, estoy seguro que DComics se propuso una gran meta que está extendiendo por todos sus productos.

Que la industria comiquera hace mucho tiempo está cometiendo errores es un hecho. Tristemente las historias son cada vez más trilladas y carentes de creatividad, y lo que es peor, en su afán de ser realistas y austeras se diluyó la escencia de los personajes, su majestuosidad, su superheroísmo, y con ello también el lector perdió otros factores importantes, como la magia, la pasión o el niño interior. Ya nos estuvimos regodeando en demasía viendo cómo nuestros mitos contemporáneos tocaban fondo, se sumergían en la mugre, y quizás es tiempo de que resurjan. Quizás es tiempo de volver a aprender a leer cómics. Pero para eso, obviamente necesitaremos un buen guía, uno sólido y convincente. Resulta que The Dark Knight III: The Master Race es una perfecta opción.

Spoilers a continuación.

No quiero decir que estemos ante una lectura liviana, ¡para nada! Si en algo he hecho hincapié en las anteriores reseñas pertenecientes a esta serie, es que sin dudas estamos ante una obra mordaz con un fuerte mensaje político-social bien pronunciado, de connotación satírica, pero yo me refiero al tono, a los medios. The Dark Knight Returns se estrenó allá por 1986 y también contemplaba en él un contenido de este tipo, cruel con el mundo que le rodeaba, pero fue rompedor porque en sí estaba llena de momentos oscuros, con una fuerte carga psicológica y una seriedad pocas veces vistas con anterioridad en el género. La novela gráfica tuvo tanto éxito que pasó de ser la vanguardista excepción a el camino a seguir, el estándar. Por supuesto que eso atrajo sus pros, por ejemplo le otorgó al Noveno Arte una credibilidad que le era imposible tan sólo anhelar, y una ferviente camada de consumidores adultos volvieron a sus amores de la infancia, o sencillamente se interesaron por primera vez. Sin embargo, eventualmente esta "libertad" para ser adultos terminó encasillando a los superhéroes, y poco a poco se vieron más limitados, se perdió el aprecio por lo absurdo, la épica fantasiosa.

Al igual que hace muy poco tiempo lo hizo DC Universe: Rebirth #1, el tomo que hoy nos trae aquí se formula la pregunta, ¿y si hay alguna forma de seguir siendo adultos pero a la vez ser fieles a nuestros primigenios principios? ¿Y si hay alguna forma de no desentendernos del mundo que nos rodea sin ser necesariamente realistas? Claramente las hay. DK3 habla de una sociedad occidental en decadencia, aprisionada por sus propias cadenas y amenazada por el terrorismo proveniente del otro lado del planeta, pero se diferencia del material original al permitirse jugar con sus personajes y devolverles su status como héroes mitológicos, dioses y semi-dioses. Nada de género negro, ciencia ficción pura y dura. La vuelta a la Silver Age en el sentido de que las capas y las mallas vuelvan a significar algo, que irradien la luz que durante mucho tiempo fue inhibida.

Con este número en particular acabamos de superar la mitad de la historia, y como es de suponerse, se encuentra en su punto auge. Dado lo frenético de la situación, no encuentra espacios para hacer bromas con celebridades como Donald Trump, en cambio, es una secuencia imparable de geniales momentos memorables que apelan a la nostalgia y el cariño que el lector le tenga a estos personajes. No encontramos respiro alguno.


Es un axioma que pese a ser una propuesta más "clara", no por eso es menos es menos osada o violenta -su desfachatez y gusto por lo políticamente incorrecto, priman-, y los superhéroes no son ningunos dóciles, por el contrario cumplen totalmente con los tropos millerianos: Salvajes, brutales, mas no decadentes. Comenzamos con una nota alta, que además es representativa de este punto de encuentro entre los 50' y los 80'/90' que acabamos de definir, con Carrie Kelley a.k.a. Batgirl portando una armadura, que podríamos calificar como "crustácea", viajando en el fondo del oceano encima de un mastodónico tiburón martillo conducido por el mismísmismo Rey de los Sietes Mares: Aquaman, quien a su vez es acompañado por una infantería proveniente de su civilización que se desplazan encima de otros bestiales animales marinos. 

Como casi todo lo que ofreció hasta el día de la fecha el trabajo en conjunto entre Andy Kubert, Klaus Janson y Brad Anderson, los recursos utilizados para traer al papel tal escena, cuyo potencial visual es vastísimo, son sencillos, casi minimalistas, que beben del propio estilo manejado por Frank Miller. Dada la elección del perfecto ritmo narrativo, completamente cinematográfico, y de las tomas, los enfoques y el juego entre el blanco y negro, el resultado es arrasador, porque principalmente lo que se ve es muy bonito pero es mejor aún todo lo que inteligentemente deja a nuestra imaginación e interpretación. Ilustrar al ejército atlante con unas pocas figuras definidas y luego rellenar con puras siluetas minuciosamente ubicadas, no es poca cosa lograrlo.

Los personajes se topan con su objetivo, encuentran a Superman quien yace enterrado bajo hielo y cubierto de materia negra. El hielo es roto y el petrificado Hombre de Acero es ascendido a la superficie por los tentáculos de unos pulpos. Los héroes planean liberarlo... Con un diapasón, ya que con él penetrarán el extraño mineral que encerró a Último Hijo de Krypton en otro universo que no se rige por las reglas del nuestro, pero sólo podrá salir si es que él realmente tiene la voluntad de hacerlo. Sinceramente la explicación que dan acerca de dónde está él, en qué estado y cómo funciona es muy rebuscada e intricada, pero el verdadero chiste está en hacer el contraste entre ese inentendible razonamiento digno de la ciencia ficción psicodélica más desatada y el método tan simple de resolverlo todo. El prisionero sale de su encierro cósmico magistralmente, y con una marcada sonrisa le pregunta a sus salvadores si están dispuestos a salvar el mundo.


Mientras tanto, hacemos un repaso de todo lo que está sucediendo en simultáneo, sobre la vorágine caótica de conflictos a punto de desatarse y ya desatados. Gotham City se convirtió en el mismísimo infierno en la Tierra con las llamas extendidas que instigó la masiva turba furiosa que clama por la sangre de Batman, quien si no se entrega pronto el séquito de religiosos extremistas kandorianos, dirigidos por Quar, harán desaparecer la ciudad del mapa, y Dios sabe que tienen el poder para hacerlo en un abrir y cerrar de ojos. Lara a.k.a. Supergirl, el aborrecible fruto de amor entre Superman y Wonder Woman, en una de las charlas con sus nuevos aliados revela la existencia de Jonathan, su hermano bebé que se encuentra protegido entre la civilización amazona con la madre y compatriotas. No se exactamente cómo seguirá la serie luego del climax que en instantes procederemos a definir y explicar, pero queda implícito que a Quar poco y nada le convence el hecho de que haya otro híbrido como Lara, lo que probablemente desemboque luego en una contienda entre las guerreras amazonas y los esclavizadores venidos de Krypton, y esto posiblemente obligue a Diana a entrar en el juego del que pretende quedarse al margen.

Seguimos teniendo un paneo de la tensa situación, hay una mecha a punto de llegar a su fin pero no sabemos exactamente de qué bomba se trata. El principal acierto en cuanto a la escritura de este issue es el perfecto manejo del suspense, construyendo una suerte de thriller sci-fi muy bien logrado, hay acción, escenas mágicas, épicas, llenas de pequeños detalles hilarantes, pero por sobre todo está ese latente sentimiento de estar experimentando la víspera de la guerra, la colisión.

El Hombre Murciélago está a punto de ejecutar su jugada, de tirar las cartas sobre la mesa, y de a poco las piezas van encajando. Primero está Ellen Yindel en la terraza del GCPD esperando el momento indicado de prender la batseñal, al parecer comprendió que los hechos la superan con creces y trabajar mano a mano con su anterior adversario es inevitable. Superman arriva la batcave cargando a la colorida Batgirl en sus espaldas, cuando se encuentra con Flash operando los comandos de una compleja máquina allí. Recordemos que al velocista más rápido del Universo DC le rompió las piernas un kryptoniano en un intento de intervenir de cara a las amenazas que se le estaban haciendo a Gotham, pero ahora está colaborando ya que sólo una persona con su imposible agilidad motriz puede llevar a cabo un trabajo como cambiar el clima por dichos medios informáticos. Luego de un ingenioso diálogo, lo invita a que vaya a darle un vistazo a algo que está reservado para él.


Una de las principales quejas escupidas por los detractores de DK3 sostiene que, pese a ser supuestamente un cómic suyo, la participación de Batman es muy escasa. Luego de haberse publicado estas páginas ya no pueden volver a fundamentar lo mismo, puesto a que la larga escena que protagoniza no sólo es una pieza fundamental que sostiene la estructura del tomo y hasta del arco argumental propiamente dicho, sino que su soberbio monólogo es el hilo conductor de todas las secuencias, y es sencillamente brillante. Poesía oscura que no podría salir de otra cabeza ni de otra redacción que no sea de Frank Miller. Mientras que Bruce Wayne se calza la armadura con la que años atrás le hizo frente a Superman y conduce su bélico Batmóvil, explaya este mencionado soliloquio en el que habla expresamente de la inmundicia humana, culpando a los extraterrestres invasores por dejarla en evidencia, dice que podría acabar con toda esta alborotadora revuelta pero que no obstante la va a alimentar, también se refiere al miedo como su principal impulsor y, sobre todo, es brillante cómo se dirige con arrogancia a sus villanos de turno que claramente lo superan en cualquier aspecto. Añoraba esa actitud incisiva típica del Maldito Batman.

El Cruzado de la Capa no es así de corrosivo en vano, a sus fanáticos les encantará verlo como el psicótico estratega que es, y cómo lleva a cabo su enfermizo plan que, para colmo es efectivo. El tiempo de consideración se acabó, Batman no tiene pensado entregarse sino burlarse del ejército de Supermanes que sobrevuela la ciudad iluminándolos con su batseñal. Al ser provocados, deciden terminar de una vez por todas con esto pero, Barry hizo bien su trabajo y los relámpagos irrumpen el cielo, comienza a llover. Sin embargo, a pesar de hacerlo a cántaros, no es agua lo que cae, sino kryptonita. Quienes volaban por encima de los civiles descaradamente ahora caen sin estribos, en picada. El Caballero Oscuro lo hizo una vez más, el hombre que mediante sus recursos, su dinero y su mente venció no a un dios sino a un linaje de ellos, y en su egocentrismo emblemático goza de los resultados que da su último golpe con una irónica sonrisa.


Los enloquecidos gothamitas, que en su salvajismo ya estaban hasta trepando el tanque del Murciélago con el afán de capturarlo, se dan cuenta de que la diluída kryptonita debilitó considerablemente a sus mercenarios y re-dirigen su ira hacia ellos, yendo directamente a apalearlos. El viejo Batman es consciente de que no está en aptitud física para unirse a la lucha, pero no puede contra su genio y la idea de golpear a los kryptonianos le es irresistible, por lo que enfrenta a uno de ellos. Eventualmente esto da lugar a una pequeña pero muy cruenta batalla de tintes callejeros entre las dos robustas figuras.

A lo largo de la escena que estamos dejando descripta, y que hace foco en el protector de Gotham, se encuentra una considerable cantidad de homenajes a The Dark Knight Returns, poniendo en presencia situaciones que se equiparan a algunas yacidas en la obra original, situadas inclusive en un contexto similar, pero que teniendo en cuenta la forma en que están siendo tratadas y el modo en que encuentran su cierre, expresan un mensaje que se contrapone al original. El guión de Brian Azzarello y Frank Miller vuelve a traer a la comisionada Ellen Yindel y a una ciudad sitiada por sus mismos habitantes, sólo que la oficial ya no está tratando de detener a Batman sino que contempla y aporta a su accionar, mientras que él no reprime a la turba sino que se da maña para revolucionarla aún más. La entrada del Batmóvil es idéntica a la que hizo cuando llegaba la hora de enfrentar a los jóvenes inescrupulosos criminales conocidos comos Los Mutantes y el hecho de que esté portando esa distintiva armadura evoca inevitablemente a la icónica confrontación que tuvo con Superman. Esta fusión converge en la caída de los kandorianos debida a otro plan maestro orquestado por Bats con kryptonita de por medio, y la riña con uno de ellos que es la mezcla entre el Lider Mutante y el Hombre del Mañana.


El cliffhanger termina de darle forma y sentido al contenido del comic y ciertamente lo cierra con broche de oro (¿o de Plata?). La lucha continúa. Antes de lo esperado, el estado senil del cuerpo de Batman termina cobrando peso cuando un golpe bien insertado del kryptoniano lo desmorona, pero su aparentemente inminente caída es evitada por una gran mano que lo vuelve a parar sobre sus pies. Se trata de Superman, protegido por una armadura similar a la su ahora compañero que lo separa del único mineral existente capaz de derribarlo. Decididos a formar el team-up definitivo, los Mejores del Mundo observan sonríentes el panorama que, de momento, les permitirá salvar el día una vez más.

Es muy significativo que luego de tanta discordia, desacuerdo ideológico y una enemistad que parecía innata, estos dos hagan frenta con optimismo y unidad al mal superior que acecha a su existencia, porque marca un cambio en el status quo, sorpresivo pero necesario, en el que finalmente su escencia les es devuelta. Una tregua que no sólo asegura a la humanidad, sino que también los despoja de esa bilis que los gobernaba, y a los lectores nos hace piantar un lagrimón. Y son sólo la actual cara visible del progreso, porque en realidad toda la disuelta Liga de la Justicia está volviendo a reformarse por este atentado a la Tierra, ya sean Aquaman, Flash, Batman o Superman y estoy seguro de que pronto -por alguna razón u otra- se les unirán Green Lantern y Wonder Woman. DK3 principalmente es una historia que se centra en las nuevas generaciones, en los hijos de los dioses de DComics, pero a su vez también les brinda un importante espacio a ellos con el objetivo de devolverles su grandeza. Los superhéroes vuelven a ser superhéroes, en este universo y en cualquier otro.


Puntaje: 9,50 de 10. 

Quedan tres números para que The Dark Knight III: The Master Race llegue a su final y su argumento está alcanzando parámetros impensados, ojalá siga manteniendo su calidad en los últimos compases, aunque después de este regalo al género superheróico no se puede hacer menos que confiar rotundamente en el equipo creativo. ¿Y ustedes ya lo leyeron? ¿Qué opinan? Dejen su opinión en la caja de comentarios. ¡Jokersaludos!

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