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jueves, 15 de diciembre de 2016

Reseña: "All Star Batman" #4

"Rock and roll will never die."

Spoilers a continuación.

En el análisis de la entrega anterior, su servidor les había prometido ponerse al día en la mayor brevedad y, antes de que formen una turba furiosa en la puerta de mi casa, permítanme aclarar que se trataba de un eufemismo, ¡claro que sí! Una promesa capciosa... Similar a lo que los anteriores issues hicieron al prometer que repuntaría la calidad neta del título denotando ciertos atisbos de mejoras que -adelanto- definitivamente no sucedieron, y al menos por ahora no se puede asegurar con certeza si sucederán.

Y ya que estamos con esta suerte de Fe de Erratas, también había asentado con errada franqueza que la nueva obra de Scott Snyder es en viñetas lo que Michael Bay en el celuloide, y ya con el cuarto issue en las estanterías he de doblegar aquello y aclarar que al toque de ese infame director habría que agregarle a la mezcla algo de Joel Schumacher (otro creador infame) o, para no ser extremadamente peyorativos aunque sea justo, también puede ser Adam West. Bajen los tomates, las antorchas y no se inmolen, procedo a explicarme.

Snyder da rienda suelta a esta entrega partiendo desde el mismo punto exacto en donde concluyó la última, con Two-Face cegando temporalmente a Batman (hecho que dentro de la lectura no tiene consecuencias relevantes, por lo que no se volverá a mencionar en el presente artículo) y es desde este momento en que -dicho de forma necesariamente vulgar- se va todo bien al carajo. La dupla creativa sortea una gran variedad cuantiosa de desvaríos, uno más ridículo que el otro, y fuerza con calzador cada idea que se le cruza sin evaluar qué tan práctica sea para la premisa o el propio desarrollo de la trama, que se halla descuidada a niveles inusitados. Parece como si fuese una carrera de auto-superación para ver qué tan irrisorio se puede ser dentro de lo humanamente posible.

En principio vale agregar que el séquito ninja de Harvey Dent es, tal como se deducía fácilmente, gentileza de la La Corte de los Búhos. Lo más interesante es que en ningún momento se justifica -de forma satisfactoria al menos- ni se establecen motivos por los cuales una organización centenaria, masiva y poseedora de tanto poder político, que ha tenido a una ciudad entera bajo sus hilos durante siglos, tiene que subrogarse ante un psicópata de una influencia ínfima y otorgarle soldados con el fin de que los subordine. El problema aquí no sólo es que eso claramente no tiene sentido alguno, sino el visible desinterés con el que el creador de este villano colectivo los está actualmente abordando, y es un tanto desilusionante. Superado el desencanto inicial, la tortura literaria continúa y el Hombre Murciélago expone contra sus contrincantes de turno una parcela extensa de gadgets, cada uno superando en lo grotesco al anterior, hasta el punto de derrotarlos reproduciendo música en parlantes extremadamente potentes instalados en su Bat-Suit con la excusa de que los Talons tienen unos tímpanos extremadamente sensibles y que, como justo estaban debajo del agua, allí las vibraciones iban a resultar todavía más intensas.


Los que me conocen sabrán que no soy especialmente partidario de despotricar contra la Silver Age. Al contrario, me parece una época irrepetible cuyo histriónico encanto siempre me cautivó, me fascinó y, sobre todo, me divirtió en igual medida. Por ende, cuando algún autor contemporáneo (evitaré ejemplos porque ya me excedí con las comparaciones por hoy) decide por tal o cual motivo emular el estilo predominante de aquella etapa de la industria, siempre apoyo la intención, principalmente porque suele venir acompañada de mucho ingenio y algún punto que probar. Alguna revisión intrínseca al medio narrativo que tanto amamos. La emulación de las extravagantes aventuras superheróicas que estaban en boga por aquellos años 
lejanos en tiempos actuales sirven a algún propósito... Pero lo de Snyder es un total despropósito. No hay un mensaje que emitir, no hay un trasfondo que amerite un giro de tuerca tan peculiarmente estrafalario. Es ser absurdo por el simple gusto de serlo. Punto. Y no estaría mal si no fuese porque ese afán se ve entorpecido por los tropos pretenciosos característicos de este guionista: exposiciones seudo-filosóficas, simbolismos forzados, diálogos más cercanos a un guión noire que a un género adecuado para esta propuesta. Las situaciones o los giros originales se reducen sencillamente a estúpidos obstáculos para el argumento que no encuentra un tono definido, y el conjunto apenas puede concebir la idea de lo que significa la solidez.

Acompañado por Duke y un desarmado Two-Face, Batman decide continuar su periplo volando un aeroplano aún con su ceguera parcial a cuestas... ¡Sí, pilotea un avión estando ciego! Y no se compliquen, inclusive los mismos realizadores de All Star Batman comprenden muy bien que para esta altura de la historia el lector debió resignarse a no cuestionar absolutamente nada o morir en el intento. Como no puede ser de otra forma, superado un impráctico flashback (que, como todos los anteriores, ávidamente volveremos a pasar por alto), el vuelo se ve interrumpido de manera repentina por la intervención violenta de la KGBeast, que pone a los tres viajantes en su merced.

La lectura hace un salto espacio-temporal. Nos situamos en una isla propiedad de Beast y allí, junto a sus empleadores -Penguin, Black Mask y Great White Shark-, mantiene cautivo al desafortunado trío (no)dinámico. Entonces, como si trataran de recompensar nuestra amabilidad y paciencia para con la propuesta, por fin las cosas se empiezan a tornar genuinamente interesantes junto a un giro final que no sólo se antoja sorprendente, sino que además trae consigo el aprovechamiento total de una idea con mucho potencial. Resulta que el viaje era sistemáticamente interrumpido porque el propio Harvey Dent, alter ego de Two-Face que comparte con él cuerpo mas no consciencia, trabajó codo a codo con los mercenarios que les daban caza. Si bien cuando Scott Snyder comenzó a desarrollar la idea de convertir al ambivalente villano en un equivalente del Dr. Jekyll elevado a la enésima potencia, veía con algo de recelo la premisa. Eso sin mencionar que, después de tantos años y con tantos relatos publicados, esa transgresión de conceptos no hace cohesión con nada de lo que previamente supimos del personaje. No se confundan, aún no hace más que contradecir a otros trabajos anteriores con Two-Face como antagonista, y sin embargo este giro brillante hace que todo el sinsentido valga la pena. La historia encuentra un cierre para su nudo y abre paso al desenlace ni más ni menos con que una auto emboscada, y no puede tener un calificativo menor a "sublime".


Como si aquel giro de tuerca no fuese suficiente, como si no nos quedáramos satisfechos con esa siniestra trastocada de ideas, el número concluye con todo el pueblo atraído hacia ese lugar, con el objetivo de matar finalmente a los sujetos que los han manipulado y amenazado con revelar incómodos secretos e imposibles recompensas, tanto por el número de la misma como por la acción a llevar a cabo. El escritor de American Vampire excedió tanto de motivaciones a la turba furiosa que no tiene una precisa, no obstante lo importante es saber que la clase media de Gotham se alzará para arremeter contra quienes los mantienen siempre al borde del caos. Después de todo, ¿no estarían más tranquilos los ciudadanos de Gótica si no estuvieran dependiendo todo el tiempo de las narcisistas acciones de Batman y sus enemigos? A mi tampoco me gustaría vivir en ese patio de juegos para psicópatas.

¿Qué más puedo agregar? All Star Batman es entretenido, de eso no cabe ninguna duda, pero en su intento por ser un cómic camp cae penosamente en lo paródico. Es prácticamente una ridiculización, una burla. Será el poco ingenio o entendimiento con el que es tratado el tono, el poco cuidado que se le da. Si la serie realmente te genera curiosidad ya sea por su guionista, dibujante -cuyo trabajo no vale la pena mencionar pues empeora notablemente mes a mes e incluso carece de sustancia hasta en las secuencias más dinámicas-  o trama, lo más recomendable es iniciar la experiencia con la mente en blanco y no encender ninguna neurona en el camino, porque el cortocircuito sería inevitable. Por suerte, para la quinta entrega este nefasto arco argumental habrá llegado a su fin y nuestros ojos absorberán una información visual más grata procedente de ilustradores más gratos.

Puntaje: 4.5 de 10.

¿Y a ustedes que les está pareciendo My Own Worst Enemy? ¿Es un agregado digno en la bibliografía de Scott Snyder? ¿Se encuentran satisfechos con lo obtenido o piensan esperar y probar suerte con el próximo arco? Saben muy bien que es agradecida su opinión y que nos la pueden comunicar en los comentarios. ¡Jokersaludos!