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sábado, 18 de marzo de 2017

En Rebirth están ocurriendo cosas asombrosas. Las distintas series que componen la exitosa iniciativa deslumbran al público con magia y encanto. Entre las propuestas actuales quizás la más sobresaliente sea, como es bien sabido, el esperadísimo crossover del Universo DC y el mundillo de Watchmen en The Button. Y mientras toda esa utópica ocurrencia está a punto de materializarse en viñetas allá fuera, acá estamos nosotros analizando lo que el climax del torpe primer arco de All Star Batman nos dejó. Es una clara demostración del asco que da mi existencia, ¡pero al menos no da TANTO asco como esta quinta entrega! No obstante, si algo podemos ponderar es la lógica que mantuvo el arco en cuanto a su calidad literaria, cuya evaluación... Bueno... Si fueron leyendo las anteriores reseñas sabrán que no es muy destacable que digamos. Pero en fin, ya estamos aquí, ¿qué les parece si repasamos rápidamente lo ocurrido en este ansiado cierre y así nos dignamos a ponernos al día finalmente con el título? Que esto tiene más retrasos que The Batman o una obra de Mark Millar.

Spoilers a continuación
(igual no se pierden de mucho sabiéndolos de antemano)

El cliffhanger del número anterior nos sirve de puntapié inicial. El naturalmente caótico enfrentamiento entre los gangsters pesados de Gotham (Penguin, Black Mask y White Shark), KGBeast, Batman y Two-Face eleva su parafernalia al encontrarse emboscados por una turba furiosa que clama por la sangre de, principalmente, los viajeros protagonistas que han generado toda la presente situación. La tensión y el interés se disuelve por completo cuando se desata el conflicto, haciendo uso de la discolocada extravangancia reiterada a largo del argumento. Resulta que para evitar que la KGBeast se cobre, en un ataque de ira, la vida de los civiles por los cuales se veían rodeados, el Encapotado desata las amarras del barco en el que se encontraban y éste se dirige sin escalas hacia una gran caída libre, cortesía de una cascada fatal. Siendo honestos -y sin intención de hacer un juego de palabras- la premisa desemboca a una de las escenas mejor logradas (no seamos entusiastas, tampoco es mucho decir) del arco en general. Snyder encontró el momento justo para colisionar estas subtramas con sus respectivos personajes, instalando una urgencia/amenaza, en este caso una inminente muerte líquida, y haciendo un despliegue más que decente de suspense e inquietud.

Desgraciadamente, una vez resuelta esta bien planteada vicisitud con gadgets excéntricos como es habitual, enseguida caemos en la triste realidad de que estamos leyendo My Own Worst Enemy y nos vemos obligados a subrogarnos a su calidad consabida. Una vez en tierra firme, el psuedo-Dúo Dinámico y el bipolar villano se topan muy convenientemente con Tweedle Dee y Tweedle Dum, cuyos vehículos son hurtados por los protagonistas luego de ser desarmados para así poder llegar al final de su periplo, momento que todos estábamos esperando con ansias. Quiero hacer una mención especial a la forma en la que los equivalentes gothamitas de los gemelos emblemáticos de Alice in Wonderland son abatidos, pues... ¿Alguien entendió lo que pasó? ¿Acaso la capa de Batman fue dotada de un gran peso al ser mojada como para dejar inconscientes a los robustos malhechores con un impacto? Es de público conocimiento que John Romita Jr. no es el mejor plasmando imágenes e ideas en el papel, pero ese par de viñetas son incomprensibles.


Entre tanto en la Batcave, la esencia de ciertos pilares Batmaníacos está siendo ultrajada y desvergonzadamente desestimada. Two-Face hizo llegar al Departamento de Policía información que demuestra que Bruce Wayne es Batman DUH!), adjuntando además planos de la Mansión Wayne donde se detallan las conexiones con la famosa base subterránea del Murciélago, por ende los agentes montan un operativo para verificar la data por sí mismos. El foco atiende a Jim Gordon, quien se aisla unos metros del epicentro de la situación para hablar en privado con Alfred Pennyworth y, si bien alega desconocer la identidad secreta del Encapotado, le implora que lo llame para irrumpir en la escena, de modo contrario se verá obligado a proseguir con la investigación.

Ahora quiero que nos detengamos para reflexionar sobre la infusión de sinsentidos e irregularidades que acabamos de atestiguar... Quizá por su apariencia compacta pase desapercibida ante el ojo más distraído, pero no se dejen engañar. A estas alturas del partido hay elementos cheesy y tropos que aceptamos sin chistar, Superman se pone unos lentes y nadie lo reconoce, así como es un axioma que el Comisionado de Gotham es una persona sagaz y en el fondo sabe quién es el vigilante que hace el trabajo sucio todas las noches, sin embargo no lo admite. Aún así dejaría de ser verosímil si el Hombre de Acero se colocara sus anteojos frente a Lois Lane y ella siguiera ignorando la verdad obvia o disimulando que lo hace, por lo tanto no me soliciten ver como algo racional que Jim disimule su conocimiento si le pide a Alfred que se comunique con Batman.

Siguiendo con la sucesión de hechos racionales, ¿Gordon prioriza el cumplimiento de la ley ante la preservación de la cruzada heroica de su amigo enmascarado? ¿EN SERIO? No sé qué clase de James Gordon estuvo leyendo Scott Snyder últimamente, pero él jamás haría algo así. Y no me baso en una apreciación personal sino que hay hechos tangibles que avalan. Quiero decir, evadir la ley en conveniencia de Batman es algo que hizo a lo largo de toda su vida, ¿por qué sería un problema ahora? ¿El guionista está reinterpretando al mítico policía, estableciendo una ciclotimia creciente en él, o es sólo una decisión argumental ventajosa? Lo dejo a su criterio.


Desde el principio venía anticipando que, si bien percibo al Caballero Oscuro como una figura completamente versátil, el género Road Movie -en su estructura básica- no congenia muy bien el concepto del renombrado héroe, al menos no en su versión canónica. Él no debería verse en dificultad para llegar a un punto X del país, si cuando se le antoja se sube a su cohete espacial y llega literalmente a la punta del Everest en cuestión de segundos. O si quiere también se va a su base en la maldita Luna y se toma una maldita siesta, un derroche de frivolidad válido simplemente porque es Batman. De cualquier manera, no está bien aplicar un pensamiento prejuicioso y me reservé de ahondar demasiado en ello hasta no saber realmente la causa por las cuales nuestro protagonista optó por las rutas que optó. Y henos aquí, final del camino, la razón por la que el hijo pródigo de Gótica 
se metió en este lío se revela ante nosotros, honrados mortales, y... No, just no.

El objetivo era arribar en un hogar de la infancia que compartieron Bruce Wayne y Harvey Dent (sí, por eso todo aquél trasfondo super innecesario), donde este último guardó un supuesto antídoto para su locura intrínseca que finalmente le devolvería el poder absoluto a su personalidad bienhechora. Si hace rato disertábamos sobre lo que un James Gordon en su sano juicio haría, pasemos a barajar procederes lógicos para el Cruzado de la Capa. Normalmente, lo que un Batman con dos dedos de frente haría es ir por su cuenta al lugar antedicho para extraer el antídoto, analizarlo puntillosamente en la Batcave en virtud de asegurarse que no sea una trampa o engaño de ningún tipo y luego, una vez teniendo el terreno asegurado, todas las posibilidades consideradas y cubiertas, inyectárselo al villano, ahorrándose toda la parafernalia de eventos desafortunados ocurridos. Esta versión tendrá mucho gadget y mucha soberbia pero poca sinapsis neuronal, no hay vuelta que darle. Así es como el argumento se cae a pedazos, se desmigaja todo, es un completo despropósito.


Si aún hay osados que se atrevan a continuar con esta lectura cuya credibilidad fue irreparablemente desbancada, dichosos sean porque Scott Snyder aún tiene un As bajo la manga. Nuestro cerebro no es digno, es inaduitamente limitado e incapaz de entender la maestría de esta jugada, o la increíble noción que tiene de la literatura y el dominio sobre las mentes de sus lectores. Agarraos, hermanos, pues estoy segurísimo de que jamás se lo vieron venir. El escritor se sacó desde donde no le da el Sol el concepto de que las dos personalidades componentes de Two-Face no comparten tiempo ni consciencia -pese a las miles de historias previas que lo contradicen- y, según lo que nos cuentan, ellos no tienen conocimiento sobre el accionar del otro... Pero ojo, fuimos engañados, estuvimos bajo las garras inescrupulosas de Snyder: El plan maléfico fue siempre coordinado en conjunto, ¡porque ellos podían interactuar todo el tiempo! WHAT-A-TWIST! Es un giro argumental brillante, inesperado, un remolino que amenaza con arrasar todo nuestro cerebro. Es un hito, un antes y un después, a partir de ahora las posibilidades son infinitas, ¿qué seguirá? ¿Bruce Wayne es Batman? ¡¿El Joker es un asesino serial?! Lo único que sé con certeza es que Shyamalan se está muriendo de envidia.

Sin embargo, cual película de Chris Nolan, la aduana de subtramas no cuenta con los protocolos de seguridad adecuados y no paran de llegar. El antídoto no es lo que nuestro héroe creía (no pregunten ni cuestionen cómo es que se da cuenta) sino más bien una sustancia que coronará al lado más fuerte de Harvey, dependiendo del porcentaje de bien y mal habite en su ser. Pero la cuestión no se termina ahí: si el protagonista se rehúsa a aplicárselo, Dent liberará la formula en Ciudad Gótica, afectando inevitablemente a todos los habitantes, aunque la premisa descaradamente conductista no es tan deplorable como su solución. El Cruzado de la Capa entonces intercambia la no-cura, por medios 100% inexplicables e inconcebibles, por una nueva sustancia que hará al villano inmune a cualquier química que altere su mentalidad, y este ardid salva finalmente el día. Si Snyder no se esfuerza en escribir algo decente, no pienso hacer un mínimo de esfuerzo a la hora de comentarles esto último. Las críticas se escriben solas, de hecho ni siquiera estoy utilizando las manos para tipear ya.


Debido a que aún restan páginas a ocupar, el autor hurga en todo el relleno, busca entre los personajes desaprovechados que desfilaron a lo largo de esta historia y da pie a una pelea final librada por Bruce, el Power Ranger Amarillo Duke Thomas y KGBeast. No hay mucho misterio, su lugar en este climax es tan inconexo e insustancial como suena. ¿Y qué sucedió en la Mansión Wayne? El cuerpo policial intenta ingresar en la Batcave por la conocida entrada del reloj, sin embargo Batman fue precavido y construyó un mecanismo que desvía a cualquiera que no sea él hacia otro lugar. Su identidad secreta está a salvo, y nuestras mentes anonadadas de lo inconmensurablemente absurdo que acabamos de leer.

Si algo se puede rescatar de este capítulo final es lo consecuente que resulta, pues mantiene el mismo nivel que los anteriores. Como diría Anatoly Knyazev: Un desastre. Incluso carece de las propias virtudes que relucían los primeros compases de My Own Worst Enemy ya que llegando al tercer acto pierde el condimento camp y, por ende, pierde su único acierto. Subtramas incuantificables, una solemnidad innecesaria, resignificaciones obsoletas y exposiciones por demás de tediosas: Snyder en estado puro. Al fin y al cabo, el arco inaugural del título mensual se gana el lugar que siempre mereció, sin causa ni consecuencia, sin pena ni gloria. Ninguna marca visible dejará en la continuidad, y eventualmente desaparecerá de nuestra memoria. Parece paradójico, pero este relato enmarcado en el género del Road Movie hizo perder nuevamente el rumbo a la cabeza que alguna vez estuvo tras Court of Owls.

Puntaje: 3 de 10.

Y así llegamos al final de esta tortura. Para suerte de todos nosotros, el próximo issue presagia un mejor futuro para All Star Batman y el autor comiquero que lo dirige. Estaremos abordado aquél nuevo inicio en breve. Gracias por la espera y prometo no volver a desaparecer, al menos por la próxima semana. ¡Jokersaludos!