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viernes, 1 de septiembre de 2017

Gnóthi seautón [*]

Título: “Intelligence”, final: Judgement Day.
Escritor: James Tynion IV.
Lápices: Álvaro Martínez.
Tintas: Raúl Fernández.
Colores: Brad Anderson.
Rotulado: Sal Cipriano.
Portada: Yasmine Putri.
Portada alternativa: Rafael Albuquerque (basado en arte de Mike Mignola).

La misma aparición de los hombres nunca ha sido muy clara: cubierto por la niebla imperturbable de los tiempos, la historia de las eras de los Dioses Antiguos nos ha llegado en la forma de mitos que muchas veces incluso se contradicen entre sí. Mas un hecho es cierto: Con el avenimiento o no de los Dioses Olímpicos, los hombres pisaron esta tierra y a Zeus, Dios de Dioses, no le agradó del todo.
Pero uno de los Titanes —de la generación divina anterior a los Olímpicos— sí se apiadó de nosotros y al vernos desprotegidos, a merced del inhóspito entorno, decidió otorgarnos un don que el Padre de los Dioses había declarado prohibido para los hombres.
Esa deidad se llamó Prometeo y aun a riesgo de su propia vida, robó el fuego sagrado para regalárselo a los hombres.


Gracias a este don, la humanidad medró y floreció. El fuego, símbolo inequívoco del Conocimiento, les permitió transformarse de presa en predador y pronto, el mundo entero sintió el avance de esta criatura que se apropió de los dominios que antes pertenecían a los Sagrados Dioses.
Pero esa llama que la mano de Prometeo iluminó ante ellos, sólo les hizo anhelar más.
El Conocimiento, desde los albores de los tiempos, se transformó en el motor primario de la humanidad y en un deseo eternamente insatisfecho.
El Conocimiento, por supuesto, no es un bien de fácil adquisición. En su busca, se han intentado muchos caminos, unos más afortunados que otros; sin embargo, tres parecen ser pilares fundamentales de esta verdadera cruzada: la Religión, la Ciencia y la Magia.
Tres aproximaciones que han chocado a través de los siglos y cuyos adeptos aprehenden con una fuerza casi fanática y siempre excluyente.
James Tynion IV —el discípulo que superó al maestro— ha cogido este concepto del “Conocimiento”, y lo ha renombrado Inteligencia para este arco que finaliza ahora en “Detective Comics”. Porque Inteligencia, etimológicamente hablando, significa básicamente el saber escoger entre las mejores opciones que se tienen ante sí, pero también el saber leer entre líneas [†].
Y es de este modo cómo el Conocimiento se va obteniendo y acumulando y nos hace conocer mejor nuestro mundo y a nosotros mismos. Tanto lo externo como lo interno. Quiénes son los otros y quién soy yo.


Y Tynion toma estos tres caminos —Religión, Ciencia y Magia—, manifestándolos a través de los protagonistas de esta gran historia. Jean-Paul Valley, Ascalon, Batman, Zatanna, Batwing, etc. Todos seguidores de alguno de estas sendas. Todos en busca del Conocimiento.
¿Qué diferencia a estas tres posturas y cómo se manifiesta en este arco “Intelligence”?
La Religión se aproxima al Conocimiento a través de la revelación divina. Es un dios, por lo tanto, quién otorga la Inteligencia.
La Ciencia, por su parte, se aproxima a través de la experimentación. Es el hombre, entonces, quién otorga la Inteligencia.
Y la Magia, finalmente, se aproxima al Conocimiento de origen divino a través de las artes humanas. Es el hombre, en conclusión, forzando a la divinidad para que otorgue la Inteligencia.
No obstante, nuestra misma historia ha mostrado que, independiente de cómo lo busquemos, el Conocimiento muchas veces acaba siendo más una maldición que una bendición y en el saber absoluto parece haber más dolor que goce.
Zeus, cuya sabiduría guiaba a dioses y hombres antes que el credo monoteísta usurpara su lugar, bien pudo saber esto con antelación. Quizá su reticencia absoluta a otorgar el fuego a los hombres tuviera razones bien fundadas: el evitarle la desdicha a sus creaturas… o el evitar que esos simples mortales, cual Gigantes amontonando montañas para llegar al Olimpo [‡], le destronaran finalmente.
Tynion, nuevamente, se hace eco de todos estos aspectos y los plasma en su obra: el Conocimiento sólo resulta en destrucción o frustración.
Tenemos el caso de Ascalon, este ser construido sólo de Conocimiento, pero cuya forma primigenia es la de un niño que cree saber y cuya idea errada le llevara a la aniquilación.


También está Valley, el protagonista principal, cuya mente dominada por cierto tipo de Conocimiento nefando, choca con el Conocimiento de una mente como la de Batman, dando a luz a Bat-Azrael; pero resultando en un hombre con el alma fracturada que, como vemos hacia el final, necesitara reencontrarse a sí mismo en esta dualidad.
Y está Batman, ese incansable cazador del Conocimiento a través de las armas que le otorga la Ciencia y su propia inteligencia —así, con minúsculas—, y cuyo derrotero al filo de la oscuridad es más que conocido por todos quienes leemos sus aventuras semana a semana. Su cruzada incansable se ha estrellado en numerosas ocasiones contra la realidad relativa de los cómics. Y esa última pared que le ha impedido el paso es la desaparición de Tim Drake. Sino fatídico que parece acompañarlo desde siempre y que, de una u otra manera, esculpe y modifica su propia hambre de Conocimiento.
Siempre compañero de la lógica y lo racional; su ansia le lleva a explorar esa área del Conocimiento más oscura: la Magia.


Por ello hemos visto aquellos flashbacks de los encuentros entre el Murciélago —adolescente casi y un mero aprendiz en aquellos recuerdos— y Zatanna. Encuentro que adquiere toda su amplia definición en este capítulo final con la aparición de la Esfera Gnosis pero que, tal y como advirtiera Zatara —el padre de la hechicera—, el Conocimiento es, a la vez, una bendición y una maldición.
Sólo una mente trastornada por una forma corrupta —o sesgada— del Conocimiento puede aspirar al conocimiento total, sin siquiera aspirar a la forma más pura de Conocimiento: el conocerse a uno mismo. Por ello, además, el título de esta reseña.
Ascalon, como un verdadero niño —y nuevamente, qué gran idea el representarlo así—, no advierte consecuencias y abraza la fórmula del Conocimiento total sin conocerse a sí mismo en primer lugar. Y la revelación que la esfera le entrega es suficiente para aniquilarlo y desvanecerlo en una ¿no existencia?
Pero antes lanza un ápice de ese Conocimiento a Batman que, aunque sea un arco ligado al renacimiento de Bat-Azrael, acaba siendo el punto álgido de esta saga: Tim Drake, Red Robin, está vivo.
Tynion —y sin olvidar el magnífico trabajo casi cinematográfico de Álvarez— nos ha obsequiado con el mejor arco hasta la fecha de “Detective Comics”.
Pensábamos reencontrarnos con Azrael —y lo hicimos de una manera espectacular—, pero acabo siendo una historia grandísima sobre todo el Bativerso y, en especial, sobre el anunciado regreso de Drake a la palestra.


Como seguidores de Batman, no podemos más que sentirnos agradecidos de poder leer sus historias en estos tiempos y de contar con tan excelente camada de escritores y artistas.
Al terminar este arco, sólo nos resta saborear lo que hemos leído y agradecer a un dios que bajó del Olimpo una vez, en el albor de los tiempos, trayéndonos la llama del Conocimiento y la Inteligencia, iluminando nuestro derrotero y permitiéndonos apreciar las cualidades y calidades de tan regias obras de creación a las que llamamos cómics.



[*] Del griego clásico: “Conócete a ti mismo”, máxima escrita en el pórtico del templo de Apolo en la isla de Delfos.
[†] Latín inter [entre] y legere [escoger, leer].
[‡] Suceso que pasó a la historia como la Gigantomaquia, cuando estos enormes hijos de Gea quisieron asaltar la morada de los Dioses.

4 Batcomentario/s:

Arturo López dijo...

Tienen muy olvidado el blog :(

Strange dijo...

Siguen vivos?

Anónimo dijo...

Super bloooooooooooooooooooooooooooooooooooog

JLO dijo...

Que pasó? Hay nuevo tráiler de la JL!!! 😁