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lunes, 4 de junio de 2018

One day at a time

Título: “Batmen Eternal”
Escritor: James Tynion IV
Artista: Javier Fernández, Eddy Barrows, Éber Ferreira, Philippe Briones, Scot Eaton y Wayne Faucher
Colores: John Kalisz y Adriano Lucas
Rotulado: Sal Cipriano
Portada: Eddy Barrows, Éber Ferreira y Adriano Lucas; Álvaro Martínez, Raúl Fernández y Rómulo Fajardo Jr.
Portada alterna: Rafael Albuquerque

El último arco de Tynion IV en “Detective Comics” inicia, y ya comenzamos a echar de menos al mejor autor de Batman con que cuenta DC justo ahora —lejos de la parafernalia y los voladeros de luces que acompañan los proyectos de Scott Snyder, o de la prosa estirada y vacua de Tom King—.
No obstante, no podemos evitar sentirnos contentísimos por la llegada de Fernández —directo desde el éxito de “Nightwing”— a las páginas del título semilla del Murciélago en medio del selecto grupo de artistas que han dado línea y color a este arco.
Sentimientos encontrados ante la partida y la llegada de dos grandes nombres dentro de la compañía y que, junto a otros de su talla, han dado oxígeno a una franquicia que creímos perdida en la desilusión y el marasmo creativo de los ya malditos The New 52.
Pero no nos distraigamos tan pronto en los acontecimientos tras bambalinas y concentrémonos en el espectáculo en sí… Porque “Batmen Eternal” es un verdadero show para todos nosotros, los amantes del Bativerso.


Tras la caída del proyecto de Red Robin y sus Knights del Belfry; tras la diáspora de tres de sus miembros; tras la muerte de Basil Karlo… La historia ha completado su circuito en torno a la ciudad y es hora de esgrimir el ariete y romper los portalones en busca del símbolo apotropaico que redima a sus habitantes… y a sus autoproclamados protectores.
Como la historia hasta ahora se ha encargado de recordarnos, no hay una única respuesta para alguna situación particular; y en la reunión de la Batcave descubrimos que todo argumento es válido y una verdad singular es del todo inalcanzable.
Conocemos las decisiones que cada uno ha tomado y el efecto que estas han tenido en ellos mismos y en los otros.
Sin embargo, estamos en Gotham. Estamos en el Bativerso: Aquí todo es grande, aquí todo es hiperbólico.
El sueño de un joven genio llamado Tim Drake de construir un sistema capaz de ganar la eterna guerra contra el crimen no logra pasar la prueba; quizá sólo un Hari Seldon podría prever cómo actuaría la más inestable de las variables en cualquier ecuación que incluya a la población humana: los hombres mismos.
Pero la sicohistoria no será desarrollada, sino hasta varias decenas de miles de años después, durante los eventos de la Fundación, y en otro universo literario.


Si algo nos ha enseñado “Detective Comics” este último tiempo es que los hombres somos limitados… y fallamos.
Hasta Batman se equivoca. Y su pupilo más adelantado no es la excepción. Drake no sólo se equivoca al pensar que todo puede ser planeado sino que la frustración provocada por ello —más el hecho imponente de ver lo que el futuro puede llegar a depararle— no le permite ver con claridad el peligro potencial de que ese plan “perfecto” caiga en las manos equivocadas.
Hablamos, por supuesto, de Ulysses Armstrong, aquel genio tras bambalinas en los orígenes de The Colony, que ha llevado el concepto un paso más allá y lo ha fusionado con el proyecto de Batman para ver realizada su propio sueño utopópico: EYE.
EYE, como hemos visto en todas sus iteraciones, es el peor de los planes que alguna vez desarrolló el Murciélago.
Y al juntarlo con el proyecto Knights de Drake, la llamada al desastre es inevitable.
Y el arco “Batmen Eternal” es eso, la crónica de un desastre.
Caemos hondo con nuestros héroes, nos reprochamos mutuamente, nos traicionamos. Pero aprendemos de los errores y, cosa poco común entre nosotros los hombres, alcanzamos a darnos cuenta y reaccionar.


Eso es básicamente “Batmen Eternal”: la desintegración de un grupo de héroes con la maravillosa —pero aun así, ilusa— idea de cambiar el mundo. Y su re-unión para corregir sus propios errores.
La historia recorre muchas vertientes, cada una enfocada en alguno de los personajes. Aunque, como es natural, los derroteros se crucen vez tras vez hasta alcanzar el cénit de esta obra.
•Tenemos a Cassandra Cain/Orphan, bajo el trauma de perder a su primer amigo verdadero Basil Karlo/Clayface; acumulando rabia en su interior, sufriendo y sintiéndose indigna de ser parte de la Bati-Familia.
•Tenemos a Stephanie Brown/Spoiler, una de las primeras en advertir los peligros de una acción como Knights de Drake y que sufre al ver al hombre que ama obsesionarse con su proyecto y con un futuro oscuro.
Su camino, como advertíamos unos párrafos arriba, se cruzará con el de Orphan y ambas serán testigos de las distintas iteraciones de sus personajes en la continuidad pre-“Flashpoint” —un modo emotivo y emocionante de recordarnos el pasado editorial de ambas mujeres—.
El uso del símbolo del Murciélago será un aspecto recurrente para las dos, pero también para la resolución del arco completo: no tanto el ser dignos o no de ser parte de la cruzada de Batman sino el saberse parte de una familia.


•Tenemos a Kate Kane/Batwoman, cuyo posible futuro es el desencadenante de gran parte de este arco pero que, junto a Batman y Red Robin, conforman los vértices principales de “Batmen Eternal”.
Ella también se verá enfrentada a decisiones importantes, sobre todo relacionadas con su primo Bruce Wayne. Sí, así, con su nombre civil, más allá de las máscaras. Los dos primos cruzados por una tragedia similar. La pérdida y la falta de resilencia.
•Tenemos, cómo no, al mismo Tim Drake/Red Robin. Creído muerto, enfrentado a su doppelgänger del futuro, seducido por Armstrong, alejado de Brown, sintiéndose rechazado por Batman.
Su camino es el más difícil: es su proyecto Knights el origen de todo el lío y su desmantelamiento la única solución viable —si pueden derrotar a Armstrong, por supuesto—.
Será, tras su transformación en OMAC —¡qué agradecidos estamos de Tynion en este punto por devolvernos EYE y OMAC a su verdadero status tras el fiasco de Futures End hace unos años—, su encuentro con Spoiler y Batwoman lo que le ayudará a recuperar su centro y lograr la victoria.
Repetimos, son caminos individuales, pero que deben cruzarse para resolver aspectos cruciales en lo macro que, ya en el epílogo, les ayudarán en lo micro.
•Y tenemos a Bruce Wayne/Batman. Tan “culpable” como Red Robin si se quiere. Pero, en realidad, tan humano y falible como cualquiera de nosotros.
Ya destacamos en una reseña anterior cómo Tynion ha logrado por fin plasmar al Batman que tanto mentan los que quieren pasar por entendidos o verdaderos fans: el mito de que el Murciélago es el mejor héroe porque es sólo un hombre, siempre ha sido poco más que eso, un mito. El Batman de los cómics es un metahumano con todas las de la ley.
Pero Tynion nos entrega por fin a un verdadero hombre bajo la máscara, presa de sus traumas y sus propios errores.
¡Gracias de nuevo, Tynion!


Distintos actores —actuando como secundarios Luke Fox/Batwing, Jean Paul Valley/Azrael (que próximamente partirá hacia el espacio en Justice League Odyssey), la Dra. October, el Coronel Kane, entre otros— que recorren las más de cien páginas de este arco para brindarnos un final brillante.
Pero lo mejor de “Batmen Eternal” no es su final en sí.
Es verdad, la historia tuvo un desenlace natural, no forzado. Todas las piezas encajaron como debían —lejos del aire apresurado y atropellado que, por ejemplo, el evento “Dark Nights: Metal tuvo en su último número—, no obstante, su mayor mérito reside en el epílogo que nos ha emocionado como pocas historias de Batman lo hacen.
Vemos a los personajes reencontrados consigo mismo y con los demás. Vemos las distintas rutas que cada uno tomará.
Drake y Brown por fin parecen ser la pareja que esperábamos ver tras tantos años de ausencia.
Cain por fin ha encontrado un lugar y quiere ser parte de todos —no podemos dejar de mencionar, por supuesto, la reaparición de Karlo. La escena simplemente me dejó un nudo en la garganta—.
Y Wayne y Kane por fin logran relacionarse como lo que son: dos primos con vidas duras que atisban un día soleado para compartir juntos.


Un día a la vez hemos titulado esta reseña.
Más de un personaje transmite esta idea, uno de ellos, de hecho, la pronuncia.
La labor del Vigilante no terminará nunca. Es inútil intentar prever todas las variables porque entre los humanos, no existen las reacciones fijas.
Mañana vendrá un nuevo enemigo. Habrá pelea. Quizá resulte inevitable que alguien inocente salga herido. Pero el trabajo se hará.
James Tynion IV ha hecho el suyo. Y sólo nos queda agradecerle una vez más por este verdadero festín para todo Bati-Seguidor.
¿Qué viene ahora en “Detective Comics”?
Para qué preocuparnos por el mañana.
Disfrutemos hoy del run completo de Tynion en el título. Releamos “Batmen Eternal”.
Un día a la vez, es todo lo que necesitamos.

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