Reseña: “Detective Comics” #982 - “The cursing of Gotham City!”

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Título: “The cursing of Gotham City!”
Escritor: Michael Moreci
Artista: Sebastian Fiurama
Colores: Dave Stewart
Rotulado: Clem Robins
Portada: Fiumara y Brad Anderson
Portada variante: Mark Brooks

“La mejor sangre es, en primer lugar, la menstrual regida por la luna. Luego le sigue la sangre nueva de un niño, es decir la que cae de la hueste celestial”.
[“Liber Legis”, capítulo 3, verso 24, Aleister Crowley]

Tras el verdadero espectáculo que resultó Batmen Eternal bajo la batuta acertada de Tynion IV, encontrarnos —o, más bien, reencontrarnos— con la oscuridad terrosa y casi fantasmal de Gotham es un claro nuevo acierto de los editores de “Detective Comics”.
Guiados por la letra de Michael Moreci —autor nacido en los talleres de escritura de DC Comics— y el sobrecogedor arte de Fiurama; nos adentramos en las sinuosidades casi bíblicas de las alcantarillas de Gotham para reencontrarnos con un viejo conocido de los seguidores del Murciélago: Deacon Blackfire, ese personaje mezcla de Aleister Crowley y el pastor evangélico más cercano a nuestro hogar.

Portada del enorme Bernie Wrightson para el TPB de "Batman: The Cult".

Creado por Jim Starlin en el ochentero y grandioso arco “The Cult”, el personaje ha tenido sólo un par de apariciones destacables —la original y, hace unos años, en el olvidable “Batman Eternal”—; pero su aparición siempre tiene un halo que nos gusta; aunque, y este número que reseñamos aquí no es la excepción, la nueva historia de Blackfire sea siempre una re-versión de la anterior. Porque, básicamente, “Detective Comics” #982 repite el mismo esquema: el Chamán le lava el cerebro a un grupo de indigentes, juega con la mente de Batman y coquetea con el ocultismo.
Pero Moreci —que ha escrito bastante Ciencia Ficción— sabe moverse en los vericuetos de la Fantasía, un género que Batman ha visitado más de una vez, no siempre muy acertadamente; y el arte de Fiurama, con ese dibujo casi raspado sobre el papel, le da la ambientación requerida para sentirnos dentro de una mente… la mente alucinógena del Murciélago.
La trama, como apuntamos, es simple: Blackfire nuevamente intenta apoderarse de Gotham, manipulando las ansias y anhelos de los desposeídos.
Pero también intenta volver del limbo al que su última aventura en “Batman Eternal” —y su encuentro con Spectre— lo envió y para ello pretende usar a un niño como huésped para su alma o lo que sea que vague de él. Su sombra queda mejor en este contexto propuesto por Moreci.


Y es aquí donde gana interés esta nueva aparición de Blackfire: el niño.
Joshua es su nombre y, según nos apunta Batman, de la misma edad que él tenía cuando sus padres fueron asesinados.
Las sub-lecturas que se generan aquí casi podrían ocupar un rincón en el titánico “Imajica” de Clive Barker, mezclando lo oculto con lo religioso, la perdición con la redención.
Joshua ya es un nombre cuya sola invocación nos impregna de aire místico o religioso: el nombre es la transliteración del hebreo Jehoshua, cuya traducción es “Salvación de Jehová”, y que es el nombre original que fue transcrito al griego como Jesús. Y decir Jesús es capturar toda una religiosidad vinculada directamente al sacrificio y a la redención.
El niño necesita ser sacrificado para abrir la puerta que permita el regreso de Blackfire. Pero en primer lugar, debe morar en la oscuridad por varios días.
Resulta, pues, una analogía impagable del mismo Bruce Wayne de niño, sumido en la oscuridad tras el violento asesinato de sus padres. Joshua es, por ello, espejo de Bruce.
Uno deberá morir para que nazca Blackfire. El otro murió para que naciera Batman.


Pero el nacimiento del Murciélago fue una suerte de redención, un modo de resucitar a Bruce de la muerte espiritual.
La muerte de Joshua sólo será hundirse en la negrura del Hades para que sobre su concha vacía pueda erguirse la figura del ocultista Blackfire. No hay salvación posible allí.
Por si ya la historia misma no tuviera sus méritos, el mero hecho de permitirle a Batman salvar al niño —salvar al salvador— es una reivindicación de la promesa inicial del niño Wayne: no permitir que nunca más otro niño se asome al abismo y el aliento de una bestia ctónica le abrase el rostro.
La misma viñeta final con el niño y Batman esperando el amanecer es el epílogo justo para una historia en apariencia simple, casi un puente —por no decir “relleno”— entre dos arcos, pero que esconde mucho más de lo que hay a la vista.
Es de esperar que esta dupla Moreci/Fiurama vuelva a repetirse: le hace bien a un personaje como Batman porque nos recuerda que es un vigilante al amparo de la noche, siempre esperando el amanecer para volver a ser el niño que era antes de Crime Alley.


Gran número, perfecta historia.
Quedamos con ganas de más.
Pero “Metal” y “No Justice” siguen dictando pautas y es hora de que Batman se reencuentre con los Outsiders. Todo ello a partir del próximo número.
Mientras tanto, vale la pena releer este relevante número.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
gran personaje el deacono, el ejercito de mendigos y gente en situacion de calle liderados x este personakje oscuro, totemico en el cual mas alla de su locura habita en ciertas verdades, que gran libro the cult y que pena q sea un personaje olvidado cuando a mi gusto es de los mejores enemigos q se crearon de los 80 a esta parte, claro q no es un personaje facil de abordar, pero ese bajar a los avernos de las cloacas a esa parte de la ciudad tan olvidada, donde no estan los crimenes de chicos bien ni los clasicos villanos de robos etc , en eso creo se quedo corto the cult pero era un espacio para hacer crecer, , pero bueno en fin sigamos con tom king .....mamita.....