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sábado, 26 de enero de 2019


Título: “Knightmares”, Part 3: “Smoke and Mirrors”
Guión: Tom King
Dibujos, Tintas & Arte De Tapa: Mikel Janín
Colores: Jordie Bellaire
Letras: Clayton Cowles

¿Qué habría pasado si Selina no abandonaba a Bruce en el alt... en el techo? Entre otras cosas seguro no iba a protagonizar su propio y confuso cómic (?) pero quizás algunas de las cosas que Batman sueña acá podrían haber sucedido tranquilamente.

Es así como este número nos muestra de alguna forma la boda que no pudimos ver y nos prometieron por meses, porque al final quien se arrepintió fue Dan DiDio en vez de Selina. Entre otras cosas los vemos viviendo su vida tanto de civiles como en sus ropas de acción (pero no llegamos a ver “acción sin ropa”), además de alguna que otra charla de la doña queriendo hacer cambios (mujeres, ¿no?) en el hogar, como agregar un poste en la Batcave y un Batman meloso por momentos.

Pero la rareza acá es la presencia de John Constantine como voz de la conciencia. Voz que constantemente se le aparece para advertirle al Encapotado que Catwoman morirá sin importar lo que él diga o haga. Al final la predicción del Hellblazer se vuelve realidad y Cat muere tras recibir un tiro en la cabeza por parte de un francotirador, destino parecido al de Dick Ric Grayson aunque con un final más digno que terminar manoseada por Scott Lobdell, Fabian Nicieza y Dan Jurgens (?)

Ahora es cuando llega otra gran revelación: Constantine, quien al parecer sólo es producto de la mente de Batman (pero que también aparenta tener conciencia propia), le cuenta a nuestro héroe que sus pesadillas están siendo inducidas por el Gas de Scarecrow mientras se encuentra atrapado en un máquina. Como podrán imaginar, el objetivo de todo esto es volverlo loco sin que nadie pueda ayudarlo.


LO QUE DEJÓ ESTE NUMERO

La revelación final nos confirma que las pesadillas son inducidas, pero ya llegaremos a eso. Arranquemos por lo primero, la desconcertante presencia de Constantine. Digo, aparece como una manifestación de la conciencia de Bruce aunque no creo que sea sólo eso. Le dice a Bats que no existe, que no está ahí, que se trata es su imaginación pero cuesta creer porque tratándose exclusivamente de una suerte de ilusión creada por la mente de Wayne podría haber sido alguien más familiar, como Alfred o sus padres, sin embargo el número comienza con el Hellblazer contando cosas suyas, como el bizarro momento (que también parece un sueño) donde fumó por primera vez, e incluso lo vemos hablando con otra persona. ¿Acaso será que Constantine es el único que puede ayudar a Batman y trata de hacerle creer que no es real para no avivar de alguna forma a los malos? Y todo eso sin mencionar que en otro librillo está haciendo un trabajo similar el hechicero.

Como dije en la reseña anterior, me da la sensación de que Batman está teniendo estos sueños pero son lúcidos o semi-lúcidos. A lo que voy es que en el número pasado Bats se daba manija a sí mismo como diciéndose “esto es un sueño” pero uno, como lector, tiene que seguir el hilo de la narración con mucho cuidado para saber qué sucede ya que evidentemente este no es un sueño normal.

Asimismo Batman en este sueño parece bajar la guardia un poco y decide vivir la vida que pudo haber tenido con Catwoman. El tema es que pese a estar destinada al fracaso, Batman decidió dejarse llevar por la fantasía y esto queda bastante claro ya que deliberadamente ignora las advertencias de Constantine porque de seguro ya sabe cómo van a terminar las cosas. Me parece que queda más claro aún cuando John lo encuentra con el cuerpo de Selina en brazos pues Bats jamás hubiera reaccionado tan calmo ante tal situación por más frío que sea. Sucede que King juega su efectiva carta del “romance depresivo”, haciendo que Bruce adopte una mentalidad tipo “sé que es un sueño y que va a terminar muy mal pero quiero vivirlo” y esto se acentúa todavía más por sus desesperados pedidos de afecto a lo largo del issue. De hecho John le dice que “viva el sueño”, a lo que Bruce responde con un puñetazo y un reto por lo irresponsable que suele ser, y creo que en ese punto es más que obvio que Batman ya sabe (casi) todo.

De todos modos la parte más importante llega con otro shockeante final. Constantine le revela al Detective que está prisionero en una máquina donde le suministran el Gas del Miedo para volverlo loco. Acá tenemos una situación (demasiado) parecida a lo acontecido en el run de Grant Morrison con “The Black Glove” pero sobre todo con “Batman R.I.P.” y sus epílogos “Last Rites” y “R.I.P. - The Missing Chapter” así como también a ciertos sucesos de “Final Crisis”. Con esto nos referimos, desde ya, a la presencia una organización que quiere volver orate a Batman, con un desengaño amoroso de por medio y con agentes de Apokolips torturándolo con una máquina para usar sus memorias y transferirlas a un ejército de clones comandado por Darkseid.


Gracias a esta revelación entendemos que, tras aparecer en el final del arco “The Tyrant Wing”BatThomas atrapó a Batman y ahora lo tiene bajo su control. Es más, a juzgar por los dichos de Constantine parece que estos sueños tienen mucho que ver con lo dicho por el Dr. Wayne en “The Button”, sin embargo este Thomas (asumiendo que no sean el mismo o que haya cambiado de una saga a la otra por X motivo) parece estar dispuesto a obligar a su hijo para que abandone el manto y parece querer mostrarle el lado malo de ser héroe.

Continuando con el tema de los sueños (o más bien pesadillas), John en un momento le pregunta al Murciélago “¿cómo es que Matthew Warner sigue matando a otros jóvenes y nadie lo evita?”, como si el propio Batman viera la mala influencia que generó en el joven que lo idolatra al punto de volverse loco básicamente. Aunque esto puede ser un poco discutible puesto que Matt quiere ser Bruce y no Batman. Hmm.

Por otro lado está el tema de Damian. Constantine apunta a que tardó mucho en darse cuenta que Damian era Proffesor Pyg pero en realidad apunta a que su hijo lo necesita y recurre a secuestrarlo y torturarlo para ¿llamar su atención? Thomas le dijo a Bruce en “The Button” que no descuidara a su nieto, así que ahí hay otra conexión no sólo a las entregas pasadas de este arco sino de todo el run de King

Lo de Selina es algo más claro aún: Batman no puede ser feliz y, si contrajera matrimonio, su consorte viviría en peligro constante. La felicidad y la no-compatibilidad con Batman es algo que también está explorando Scott Snyder en “The Batman Who Laughs” (y a Dan DiDio le gusta eso 😉), por ende tienen distintos puntos de vista sobre la misma temática en caso de estar interesados.

Así como en el capítulo previo, nuevamente el despliegue de ciertos meta-elementos hacen de este issue algo muy atrapante pese a no tener una trama digna de un Eisner, acompañados por un trabajo fenomenal de Mikel Janín y Jordie Bellaire como no podía ser de otra manera. El próximo (tras el break que vendrá por “The Price”, el crossover con Flash) nos promete la aparición de The Question y vaya a saber adónde nos llevará.

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