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viernes, 30 de agosto de 2019

Temper trantum

Título: “Survivor” [#1009]; “The Brave and the Old” [#1010]
Escritor: Peter J. Tomasi
Artista: Christian Duce
Colorista: Luis Guerrero [#1009]; David Baron [#1010]
Rotulador: Rob Leigh
Portada: Doug Mahkne y Baron [#1009]; Jae Lee y Jung Chung [#1010]
Portadas alternas: Bryan Hitch y Alex Sinclair

“It's time that we began 
to laugh and cry and cry and laugh about it all again”.
[So long Marianne, Leonard Cohen]

Como si de una rabieta —o temper trantum— se tratase, las labores escrituriales de Tomasi están resultando más antojadizas que el rayo que derriba el jet en que Bruce Wayne junto a otros billonarios atraviesa el Pacífico justo cuando Deadshot los ha secuestrado… WHAT?!
No, no, niños. No se alarmen.
Es loco… pero es bueno.
Sí, tras el desastre del número con Joker“Detective Comics” #1008—, Tomasi nos regala un par de números que nos llevan directo a la aventura y a la diversión.
Un par de números livianos, lleno de clichés, y que funcionan a la perfección para traernos entretención en la vertiente más clásica de los comics —si nunca se han preguntado por qué se les llama cómic, o tira cómica, estos dos números son una excelente muestra—.


Veamos, entonces, qué cuenta Tomasi ahora:
Tras una falsa portada en el “Detective Comics” #1009 —aparece Freeze congelando a Batsy, pero de eso nada en las páginas siguientes—, nos encontramos con un día típico de Bruce Wayne siendo despertado por Alfred para concurrir a alguna reunión importante. Y esto es un detalle a tener en cuenta: este arco —que aún no concluye, valga la aclaración— tiene como protagonista más bien a Wayne que a Batman.
Justamente, por razones de negocios, y junto a Lucius Fox y una sarta de millonarios, se monta en un jet rumbo a Singapur.
Mientras tanto —como rezaban las novelas de bolsillo del Far-West—, Tomasi nos lleva hasta Deadshot que cierra un contrato mediante un mensajero enviado por algún desconocido.
Y esto marca una característica de estos números: son dos escenarios a los que asistimos como espectadores.
Por un lado, Wayne el billonario; por el otro, Deadshot el trabajador asalariado. ¿Clase alta contra clase baja? ¿Ricos contra pobres?


NahTomasi no apunta tan alto. Sólo una extravagante aventura cuyo escenario principal es una isla perdida en el Pacífico… porque ¿ya les dije que hay una isla, no?
En un mundo donde los océanos están llenos de islas perdidas —el mundo de los cómics, I mean—, la aventura se traslada prontamente a ese lugar.
Recapitulemos…
Primera línea argumental: Wayne está durmiendo tras una noche ardua de patrulla —¡con una escena genial de Batman entrando a la Bati-Cueva y sometiéndose a una ducha que limpia su traje!—; es despertado por Alfred para que concurra a una aburrida reunión; decide volar de inmediato a Singapur junto a otros colegas de billetera amplia.
Segunda línea argumental: Deadshot  recibe un contrato y haciendo caso omiso de aquello de no mates al mensajero… mata al mensajero
Ya sobre el jet, se cruzan las dos líneas: Deadshot secuestra a todos los ricachones (Wayne incluido) y cae el dichoso rayo del que les hablaba al comienzo de la reseña.
Y se vuelven a separar las líneas argumentales.
Wayne es encontrado inconsciente por dos nonagenarios veteranos de guerra —de la Segunda, así que saquen cuentas—. Hiroshi y Clarence se llaman y, como ya habrán deducido, son un japonés y un estadounidense que al estilo de Enemigo Mío” se han transformado en inseparables camaradas y amigos —no me digan que nunca han visto Enemigo Mío”, por favor, que contrato a Deadshot ahora mismo… para que me pegue un tiro y librarme de este mundo insulso…—.


Mientras tanto en el rancho… Ah, no… Digo, en otro lado de la isla, Deadshot y sus secuestrados —todos han sobrevivido… cosas del guión…— viven una aventura tipo La Isla de Gilligan” —no me digan que nunca… ¿Dónde dejé el número de Lawton…?—.
Ataque de serpiente y pantera incluidos.
Pero la historia requiere que Wayne —que no Batman— vuelva a encontrarse con Deadshot y esa pantera que mencionamos es el nexo.
Tanaka se llama la bestia y es la mascota de los dos ancianos —mmm… dos hombres viviendo juntos… con una mascota… Raro… muy raro…—; y vuelve herida a sus amos.
La herida sólo puede decir una cosa: ¡Deadshot!
Wayne va en su busca, disfrazado como un barato cosplay de Batman —como esos que hace un chinito en internet—.
La pelea empieza y justo cuando Wayne va a rescatar a sus amiguitos millonarios, Deadshot lo pone en su mira y…
Y hasta ahí llega la cosa, dejándonos con un muy buen cliffhanger, como corresponde a una historia a la antigua, divertida —ojo en ese sentido con el título de la segunda parte, The Brave and the Old”, una clara referencia a las locas aventuras de The Brave and the Bold— y sin mayores pretensiones que las de hacernos pasar un buen rato. Lo que se agradece cuando parece que cada cómic que aparece debe ser oscuro, intenso y “serio”. ¡Muy bien, Tomasi!


¿Qué más podemos agregar?
El arte, sin ser extraordinario, cumple. Duce sabe acompañar un relato vertiginoso deteniéndose cuando conviene en viñetas de ángulo forzado que refuerzan la idea de aventura como leif motiv.
Aunque son dos coloristas los que firman, existe una unidad cromática que no crea diferencia entre un número y otro.
Ahora nos queda sólo la conclusión y rogar porque Tomasi nos dé más historias de este tipo que lo bodrios que se ha despachado desde que tomo Detective Comics como escritor oficial.
¿Y qué pasó con Year of the Villian?
Debido a la naturaleza misma del mega evento, su intervención es mínima, apenas un par de páginas al final de cada capítulo que sólo nos repiten que la oferta que Luthor ha hecho a Freeze tiene que ver con la gélida Nora. Su historia plena está por verse.

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