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jueves, 14 de mayo de 2020

No, no se crean lo que muestran las portadas
Völuspá

Título: "Have yourself a pagan Little Christmas" (#1018); "A bloody New Year" (#1019)
Historia: Peter J. Tomasi
Artista: Scott Godlewski
Colores: David Baron
Rotulado: Rob Leigh
Cubierta: Rafa Sandoval, Jordi Tarragona, John Kalisz y Baron.
Variante: Igor Kordey [#1018] y Lee Bermejo [#1019].

“Sal sér hon standa  sólu fegra,  gulli þakðan,  á Gimléi:  þar skulu dyggvar  dróttir byggja  ok um aldrdaga  yndis njóta. 
Þar kømr inn dimmi dreki fljúgandi, naðr fránn, neðan  frá Niðafjöllum. Berr sér í fjöðrum flýgr völl yfir Níðhöggr nái nú mun hon søkkvask. ”.
[“Vendrá entonces el reino en el juicio final, llegará poderoso, quien todo lo rige.
Llegará volando el oscuro dragón, la sierpe brillante, desde Nídafjöll; llevará en sus plumas los muertos a Nidhögg. Allí se hundirá”.]

Si Three Jokers se retrasa y retrasa, ¿qué más puede esperarse de un humilde reseñador como el que escribe estas líneas?
Casi cinco meses después de su edición, recién encuentro el momento y la serenidad para abordar este cómic “navideño” (esperando, además, que la instancia sea lo suficientemente larga para quedar al día con las otras reseñas…).
Y como ya nos hemos demorado mucho, vamos al grano: esta es la típica historia de fiestas que todas las editoriales sacan cuando corresponde. Historias que no pretenden ser un punto de inflexión en la historia del protagonista ni mucho menos revelar algún punto importantísimo en el gran schema de la obra.

Batman no descansa ni para Navidad (gran viñeta, a propósito)

Son simplemente historias para contar referidas a la fiesta del momento.
Pero como estamos en “Detective Comics”, estamos en Gotham y estamos hablando de Batman, la historia no puede ser tan “linda” como pudiera serlo una del Boy Scout kriptoniano en época de navidades…
Sí, porque Tomasi, de la mano con Godlewski, nos regala una historia cargada a la sangre, los asesinatos rituales y la venida de entidades primigenias camufladas de dioses nórdicos.
Son dos números que se leen de una sentada. Nada extraordinario. Hasta previsible:
Un tipo, más con fines económicos que por otra razón, crea un culto que honra a las antiguas deidades vikingas y que busca traer a estas a nuestro mundo porque, ya saben, la fe si no es por la convicción… a la fuerza entra.

¿Alguien lleva la cuenta de cuántos cultos secretos existen en Gotham?

Convence a un grupo de cabezas huecas y uno de ellos, un gigantón ario de nombre Soren se lanza a asesinar gente en Navidad y disponerla de acuerdo a algún rito arcano, siendo la guinda de la torta el bloðorn, más conocido en español como el Águila de sangre, tortura de la cual no se tiene certeza absoluta de cómo se practicaba o de si siquiera existió (no, nenas, la serie Vikings no sirve como prueba histórica), pero que aquí sirve para darle un ambiente tipo Lecter.
Batman se involucra en la investigación y comienza a atar cabos, pero su presencia como Bruce Wayne para encender el árbol de navidad lo aleja momentáneamente del rastro… Sin embargo, recalquemos que sólo momentáneamente (sí, RAE, le pongo acento a “sólo”…): pronto el gigantón carnicero se presenta para destajar al millonario playboy, aunque falla y es capturado.

Probando otro tipo de adornos para el árbol...

De ahí en adelante, la historia se acelera alcanzando una rápida culminación en la que se revela todo sobre la secta y sus planes que, para sorpresa incluso de ellos mismos, se cumplen y una entidad primigenia sale de la boca de uno de ellos. Entidad que pretende engullirse a todos, secta incluida.
Porque si hay algo con lo que no contaban, es que tras todo el jueguito de ritos y cultos extraños, hay una verdad oculta (detalle que ya podemos adivinar cuando la historia abre con el mismo tipo de asesinato ritual, casi tres siglos antes).
Batman pelea su buena pelea. Lanza una frasecita tipo Wonder Woman en BvS (ya he peleado contra monstruos de este tipo, o algo así) y justo justo cuando todo parece irse al mismísimo Hel escandinavo, Soren, el huésped mediante el cual entra la creatura a nuestra dimensión, despierta y el pseudodios se desvanece.

¡Ups! Esto no se lo esperaba ni Hellboy...

Así de simple.
Ya lo dije: típico número de fiestas. Ni más ni menos.
¿Su valor? Entretiene… no más que eso. Pero contiene dos detalles que hasta este momento, por lo menos en TEC, no se habían mencionado: Gordon está desaparecido (ya saben, Year of the villain) y Alfred está muerto (por obra y gracia de King). Detalles que posicionan a “Detective Comics” dentro de la esquiva continuidad de un héroe ubicuo como Batman.
Seguramente, la mayoría de ustedes ya leyó la historia en su momento… y posiblemente ya la olvidaron; pero había que dejar constancia.
O, por lo menos, nos permite acercarnos en materia de reseñas a los números más actuales (espero…).
Gracias por la paciencia.

1 Batcomentario/s:

Alexander Strauffon dijo...

Muy bien como siempre.